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Ciencia sin género: la deuda pendiente de la Política Nacional de CTCI en Chile Yo opino Créditos: El Mostrador.

Ciencia sin género: la deuda pendiente de la Política Nacional de CTCI en Chile

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La Política Nacional de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación (CTCI), presentada en 2020, buscó sentar las bases de un desarrollo integral y sostenible para Chile. Su estructura se organiza en cuatro ejes: vinculación con la sociedad, anticipación al futuro, fortalecimiento del ecosistema y capacidades institucionales (Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, 2020a, 2020b). El propósito fue “trazar un camino propio para mejorar la calidad de vida de las personas y desarrollar los territorios”. Sin embargo, más allá de menciones generales a la diversidad y a una incipiente “Agenda de Género en CTCI”, la política requiere incorporar una visión transversal de género y cuidados, hoy indispensable para cualquier estrategia de desarrollo sostenible.

Esta omisión no es menor: sin integrar género y cuidados, la política corre el riesgo de reproducir las desigualdades que busca superar. En Chile, la crisis de los cuidados condiciona las trayectorias laborales, educativas y científicas de las mujeres. La sobrecarga de trabajo no remunerado limita su participación en el empleo formal, especialmente en crisis como la pandemia, cuando la tasa laboral femenina cayó del 53% (2019) al 41% (2020). Según la II Encuesta Nacional de Uso del Tiempo, las mujeres dedican casi cinco horas diarias al trabajo no remunerado (TNR), frente a menos de tres en los hombres, lo que genera una brecha de más de dos horas. A ello se suma una informalidad laboral del 27,5% en 2024, que afecta principalmente a mujeres jóvenes y mayores con personas dependientes a cargo.

Paradójicamente, el Plan de Acción CTCI prioriza la formación de recursos humanos calificados y la generación de conocimiento, pero sin reconocer las barreras estructurales que impiden la participación equitativa de las mujeres en la investigación. Se promueve la movilidad internacional y la excelencia, pero sin políticas que aseguren corresponsabilidad social de los cuidados, condición básica para sostener trayectorias científicas de largo plazo.

Aunque la política declara principios de excelencia, apertura, diversidad y ética, la diversidad se aborda de forma abstracta, sin indicadores ni lineamientos vinculantes. Mientras tanto, otras políticas estatales avanzan con pasos concretos: el Sistema Nacional de Cuidados 2025–2030 y la Ley N.º 21.645 (2024) sobre conciliación laboral, familiar y personal. Esta disonancia refleja un sesgo estructural: la CTCI continúa concebida como motor productivo, desconectado de las condiciones materiales que sustentan el trabajo científico.

Los datos recientes confirman la persistencia de la desigualdad. En 2025, las mujeres representan solo el 22,1% de las directoras y el 25,6% de las gerentas en grandes empresas, pese a constituir el 40% de la fuerza laboral. En la academia, son el 45,7% del personal, pero apenas el 23% alcanza el rango de profesora titular. En carreras STEM, la matrícula femenina llega solo al 20,8% (2024).

Aunque el Plan incorpora el eje de innovación social, lo reduce a emprendimiento adopción tecnológica, omitiendo el potencial transformador de la investigación sobre cuidados. Se desaprovecha así la oportunidad de vincular la innovación con el fortalecimiento del ecosistema nacional de cuidados.

Urge, por tanto, una CTCI con perspectiva de género y cuidados, que trascienda los indicadores de participación y promueva cambios estructurales: financiamiento a investigación aplicada en cuidados, promoción de carreras científicas libres de sesgos y corresponsabilidad institucional en todos los niveles. Solo así será posible reconocer el impacto del trabajo no remunerado en el desarrollo científico- tecnológico y articular la innovación con las políticas sociales y de cuidado.

En síntesis, la CTCI no es neutral: refleja las prioridades de quienes la diseñan. Si Chile aspira a un desarrollo justo y resiliente, debe asumir que sin género y sin cuidados, no hay innovación posible.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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