Yo opino
Créditos: Cedida.
La pobre tribuna para el fútbol femenino y el machista sesgo de reconocimiento
El sábado 6 de diciembre de 2025 la rama femenina adulta de Colo- Colo se coronó, por cuarta vez consecutiva, campeona del torneo de fútbol de Chile. Y lo hizo de manera espléndida: Ganaron todos sus compromisos, golearon en casi la totalidad, en numerosas ocasiones terminaron con la portería en cero y – simultáneamente – avanzaron a instancias finales de la Copa Libertadores. Fueron el estandarte del centenario de Colo – Colo.
Legítimamente, pensé que al día siguiente hallaría esta noticia en la portada o en alguna sección destacada de los medios de prensa que suelen dar cobertura al deporte y al balompié. Grande fue mi sorpresa cuando, luego de consultar en numerosos portales y periódicos, sólo en algunos encontré una nota pequeñísima en la sección de Deportes, mientras que en primera plana se le daba una importante cobertura a equipos masculinos que no alcanzaban logros ni cercanamente equivalentes.
Más de alguna “Carta al Director” despaché a esos medios quejándome del inentendible déficit en el despliegue editorial. Desde luego, ninguna fue finalmente publicada.
El denominado sesgo (machista) de reconocimiento – esto es atribuir menos mérito por su rendimiento a mujeres – es manifiesto en este caso.
Hoy, a días de que se inicie el torneo femenino de fútbol profesional, me parece que el recuerdo de este episodio recobra vigencia, especialmente en la cercanía del 8M.
Es cierto que la prensa goza de protección constitucional a sus líneas editoriales, pero no es menos verdadero que un medio tiene la misión ética de informar con equidad acerca de acontecimientos significativos, especialmente cuando transmiten valores y virtudes. Por esto último, es que en las democracias liberales se protege la libertad de prensa; porque en ella se asila la posibilidad de acceder a todas las verdades y no a una sola versión de los hechos disfrazada de verdad.
No es verdad que los hombres somos natural e irremediablemente mejores o más aptos para un deporte originalmente creado por hombres para hombres. Tampoco lo es que el fútbol masculino siempre amerite mayor cobertura que el femenino. Lo que acontece (y no nos agrada reconocer) es que los hombres corremos con ventaja desde el siglo XIX, época en que se creó este deporte y a partir de la cual los secretos e iniciación, además de la consiguiente difusión de esta actividad, se reservó sólo a varones mientras que a las mujeres incluso se les prohibió practicarlo.
Resulta insostenible y ridículo (hasta contraintuitivo, pues fomenta la mediocridad) mantener un relato en que la promoción de ejemplos en diferentes actividades o campos es monopolizada por hombres, incluso cuando su rendimiento es paupérrimo.
Finalmente, es cierto que hoy en Chile el fútbol femenino no moviliza tanta audiencia como el masculino, si es que eso fuera un factor que los medios consideran para no divulgarlo y reconocerlo como merece. Pero no es necesario ser un experto en marketing para saber que, antes de ser vendido y convertirse en un éxito, todo producto requiere ser adecuadamente exhibido, correctamente publicitado e inteligentemente ofertado.
Es de esperar, entonces, que el torneo 2026 no solamente nos regale goles sino también una victoria contra el machista sesgo de reconocimiento en el fútbol femenino.
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