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El castigo de la gratuidad universitaria a las mujeres de 30: Techo de Cristal del Gobierno de Kast Yo opino Créditos: Agencia Uno.

El castigo de la gratuidad universitaria a las mujeres de 30: Techo de Cristal del Gobierno de Kast

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Natalia Flores González
Por : Natalia Flores González Coordinadora de Feminismo del Instituto Igualdad.
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La propuesta de reformar el sistema de gratuidad universitaria anunciada por el Presidente Kast , que pretende establecer una edad de corte a los 30 años no es solo una medida de “eficiencia fiscal”; es, en la práctica, un mecanismo de exclusión estructural.
Al trazar una línea arbitraria en edad, el modelo ignora que, en Chile, el acceso a la educación superior profesional no es una carrera lineal, sino una de obstáculos que las mujeres corren con una mochila de cuidados a la espalda.
Abordemos por una parte el llamado perfil de la estudiante profesional “tardía”. Contrario al mito del estudiante que entra a los 18 y sale a los 23, una parte sustancial de la matrícula profesional en Chile se compone de personas de adulta. Según informes del SIES, cerca del 13,5% de la matrícula total de pregrado supera los 30 años.
Si nos anotamos  al sesgo de género: En las carreras profesionales de áreas como Salud y Educación —donde las mujeres representan más del 70% de la matrícula— muchas de las estudiantes ingresan después de los 30 buscando una “segunda oportunidad” tras años de crianza o trabajo informal.
Imponer el corte de edad propuesto por el Gobierno del Presidente Kast, es, de facto, prohibir el ascenso social para miles de jefas de hogar.
Hablemos de la Deuda profesional y brecha salarial. Al reemplazar la gratuidad por créditos para quienes superen los 30 años, la propuesta ignora la realidad del mercado laboral. El INE indica que la brecha salarial en Chile se sitúa en un 20,4%. Sin embargo, en el nivel de profesionales universitarios, la brecha de ingresos puede llegar a ser hasta un 43,7% menor para las mujeres en comparación con sus pares hombres, por lo tanto, una mujer de 35 años que egresa con deuda enfrentará un escenario donde su menor salario hará que la devolución del crédito sea una carga mucho más pesada y duradera, mermando su autonomía económica en una etapa vital clave.
Por otra parte, la propuesta ignora completamente el sesgo de la trayectoria lineal y los cuidados y tareas domésticas, asume un “estudiante ideal” sin cargas, ignorando los datos de la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT), que demuestra que las mujeres en Chile destinan 5,8 horas diarias al trabajo no remunerado, frente a las 2,7 horas de los hombres. Esta carga horaria provoca que miles de mujeres deban postergar su formación. El límite de los 30 años actúa como un “impuesto al cuidado”: premia al hombre que tuvo una trayectoria ininterrumpida y castiga a la mujer que utilizó sus 20s para sostener la vida doméstica de su familia.
Por último, es el mportsnte visibilizar la Eficiencia académica vs. Barrera económica. Paradójicamente, las mujeres muestran mejores indicadores de desempeño en la educación profesional que sus compañeros hombres, lo que demuestra que la edad no es un factor de “pérdida de inversión” para el Estado. La tasa de aprobación anual en pregrado es del 85,8% en mujeres frente al 78,8% en hombres (SIES). Además, las mujeres exceden la duración nominal de sus carreras profesionales en menor medida que los hombres (27,3% vs 36,6%).
Finalmente, esta propuesta no solo es un golpe a la autonomía económica de las mujeres, sino que representa el desmoronamiento de una promesa presidencial explícita. Durante su campaña, José Antonio Kast aseguró reiteradamente que “no tocaría la gratuidad”, buscando calmar las incertidumbres de miles de familias chilenas. Sin embargo, en menos de una semana rompe la palabra empeñada
No se puede afirmar que se protege un derecho cuando se le imponen fechas de vencimiento que afectan precisamente a quienes tienen trayectorias de vida más complejas. Al final del día, la promesa de no tocar la gratuidad terminó siendo una consigna de vitrina, mientras que la “letra chica” de su reconstrucción revela un sistema que, bajo el pretexto de la eficiencia, termina por darle la espalda a las mujeres que más necesitan del Estado para romper el círculo de la precariedad.
  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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