CULTURA
Vibra Clásica
PortilloFest: desde la cordillera a la sala sinfónica
Este martes 27 de enero, Vibra Clásica presenta en la Gran Sala Sinfónica Nacional de la Universidad de Chile el concierto de cierre de PortilloFest 2026, dirigido por Alejandra Urrutia y la participación especial del destacado baterista australiano David Jones.
En PortilloFest, la música no se trabaja como un fin aislado, sino como parte de un proceso más amplio que involucra cuerpo, mente y comunidad. Entre ensayos intensos, conversaciones y conciertos, el festival se ha consolidado como un espacio donde la formación artística convive con el cuidado emocional y el liderazgo.
Así lo viven los jóvenes músicos que participan este año, como las integrantes del Ensamble Chie, quinteto de vientos conformado por músicas colombianas. Para ellas, la experiencia ha sido tan transformadora en lo musical como en lo personal. “No solo cambia la forma de tocar, sino cómo te sientes al tocar: si te sientes segura, tranquila, confiada”, relatan.
El festival, impulsado por Vibra Clásica, reúne cada año a jóvenes músicos de Chile y del extranjero en un proceso intensivo de formación artística. Durante varios días, los participantes no solo ensayan y estudian repertorio, sino que conviven, se escuchan y aprenden a entender que la música va más allá de la técnica.
Kelly Romero, flautista traversa; Angélica Salamanca, oboísta; y Luz Mejorano, la fagotista del ensamble, participan en esta edición del festival, algunas por primera vez y otras regresando a una experiencia que marcó sus trayectorias. “Es una experiencia enriquecedora”, expresan. “No solo se centra en tocar, sino en cómo te sientes al tocar: si te sientes segura, tranquila”, añaden.
Para Angélica Salamanca esta es su segunda participación en PortilloFest, decisión que no fue casual. “La primera vez me cambió la vida y por eso volví. Sabía que las chicas del quinteto no se podían perder esta experiencia”. Según relata, antes del festival enfrentaba una fuerte inseguridad escénica. “Me di cuenta de que realmente era falta de seguridad, que yo sí podía, que sí era capaz, que solo me hacía falta confiar en mí”, cuenta.
Ese enfoque integral es uno de los aspectos más valorados por las integrantes del Ensamble Chie. Además de las clases musicales, el festival incorpora instancias de trabajo corporal, yoga y coaching, abordando dimensiones que suelen quedar relegadas en la formación académica tradicional. “Es una parte que uno nunca trabaja. Muy pocas universidades incluyen la preparación mental y escénica, y aquí es algo fundamental”, comentan.
Las músicas coinciden en que los conservatorios y escuelas suelen privilegiar la técnica, la disciplina extrema y las largas horas de estudio, descuidando lo humano. “Por eso hay tanta gente que sufre de ansiedad, depresión o colapsa en escena. Se enfocan en formar virtuosos, pero dejan de lado lo personal, que también es esencial”, dice Kelly Romero.
El concierto de cierre
Esa mirada integral no es casual. Responde a una visión impulsada por la directora del festival y del concierto de cierre, Alejandra Urrutia, quien concibe PortilloFest como un espacio donde el músico es entendido como una persona completa, no solo como intérprete.
Este martes 27 concluye el festival en la Gran Sala Sinfónica Nacional de la Universidad de Chile. Durante esta instancia se interpretará el Concierto para Batería y Orquesta del australiano Joe Chindamo y Los Cuatro Temperamentos de Carl Nielsen.
“Nos toca un lindo desafío musical”, comenta Urrutia. Sobre la obra contemporánea, dice que “una de las principales dificultades es la concentración, porque la música se mueve muy rápido y rítmicamente es mucho más compleja”. En contraste, la sinfonía de Nielsen plantea otro tipo de exigencia.
“Es una obra que se toca muy poco y ningún músico de la orquesta la había tocado antes. En pocos ensayos hay que absorberla lo más posible, para sentirse cómodos”, explica.

Créditos: Vibra Clásica
Pero más allá del desafío técnico, Urrutia pone el foco en el proceso colectivo. Su forma de trabajo, horizontal y colaborativa, es algo que los músicos destacan constantemente. Para el contrabajista Rafael Estrada, quien conoce a la directora desde sus inicios en la Fundación de Orquestas, esa forma de liderazgo ha evolucionado con los años.
“Sus ideas musicales, la tesitura y mesura que tiene para compartir sus ideas, sus expresiones y cómo hace funcionar la orquesta es muy especial”, cuenta.
La idea de una “experiencia holística” aparece también en el relato del contrabajista David Torrejón, quien valora el enfoque del festival como algo profundamente innovador dentro del mundo académico tradicional.
“Abrir esos espacios y generar estos espacios creo que es algo innovador, (hay que) decirlo abiertamente: somos una experiencia holística. Es la integración de diferentes ámbitos o aspectos de la vida dentro del sujeto del individuo músico profesional: no solo un tocador de notas, sino que una persona que tiene pena, tiene hambre y tiene otras necesidades que cubrir”, subraya.
Torrejón también destaca la audacia artística del proyecto. “Es bacán lo que la maestra hace de traer a David Jones y tocar un concierto para batería que no se ha hecho nunca así en Chile. De hecho, es uno de los mejores bateristas que hay, es súper innovadora”.
Esa combinación entre riesgo artístico y cuidado humano tiene un impacto directo en los becarios. Piera Pisolti, una de las jóvenes músicas del festival, reflexiona sobre la personalidad de Urrutia y el ambiente que se genera a su alrededor.
“La maestra Alejandra es súper introspectiva. Quizás no habla mucho, pero en la música ella habla más que todos nosotros juntos”, afirma.
En ese sentido, la maestra explica que pone el foco en el proceso colectivo. “Para mí el trabajo no es mostrar lo que yo hago, sino cómo lo hacemos juntos, probamos, conversamos, entendemos de qué trata la obra en su totalidad”, detalla.
En el caso de Los Cuatro Temperamentos, destaca su profundidad emocional: “Cada movimiento describe un temperamento distinto, y mi rol es tener claridad de eso para que se refleje en el sonido y en los colores que los músicos tocan”.
La forma de liderazgo de Urrutia es algo que los músicos destacan constantemente. Para ella, ese enfoque también está ligado a su propio recorrido personal. “Yo medito prácticamente todos los días”, revela. “Es un espacio que me centra y me saca del estrés. Cuando llego al ensayo, llego desde un lugar que no se trata de mí, sino de hacer que todos toquemos lo mejor posible”, concluye.
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