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Crédito: El Mostrador.
Un premiado estudio analiza cómo el consumo de alcohol y drogas influye en la violencia machista
Un estudio académico galardonado por el Ministerio de Igualdad advierte que el consumo problemático de sustancias incrementa el riesgo de reincidencia y abandono de los programas de intervención en casos de violencia de género.
El consumo de alcohol y otras drogas no explica por sí solo la violencia machista, pero sí constituye un factor de riesgo relevante que agrava su persistencia. Así lo concluye una tesis doctoral premiada por el Ministerio de Igualdad, que analiza cómo estas adicciones influyen en la reincidencia de los agresores y en la eficacia de los programas destinados a frenar la violencia contra las mujeres.
La investigación fue desarrollada por Cristina Expósito Álvarez, profesora ayudante doctora del Departamento de Psicología Social de la Universidad de Valencia y aborda el vínculo entre la dependencia a sustancias y la violencia de género desde una perspectiva multifactorial.
“La violencia de género es un problema multifactorial en el que diferentes factores de riesgo interactúan entre sí a distintos niveles y facilitan la violencia. Uno de ellos es el consumo de alcohol y drogas”, explica en una entrevista con EFE.
La autora subraya que el consumo no puede entenderse como una causa única ni determinante, ya que “no todos los hombres que consumen son violentos”. Sin embargo, destaca que se trata de un factor de riesgo que debe ser analizado para comprender mejor las dinámicas de la violencia machista.
La tesis, titulada ‘Análisis de factores de riesgo y necesidades de intervención en hombres con problemas de consumo de alcohol y otras drogas condenados por violencia de género: propuestas de intervención’, fue distinguida con el segundo premio a tesis doctorales sobre violencia contra la mujer por la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género.
Desde el organismo dependiente del Ministerio de Igualdad se valoró su “excelente aproximación a una temática compleja” desde un enfoque feminista y con respeto hacia las víctimas.

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El programa Contexto y la reincidencia
Expósito forma parte del programa Contexto, una iniciativa de la Universidad de Valencia dirigida a hombres condenados por delitos de violencia de género a penas inferiores a dos años de prisión. La condena se suspende a cambio de la participación voluntaria en este programa, que se desarrolla en coordinación con Instituciones Penitenciarias.
“El objetivo es promover relaciones igualitarias, libres de violencia, y reducir la reincidencia porque sabemos que los agresores tienden o bien a mantener la relación con la víctima a lo largo del tiempo o tienen otras parejas sobre las que potencialmente pueden seguir ejerciendo violencia”, señala.
“La violencia de género hay que prevenirla desde todas las aristas y una de ellas ha de pasar sí o sí por el trabajo sobre el agresor, que es quien está ejerciendo esa violencia y puede parar de ejercerla”, continúa.
Consumo problemático y abandono de la intervención
En el programa Contexto han participado más de 1.700 hombres condenados por violencia de género. Según los datos analizados en la tesis, el 50 % presenta un consumo problemático de alcohol o drogas, un elemento que incrementa tanto la probabilidad de abandonar la intervención como el riesgo de reincidencia.
Los agresores suelen atribuir su conducta violenta al consumo de sustancias, aunque la investigadora advierte que las dinámicas son más complejas. El uso de alcohol o drogas se asocia a la regulación deficiente de emociones, al ejercicio de poder y dominio y a efectos psicofarmacológicos que afectan el procesamiento cognitivo y conductual.
Además, el consumo se vincula a historias de trauma en la infancia y adolescencia, apego inseguro y a estrategias de automedicación frente a la depresión, el estrés o la soledad. “Esta falta de regulación emocional puede hacer que consuman sustancias para tratar de controlar sus emociones y todo eso interacciona entre sí y aumenta la probabilidad de que el individuo ejerza violencia”, indica.
Metas de cambio y mejora de los programas
El estudio analizó a 1.039 agresores y detectó que el consumo de sustancias se relaciona con mayor impulsividad, ira, menor empatía, limitaciones cognitivas y escaso apoyo social.
También se observó que quienes establecen metas concretas de cambio muestran mayor compromiso con la intervención y reducen las tasas de abandono.
“Los programas de intervención con agresores además de disminuir la reincidencia mejoran muchas variables: la regulación emocional, la empatía, la flexibilidad cognitiva, las habilidades sociales y la conciencia sobre la violencia que ejercen”, concluye la experta.