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¿Piensas, luego limpias? La lavadora cerebral CULTURA|CIENCIA Archivo

¿Piensas, luego limpias? La lavadora cerebral

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A veces olvidamos que el descanso es tan esencial como la actividad. En la era de las pantallas, del multitasking, dormir puede parecer un lujo. Pero es una necesidad biológica profunda.


El cuerpo humano está lleno de misterios, pero pocos son tan fascinantes como el del cerebro: ese órgano que genera pensamientos, sueños, decisiones… y también basura. Mucha basura. Cada segundo, miles de millones de neuronas trabajan sin descanso para mantenernos vivos y conscientes. Pero como todo sistemas en funcionamiento, este trabajo genera desechos: proteínas mal plegadas, restos de neurotransmisores, y desechos del metabolismo celular. El cerebro debe limpiarse para seguir funcionando bien, pero tiene un problema: a diferencia del resto del cuerpo, no tiene un sistema linfático. ¿Cómo lo hace entonces?

Esta pregunta ha desconcertado a la ciencia durante décadas. Hoy, un estudio publicado en la prestigiosa revista Nature, liderado por el neuroinmunólogo Li-Feng Jiang-Xie de la Universidad de Washington, propone una respuesta que es tan elegante como sorprendente: las propias neuronas generan ondas de energía eléctrica que funcionan como un sistema de limpieza interno, moviendo el líquido cefalorraquídeo, el fluido que rodea al cerebro y la médula espinal, a través del tejido cerebral para eliminar desechos. Es decir, mientras se duerme, el cerebro se convierte en una especie de lavadora neuronal, y el agua que usa es impulsada por los pensamientos del día anterior.

El sistema glinfático: un drenaje oculto

En 2012, se descubrió un sistema de limpieza cerebral al que se bautizó “glinfático” (por su dependencia de la glía y su similitud con el sistema linfático). Este sistema aprovecha el líquido cefalorraquídeo para entrar al cerebro a través de espacios que rodean los vasos sanguíneos y distribuirse por el tejido cerebral, eliminando desechos metabólicos por las venas. Pero quedaban dudas importantes: ¿qué impulsa este flujo? y ¿cómo logra moverse el líquido a través del intrincado laberinto celular del cerebro, con sus 86 mil millones de neuronas? Hasta ahora, se pensaba que el latido del corazón o la respiración ayudaban a mover el líquido cefalorraquídeo, pero estas explicaciones eran parciales. El nuevo estudio de Jiang-Xie y su equipo propone que el verdadero motor de esta limpieza es la actividad coordinada de las neuronas.

Ondas que mueven agua

Para probar esta hipótesis, los investigadores insertaron electrodos ultrafinos en el hipocampo de ratones, una región clave para la memoria, y midieron la actividad eléctrica tanto de neuronas individuales como del campo eléctrico extracelular, es decir, el entorno iónico de las células. A diferencia de los estudios de electroencefalografía convencionales, que se hacen desde fuera del cráneo, estos electrodos estaban dentro del propio tejido cerebral, en contacto directo con el líquido intersticial. Lo que encontraron fue impresionante: durante el sueño profundo o bajo anestesia con ketamina (una condición que imita algunos aspectos del sueño), las neuronas disparaban de manera sincronizada, generando ondas lentas, pero de gran amplitud en el entorno extracelular. Estas ondas eran capaces de mover iones y, con ellos, también agua. ¿Por qué agua? Porque las moléculas de agua se organizan en torno a los iones (por ejemplo, sodio y potasio), formando “capas de hidratación”. Cuando los iones se mueven coordinadamente, arrastran con ellos el agua, como si una ola en el mar arrastrara algas y plancton.

La prueba definitiva: encender y apagar la lavadora

Pero una correlación no es una causalidad. Para demostrar que estas ondas no solo acompañaban el movimiento del líquido cefalorraquídeo, sino que lo generaban, los científicos usaron una herramienta moderna y potente: la optogenética. Con esta técnica, las neuronas pueden modificarse genéticamente para responder a estímulos de luz. Así, los investigadores pudieron “encender” o “apagar” grupos específicos de neuronas a voluntad. Cuando activaban artificialmente las ondas eléctricas, el flujo de líquido cefalorraquídeo aumentaba. Cuando las inhibían, el flujo desaparecía. El líquido simplemente dejaba de entrar en la región cerebral afectada. Esto significa que la actividad neuronal no es solo responsable de pensar, recordar o sentir, sino también de bombear fluidos y realizar limpieza intracerebral.

Dormir no es perder el tiempo

Desde hace siglos, la cultura occidental ha tenido una relación ambigua con el sueño. En una sociedad obsesionada con la productividad, dormir a menudo se ve como una pérdida de tiempo. Pero los datos científicos dicen otra cosa: dormir es absolutamente esencial para la salud cerebral. Ya sabíamos que el sueño mejora la memoria, ayuda a consolidar el aprendizaje, y regula el estado de ánimo. Pero ahora sabemos que también es el momento en que el cerebro se lava a sí mismo. El nuevo estudio confirma que durante el sueño no REM (el sueño profundo sin movimientos oculares rápidos), las ondas lentas neuronales alcanzan su máxima expresión. Estas ondas son justamente las que mueven el líquido cefalorraquídeo a través del cerebro, permitiendo eliminar los desechos acumulados durante el día. Cuando no dormimos, este sistema de limpieza se ve interrumpido. Y si se interrumpe por mucho tiempo, como ocurre en personas con insomnio crónico, turnos de noche o apnea del sueño, los desechos pueden acumularse, lo que podría contribuir al desarrollo de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer o el Parkinson.

Implicancias futuras: ¿una cura para el Alzheimer?

Una de las proteínas más infames asociadas con el Alzheimer es la beta-amiloide, una molécula pegajosa que se acumula formando placas entre las neuronas. Otro compuesto tóxico es la proteína tau, que se agrupa en el interior de las células. Ambas se eliminan, al menos en parte, a través del sistema glinfático. Si este sistema falla, se acumulan. El estudio de Jiang-Xie sugiere que podríamos mejorar la eliminación de estas proteínas manipulando las ondas neuronales. ¿Podría existir, en el futuro, un tratamiento basado en estimulación cerebral para “activar el lavado cerebral”? No es ciencia ficción. Algunos experimentos preliminares ya están usando estimulación eléctrica no invasiva durante el sueño para potenciar estas ondas lentas. Si logramos combinar esta técnica con una comprensión más precisa de las redes neuronales responsables del flujo glinfático, podríamos abrir nuevas vías terapéuticas para enfermedades actualmente incurables.

Conclusión: cuidar el sueño es cuidar la mente

A veces olvidamos que el descanso es tan esencial como la actividad. En la era de las pantallas, del multitasking, dormir puede parecer un lujo. Pero es una necesidad biológica profunda. Y ahora sabemos que es también un acto de higiene cerebral. La próxima vez que te vayas a dormir, piensa que estás haciendo mucho más que “desconectarte”. Estás activando un sistema ancestral, silencioso y poderoso que mantendrá tu mente clara, tus pensamientos fluidos y tus recuerdos intactos. Tu cerebro lo agradecerá.

 

Glosario:

  • Líquido cefalorraquídeo: Fluido transparente que circula alrededor del cerebro y la médula espinal. Actúa como amortiguador y medio de intercambio de nutrientes y desechos.
  • Líquido intersticial: El fluido que se encuentra entre las células del cerebro. Es el entorno directo de las neuronas.
  • Glia: Un tipo de células que apoyan a las neuronas en sus funciones en el sistema nervioso
  • Sistema glinfático: Red de limpieza cerebral que utiliza el LCR para eliminar productos de desecho del cerebro.
  • Optogenética: Técnica que permite controlar la actividad de neuronas mediante luz, luego de haber sido modificadas genéticamente.
  • Ondas lentas: Ritmos cerebrales de baja frecuencia (0.5 a 4 Hz), característicos del sueño profundo, asociados a descanso y procesos de restauración.

Artículo original: 

Neuronal dynamics direct cerebrospinal fluid perfusion and brain clearance

*Este artículo surge del convenio con el Centro Interdisciplinario de Neurociencia de la Universidad de Valparaíso (CINV).

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