Director de filme sobre militares opuestos al golpe: “¿Hasta dónde llega nuestra responsabilidad?”
“Hangar rojo”, de Juan Pablo Sallato, está inspirada en la crónica autobiográfica “Disparen a la bandada”, de Fernando Villagrán, donde el autor cuenta cómo fue salvado por el entonces capitán de la Fuerza Aérea de Chile Jorge Silva. La institución armada se negó a colaborar con la filmación.
Una película sobre militares que se opusieron al golpe de Estado de 1973 ha presentado en el festival internacional de cine de Berlín, que termina este domingo, el director Juan Pablo Sallato (Santiago, 1978).
Se trata de “Hangar rojo”, que fue ovacionada en su estreno internacional la semana pasada en la Berlinale, donde participó en la sección Perspectives, dedicada a óperas primas de ficción.
La historia está inspirada en la crónica autobiográfica “Disparen a la bandada”, de Fernando Villagrán, donde el autor cuenta cómo fue salvado por el entonces capitán de la Fuerza Aérea de Chile Jorge Silva.

Crédito: DW
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Sallato cuenta que el proyecto le llegó a través del guionista Luis Emilio Guzmán, quien llevaba ya un tiempo trabajando la idea de adaptar esta historia junto al autor del libro.
“Desde el inicio fue un proceso de mucho estudio y conversación, tanto con Fernando como con Jorge Silva, cuya figura fue fundamental para nosotros”.
– La historia de los militares que se opusieron al golpe es bastante desconocida. ¿Por qué quisiste abordar este tema?
– Como bien dices, es una historia poco conocida; circula más bien en un círculo reducido que ha estudiado la temática. El caso más emblemático es el del general Alberto Bachelet, padre de la ex Presidenta Michelle Bachelet, quien murió tras las torturas recibidas, y que estuvo preso junto al capitán Jorge Silva en la Cárcel Pública.
Fue Fernando quien investigó a oficiales y suboficiales de la Fuerza Aérea de Chile que fueron torturados por sus propios camaradas. Gracias a su investigación —y a su participación activa en la producción— pudimos conocer al capitán Jorge Silva.
Conversar con él y escuchar su relato en primera persona sobre el momento exacto en que se ejecuta el golpe fue clave. Pero no desde las altas esferas del poder, sino desde una zona intermedia: ese lugar donde las órdenes llegan fragmentadas y lo único que queda es ejecutarlas. Esa ambigüedad moral nos conmovió profundamente y nos hizo entender lo inédito que era contar esta historia desde ahí. Lamentablemente Jorge murió dos meses antes de comenzar el rodaje por lo que no pudo ver el resultado.
– ¿Por qué quisiste centrarte en la vida de Jorge Silva, existiendo otras figuras como Alberto Bachelet?
– Nos interesaba centrar la película en ese espacio donde las órdenes llegan para ejecutarse, no en las altas cúpulas de poder. La urgencia dramática está en quienes deben obedecer sin haber tomado las decisiones estratégicas.
Desde la subjetividad del capitán Silva y de los suboficiales que están en la Escuela de Especialidades ese día, el conflicto es inmediato: obedecer órdenes que pueden traspasar su propia moral en función de la institución y la cadena de mando. Ese dilema solo se da con esa intensidad en los mandos intermedios y bajos. Ahí está el verdadero conflicto humano.

BERLÍN, 13/02/2026.- El cineasta chileno Juan Pablo Sallato (i), acompañado por el protagonista de la cinta Nicolás Zárate (d), presentó este viernes en la Berlinale su ópera prima, ‘Hangar rojo’, un drama como lo fue el golpe de Estado perpetrado por Augusto Pinochet en 1973 y una triste historia que es importante traer al presente para construir memoria con el fin de que no se repita. EFE/Paloma Rocha
– ¿Cómo fue la construcción del guión? ¿Cómo se vincula con el libro?
– La historia real es mucho más extensa de lo que muestra la película. Nosotros decidimos concentrarnos en apenas 36 horas, el 10 y 11 de septiembre de 1973, en el momento exacto en que el país se derrumba bajo el peso del golpe militar. Observamos ese instante fundacional del horror, cuando el aparato represivo aún no tiene forma definida.
Para transmitirlo necesitábamos la subjetividad que entrega la ficción, especialmente a través del trabajo actoral.
Lo que me interesaba era ese gesto de humanidad en medio de la barbarie. Las atrocidades de las dictaduras latinoamericanas son conocidas, pero me parecía importante mirar el conflicto desde otro ángulo.
El punto de vista de un militar enfrentado a la decisión de obedecer una orden o escuchar su conciencia es un territorio incómodo, pero necesario. Porque ese tipo de decisiones no pertenecen solo al pasado; siguen ocurriendo hoy, en distintos contextos.
Contar la historia de alguien que, bajo una enorme presión, decide hacer lo que considera correcto no es idealizarlo, sino preguntarnos hasta dónde llega nuestra propia responsabilidad. La película confronta al espectador a pensar qué haría en esa situación.
– ¿Cómo fue el casting?
– El proceso fue muy intuitivo. Nicolás Zárate leyó el guion porque se lo acercó el productor Juan Ignacio Sabatini, pero en principio no era para el rol del Capitán Silva. Al leerlo, sintió que ese personaje debía interpretarlo él y dejó un audio que llegó hasta mí.
Yo llevaba años buscando al actor adecuado para un personaje tan complejo. Había visto mucho a Nicolás en teatro y admiraba su trabajo, pero no lo había pensado para este rol. Escuchar ese audio fue una revelación.
Nos juntamos al día siguiente a desayunar, conversamos durante horas y entendimos que había una conexión profunda con el personaje y con el tono moral de la película. Su trabajo terminó siendo esencial para darle humanidad y densidad al capitán Silva.

Sallato durante la presentación en la Berlinale. Crédito: Cedida
– ¿Cuándo y dónde filmaron? ¿Hubo contacto con la FACh?
– La película se filmó en Mendoza en diciembre de 2024. Un año después la estamos estrenando en Berlín. Fue una coproducción entre Chile, Argentina e Italia.
Necesitábamos una escuela de especialidades y una base aérea con estética de los años 70. En Chile, la única locación que reunía esas características era la Base Aérea El Bosque, donde ocurrieron los hechos reales. Fuimos a tocar esa puerta, pero recibimos una negativa sin explicaciones y el gobierno de turno tampoco tuvo la voluntad política de que esto sucediera.
Ante ese escenario, decidimos trasladar la producción a Mendoza. Encontramos locaciones perfectas como la Universidad Nacional de Cuyo y la Base Aérea Cóndor.
Fue un salto al vacío: viajamos con un equipo reducido y nos integramos a un equipo mendocino que generó una simbiosis muy potente. En 18 jornadas logramos levantar la película.
– Hay una suerte de negacionismo actual y además asume pronto José Antonio Kast. ¿Cómo dialoga la película con ese contexto?
– Estrenar la película en la Berlinale, y especialmente en una ciudad como Berlín, fue muy significativo. Es una ciudad que confronta permanentemente su pasado con su presente. De alguna manera, eso también intenta hacer la película.
Creo que hoy es urgente volver a preguntarnos por los límites morales y éticos. En muchas partes del mundo vemos la normalización de discursos autoritarios y la vulneración de derechos internacionales y derechos humanos con una naturalidad preocupante.
La película no entrega respuestas cerradas. Pero sí vuelve a poner la pregunta en el centro: ¿qué hacemos cuando el contexto se vuelve adverso? ¿Hasta dónde llega nuestra responsabilidad individual?
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