BRAGA
Créditos: Cedida.
Caso Narumi Kurosaki: Zepeda recibe cadena perpetua en Francia insistiendo en su inocencia
El tribunal en Lyon condenó a cadena perpetua a Nicolás Zepeda por el asesinato de Narumi Kurosaki, cerrando un proceso marcado por peritajes clave, testimonios y nuevas pruebas que reforzaron la tesis de un crimen premeditado.
El nombre de Narumi Kurosaki vuelve a instalarse en la opinión publica chilena, no solo como un caso judicial que se extendió por casi una década, sino como un recordatorio de las múltiples formas en que la violencia de género puede manifestarse, incluso lejos del país de origen y en contextos aparentemente seguros.
“Yo no la maté. No fui yo. A veces no encuentro las palabras y me cuesta expresarme. Quiero ser sinceros con ustedes. Yo no la maté”, aseguro el acusado durante el juicio.
Sin embargo, este jueves, el Tribunal de lo Criminal del Ródano, en Lyon, condenó a cadena perpetua a Nicolás Zepeda por el asesinato de su expareja, cerrando así el tercer y último juicio de un proceso marcado por contradicciones, nuevas pruebas y una persistente búsqueda de justicia.
El presidente del tribunal, Eric Chalbos, fue categórico: la culpabilidad del acusado quedó establecida “más allá de toda duda razonable”. La sentencia no solo confirmó la premeditación del crimen, sino también la desaparición del cuerpo de la joven, un elemento que ha profundizado el dolor de la familia y la dimensión simbólica del caso.
Una historia que conmocionó a tres países
Narumi Kurosaki tenía 21 años cuando desapareció en diciembre de 2016 en Besanzón, donde cursaba estudios universitarios. Había llegado desde Japón para continuar su formación académica, en una experiencia que, como para miles de jóvenes, representaba autonomía, crecimiento y libertad.
Pero esa libertad se vio atravesada por una relación previa que, según la Fiscalía, no terminó de manera sana. Zepeda, con quien había mantenido un vínculo en Japón, viajó a Francia sin informarle, siguiendo sus pasos y vigilando sus movimientos. El control se convirtió en una pieza clave para comprender el caso desde una perspectiva de género. La última vez que se les vio juntos fue el 4 de diciembre de 2016, tras una cena. Un día después, Narumi desapareció.
El testimonio de una estudiante británica que vivía en la misma residencia —quien declaró haber escuchado gritos y un fuerte golpe— fue uno de los indicios tempranos de que algo grave había ocurrido.
Durante el juicio, peritajes psicológicos reforzaron la figura de un hombre controlador, con rasgos de dominación y violencia. La perito Clara Cavignaux lo describió como alguien que buscaba imponerse sobre los demás, un perfil que dialoga con patrones ampliamente documentados en casos de violencia de pareja, donde las relaciones desde el control, los celos, la vigilancia y la imposibilidad de aceptar el término del vínculo pueden escalar hacia la violencia extrema.
Durante el juicio, uno de los testimonios mas conmovedores fue el de Taeko Kurosaki, madre de Narumi, quien aseguró: “Imaginen solo un segundo nuestro sufrimiento que un miembro de nuestra familia desapareció, fue destruida en un país lejano en circunstancias que ignoramos y no sabemos dónde está su cuerpo. No podemos traer ni un solo pelo…”.
“Estamos frente a este hombre que sabe todo y continúa inventando mentiras. Zepeda ha dicho muchas mentiras y nos dijimos ‘un humano no cambiará jamás’”, agregó durante su declaración.
Un proceso largo, una justicia tardía
El camino judicial no fue lineal. Zepeda ya había sido condenado en dos ocasiones anteriores (a 28 años de prisión), pero ambas sentencias fueron anuladas por el máximo tribunal francés, que ordenó repetir los juicios tras la incorporación de nuevas pruebas.
En este tercer proceso, incluso la Fiscalía había solicitado una pena menor —30 años—, lo que hace aún más significativo el fallo final de cadena perpetua.
Tras la lectura de la sentencia, el acusado se mostró visiblemente afectado al escuchar el veredicto. También dio cuenta del impacto que la decisión tuvo en los presentes, en un cierre judicial que no borra, pero sí reconoce la gravedad de lo ocurrido.
La defensa ya anunció que recurrirá al Tribunal de Casación, lo que podría abrir un nuevo capítulo en el plano legal. Sin embargo, la condena actual marca un hito en el caso.