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El gran problema de perder el pensamiento abstracto

por 7 marzo, 2020

El gran problema de perder el pensamiento abstracto
Disminuir la capacidad de abstracción en una población es invertir en su destrucción analítica, crítica, reflexiva, transformadora, inventora, o radicalizadora de lenguajes no funcionales (poéticos) que podrían enriquecer partes del espíritu particular de un individuo y, por extensión no separativa, el espíritu de grupos, pueblos, sociedades y épocas.
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Hace, aproximadamente, un mes vi y escuché el documental titulado “American Factory”. El quiebre de la fábrica General Motors en Ohio, Estados Unidos, en la antesala de la crisis económica del 2007, genera que la empresa china Fuyao decida reabrir la planta cerrada. Esto se concreta en el año 2013. La contratación de personal de todo tipo se divide entre trabajadores traídos de China y locales norteamericanos. Menciono esta referencia solo para hacer hincapié en uno de los momentos del documental. Con cierta periodicidad se realizaban reuniones en la empresa de forma separada, es decir, jefes chinos, con empleados chinos y, por otro lado, jefes norteamericanos con empleados chinos. En una de las primeras reuniones de personal chino que había llegado muy recientemente a Estados Unidos, quienes dirigían la reunión mencionaban algunas de las características y cualidades de la persona media del país donde se encontraban; una de las cualidades que mencionan es que él o la norteamericana no tenían pensamiento abstracto, o al menos era algo que no era relevante en sus vidas.

Esta última parte la considero interesante, pues gran parte del mal modelo chileno copiado de Estados Unidos se deja sentir desde los 70, con más fuerza desde los 80, aumento exponencial en los 90 y una especie de terrible “consagración” en nuestros tiempos. Si uno revisa las políticas del Estado verá que cada vez más se privilegia la educación que denominan técnico-científica (de científica tiene muy poco, al menos en lo que concierne al hecho riesgoso de lo creativo en la experimentación y/o preguntas abiertas). Los planes de estudio intentan, cada vez más, disminuir la formación artística, filosófica, y, últimamente, la histórica.

Las mejoras en la eliminación de las desigualdades en la educación no solo pasan por adquirir las que existen en algunos establecimientos preparados para el funcionamiento más cualitativo del mundo de las economías de mercado, sino el potenciamiento de las capacidades de abstracción creativa, no importando si estas sean de utilidad inmediata a necesidades económicas (incluso pudiendo no ser de utilidad nunca), pues estas capacidades son parte importantísima de los desarrollos inefables y exquisitos en la apertura hacia el descubrimiento de nuevas potencias en el desarrollo cualitativo de nuestra mente y cerebro y sus -por que no mencionarlo- próximas positivas evoluciones.

Las teorías (al menos evolutivas) nos presentan el eslabón del paso del animal no humano al animal humano como un principio de logro de abstracción del o los objetos que le rodeaban. Sin este ejercicio de abstracción nunca hubiera podido tomar distancia del objeto que tenía en frente y que solo se disponía para lo mismo una y otra vez, ya sea una herramienta básica como una rama para alcanzar cierta comida inaccesible por el brazo y la mano (sabemos que otros animales e insectos lo continúan haciendo). Pero, en el momento de abstraer el objeto, este último comienza a tener posibilidades de existencia fuera de de su función, fuera de su realidad inmediata, es decir, comienza a abrirse a una multiplicidad de dimensiones desconocidas para volver a usarlo o para transformarlo en una inutilidad reflexiva consistente.

Disminuir la capacidad de abstracción en una población es invertir en su destrucción analítica, crítica, reflexiva, transformadora, inventora, o radicalizadora de lenguajes no funcionales (poéticos) que podrían enriquecer partes del espíritu particular de un individuo y, por extensión no separativa, el espíritu de grupos, pueblos, sociedades y épocas.

Lamentablemente en nuestro país, hoy en día, no se le toma el peso a la formación fuerte y “seria” en las materias antes mencionadas. Por el contrario, comienzan a extinguirse poco a poco. La verdad, temo las consecuencias a mediano plazo, las cuales ya comienzan a verse como parte de esa catástrofe en la población general. Las mejoras en la eliminación de las desigualdades en la educación no solo pasan por adquirir las que existen en algunos establecimientos preparados para el funcionamiento más cualitativo del mundo de las economías de mercado, sino el potenciamiento de las capacidades de abstracción creativa, no importando si estas sean de utilidad inmediata a necesidades económicas (incluso pudiendo no ser de utilidad nunca), pues estas capacidades son parte importantísima de los desarrollos inefables y exquisitos en la apertura hacia el descubrimiento de nuevas potencias en el desarrollo cualitativo de nuestra mente y cerebro y sus -por que no mencionarlo- próximas positivas evoluciones.

Samuel Toro. Licenciado en Arte. Candidato a Doctor en Estudios Interdisciplinarios sobre Pensamiento, Cultura y Sociedad, UV.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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