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El enemigo silencioso del amor joven: los celos digitales pesan más que la vigilancia en redes BRAGA Créditos: Cedida.

El enemigo silencioso del amor joven: los celos digitales pesan más que la vigilancia en redes

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Los celos gatillados por la actividad en redes sociales impactan más que la vigilancia digital en la satisfacción de pareja entre jóvenes adultos. Un estudio canadiense, que siguió a 322 personas durante dos años, advierte efectos sostenidos en relaciones exclusivas.


Resumen
Síntesis generada con OpenAI
Los celos gatillados por interacciones ambiguas en redes sociales impactan con más fuerza —y por más tiempo— la satisfacción de pareja en jóvenes adultos que la vigilancia digital normalizada, según un estudio longitudinal en Canadá. La investigación, que siguió a 322 personas de 18 a 29 años en relaciones exclusivas durante dos años, muestra que los celos digitales erosionan el bienestar relacional al cabo de un año. Expertos apuntan a la comunicación consciente y límites claros como estrategias clave.
Desarrollado por El Mostrador

La vigilancia digital y la gestión emocional en redes sociales están reconfigurando y tensionando las relaciones de pareja. Un estudio longitudinal realizado en Canadá y publicado en el Journal of Marital and Family Therapy advierte que los celos en línea no son un fenómeno pasajero: pueden erosionar, a largo plazo, la satisfacción en parejas jóvenes.

La investigación, liderada por Sarafina Métellus, de la Universidad de Montreal, junto a las psicólogas Marie-Ève Daspe, Marie-Pier Vaillancourt-Morel y Audrey Brassard, siguió durante dos años a 322 personas de entre 18 y 29 años, todas en relaciones románticas exclusivas. El objetivo fue entender cómo los celos digitales y la vigilancia electrónica impactan en la calidad del vínculo.

Los llamados “celos digitales” surgen como reacción emocional ante información ambigua o descontextualizada sobre la pareja en plataformas como Instagram, Snapchat o TikTok. Según el estudio realizado, esta incertidumbre empuja a conductas de vigilancia como revisar perfiles, listas de amigos, publicaciones y los “me gusta”. Sin embargo, el análisis longitudinal es claro en algo, mientras la vigilancia electrónica no mostró un impacto negativo significativo sostenido, los celos digitales sí se asocian directamente, y con fuerza, a una menor satisfacción en la relación al cabo de un año.

Daspe, coautora del estudio, explicó en un comunicado que “nuestra hipótesis es que la desconfianza y la inseguridad se infiltran en la relación según lo que vemos, o creemos ver, en las redes sociales. Esto influye en cómo las personas evalúan su relación y su grado de satisfacción con ella”.

La investigación también matiza creencias previas. Aunque la vigilancia digital está normalizada entre parejas jóvenes, su carácter encubierto y el anonimato que dan las plataformas parecen amortiguar su efecto negativo a largo plazo. Los celos, en cambio, operan distinto: su inmediatez y carga emocional visible tienen un impacto más rápido y duradero en el bienestar relacional.

Los jóvenes adultos son el grupo más expuesto y vulnerable a este ciclo. No solo por su alta actividad en redes, sino porque atraviesan fases iniciales de relaciones significativas, donde aún están construyendo habilidades clave de convivencia y resolución de conflictos. “Aún están desarrollando sus habilidades relacionales. Este es un momento importante para aprender a gestionar los conflictos y las dificultades en las relaciones de forma saludable, y las redes sociales añaden desafíos adicionales”, señaló Daspe.

Tras un año de investigación, un hallazgo llamativo fue la ausencia de correlación significativa entre la ansiedad por apego (el temor a perder a la pareja) y los celos digitales, lo que sugiere que estos últimos están más influenciados por el entorno digital y la ambigüedad de la información que por rasgos individuales de personalidad.

Lejos de demonizar las redes, el estudio apunta a la comunicación como antídoto. La recomendación no es desconectarse, sino generar conciencia sobre los gatillantes emocionales y transparentar las inseguridades. “Si sabes que la exposición a contenido sobre tu pareja te produce celos, es importante que estés atento a tu comportamiento en línea”, aconsejó Daspe. Y añadió: “Dar un paso atrás, reconocer y nombrar las propias inseguridades y consultar directamente con la otra persona para obtener la tranquilidad deseada son formas efectivas de evitar caer en este ciclo”.

Además, la investigación destaca que un uso positivo de las plataformas como compartir contenidos, interactuar de forma afectuosa y constructiva puede fortalecer los lazos, aunque aún faltan estudios diádicos que midan estos beneficios a largo plazo.

En el plano clínico, los autores recomiendan que terapeutas que trabajan con parejas jóvenes incorporen preguntas sobre uso digital, tensiones en redes y acuerdos de comportamiento en línea. Establecer límites claros, promover la confianza y crear reglas compartidas figuran como estrategias eficaces para mitigar el impacto de los celos.

Entre las limitaciones del estudio, los investigadores reconocen que los datos son autoinformados, que solo se analizó a adultos jóvenes en relaciones monógamas y que no se recogió la perspectiva de ambas partes de la pareja. Por ello, proponen futuros diseños diádicos y experimentales para comprender mejor estas dinámicas.

La conclusión es contundente: el modo en que las nuevas generaciones enfrentan los celos en línea y la comunicación digital puede marcar el rumbo de la calidad de sus relaciones íntimas en los próximos años. Y para la salud mental, el desafío ya está instalado: urge desarrollar herramientas terapéuticas acordes a una era donde el amor también se mide en “me gusta”.

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