Dolor pélvico intenso, menstruaciones incapacitantes y dificultades para lograr un embarazo son algunas de las señales de la endometriosis, una enfermedad crónica que afecta a millones de mujeres en edad reproductiva. A pesar de su impacto en la salud física y emocional, el diagnóstico suele tardar años, lo que retrasa el tratamiento y agrava sus consecuencias.
Cada 14 de marzo se conmemora el Día Mundial de la Endometriosis, una fecha destinada a visibilizar una patología que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), afecta a cerca de 190 millones de mujeres en edad reproductiva en el mundo.
La endometriosis ocurre cuando tejido similar al endometrio —la capa que recubre el interior del útero— crece fuera de este órgano. Puede implantarse en zonas como la pelvis, los ovarios o la vejiga, aunque en algunos casos también se detecta en otras áreas del cuerpo, como el abdomen o el pecho. Esta condición provoca inflamación y la formación de tejido cicatricial.
Entre los síntomas más frecuentes se encuentran ciclos menstruales dolorosos, sangrado abundante, dolor pélvico crónico, hinchazón abdominal, náuseas e infertilidad. Sin embargo, no todas las mujeres presentan síntomas evidentes, lo que puede dificultar la detección temprana.
Diagnósticos que tardan años
Uno de los principales desafíos asociados a esta enfermedad es el tiempo que puede tardar su diagnóstico.
El doctor Eliseo Sánchez, especialista en medicina reproductiva de la Clínica IVI, afirma que “el diagnóstico de la endometriosis puede tardar entre 4 y 12 años debido a la normalización de sus síntomas. Antiguamente se entendía la menstruación dolorosa como algo normal en la vida de las mujeres. Actualmente, esto sigue siendo un problema porque al no haber un diagnóstico precoz y posterior tratamiento, no es posible ralentizar o detener la progresión de la enfermedad con profundas consecuencias si más tarde hay intención de embarazo”.
En Chile, el proceso de diagnóstico puede tardar hasta siete años. La académica Paula Muñoz, de la carrera de Obstetricia de la Universidad Andrés Bello, advierte que parte del problema radica en la forma en que se ha naturalizado el dolor asociado al ciclo menstrual.
“Hemos normalizado el dolor menstrual toda la vida. Crecemos escuchando que menstruar duele, que parir duele, que lactar duele… y terminamos instalando una cultura del dolor que retrasa la consulta oportuna”, dice.
Síntomas que muchas veces se ignoran
Aunque la enfermedad puede comenzar desde edades tempranas, muchas mujeres pasan años sin recibir atención médica. Los primeros signos suelen confundirse con molestias habituales del ciclo menstrual.
“Las pacientes suelen ser mujeres jóvenes, entre 25 y 35 años, que presentan un dolor premenstrual o dismenorrea tan intensa que les impide hacer su vida normal”, explica Muñoz.
El dolor pélvico severo y la dispareunia —dolor durante las relaciones sexuales— también son señales frecuentes. “Cuando los días previos a la menstruación tu rutina cambia por completo debido al dolor, no es normal y se debe consultar”, enfatiza la académica.
El impacto de la enfermedad no se limita al dolor físico. Puede afectar la vida laboral, académica y social de las pacientes, además de su bienestar emocional.
“Estas mujeres pasan años con dolor que muchas veces les impide trabajar, estudiar o tener una vida social normal. Eso, a la larga, repercute en su bienestar emocional”, señala Muñoz.

Crédito: El Mostrador.
El vínculo con la infertilidad
La endometriosis también está asociada a problemas de fertilidad. Se estima que entre el 25% y el 50% de las mujeres que enfrentan infertilidad presentan esta enfermedad.
“El manejo no puede centrarse solo en el dolor. Estas pacientes necesitan acompañamiento médico, psicológico y, en muchos casos, apoyo especializado en fertilidad”, añade la académica de la Universidad Andrés Bello.
Según especialistas, las investigaciones más recientes también sugieren que la enfermedad podría estar vinculada a alteraciones del sistema inmunológico. Pacientes con endometriosis presentan con mayor frecuencia otras afecciones inmunomediadas, como lupus, esclerosis múltiple o enfermedades inflamatorias intestinales.
Tratamientos disponibles
Aunque actualmente no existe una cura definitiva para la endometriosis, sí existen tratamientos destinados a controlar los síntomas y mejorar la calidad de vida de las pacientes.
Entre las primeras opciones terapéuticas se encuentran los medicamentos analgésicos o antiinflamatorios para aliviar el dolor, así como terapias hormonales que ayudan a controlar los síntomas al modificar el ciclo menstrual.
En casos más complejos, puede ser necesaria una intervención quirúrgica.
“Cuando se opta por la cirugía hay que considerar, no sólo su complejidad sino también posibles efectos secundarios, como es la pérdida de parte de la reserva ovárica. Es por esto que, les recomendamos a las pacientes, realizar previamente una extracción de ovocitos y posterior preservación de fertilidad antes de una cirugía ovárica, para no cerrar la puerta a la maternidad en un futuro”, finaliza el doctor Sánchez.
En Chile, desde 2023 existen orientaciones técnicas para la atención integral de esta patología, lo que busca mejorar el diagnóstico y tratamiento. Sin embargo, especialistas coinciden en que la clave sigue siendo la educación y la consulta temprana.
“No normalizar el dolor es fundamental. Tener reglas dolorosas no es normal. Informarse y consultar a tiempo puede cambiar la historia de una mujer”, destaca Muñoz.