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Creación artística y conocimiento: una obligación pública CULTURA|OPINIÓN Crédito de Juan Hoppe

Creación artística y conocimiento: una obligación pública

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Fernando Gaspar
Por : Fernando Gaspar Director de Creación Artística de la Vicerrectoría de Investigación y Desarrollo de la Universidad de Chile
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Las artes están en la base y la punta de lanza de los procesos creativos y permiten adaptarnos de mejor manera a un presente incierto y necesitado de soluciones distintas, por esto, su incentivo y desarrollo debería ser un imperativo del presente si pensamos en un futuro compartido.


La reciente entrega de resultados sobre centros de investigación de interés nacional por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID), ha promovido un estimulante debate sobre los énfasis que impulsa la Agencia y el Ministerio de Ciencias. En este contexto, celebro la columna publicada en El Mostrador por Miguel Farías en días recientes (“Creación artística: el punto ciego de la política científica”) a la cual quisiera sumar algunas ideas y apuntes. 

Es relevante recordar los marcos jurídicos e institucionales sobre la materia. La creación artística quedó consagrada en el Artículo 3 de la Ley N° 2109 sobre Educación Superior donde su misión institucional es “cultivar las ciencias, las humanidades, las artes y las tecnologías… a través de la realización de docencia, investigación, creación artística, innovación y vinculación con el medio”. En síntesis, las universidades deben promover la creación artística en su objetivo institucional. 

De igual forma, en la Ley N° 20129, sobre el Sistema Nacional de aseguramiento de la calidad en educación superior, la Comisión Nacional de Acreditación en sus dimensiones de evaluación señala que las universidades “deberán, de acuerdo con su proyecto institucional, desarrollar actividades de generación de conocimiento, tales como investigaciones en distintas disciplinas del saber, creación artística, transferencia y difusión del conocimiento y tecnología o innovación”. 

El desarrollo de la creación artística entonces, no es un lujo o una inversión que dependa de autoridades o instituciones, las universidades chilenas tienen el mandato y la obligación legal de incentivarla.

Dicho esto, ¿por qué defendemos que la ANID y el Ministerio de Ciencias deben promover programas y proyectos con apoyo a la creación artística? No sólo para permitir a las universidades cumplir las leyes y sus misiones institucionales, sino también porque la creación artística es un tipo de conocimiento que, junto a las Humanidades y también las Ciencias Sociales, es distinto y se expresa de maneras diversas. Trataré de ser sintético en base a algunos conceptos y principios.

La creación artística y el sentido de humanidad. En la creación artística, sus expresiones y resultados, se reconoce lo valioso de lo sensible, lo solidario; se humaniza la búsqueda de sentido y, por tanto, de la generación de conocimiento. En las artes se promueven espacios de convivencia presentes que permiten proyectarnos en un futuro compartido en la diversidad. En estas áreas se alienta el disenso, el conflicto, el debate de ideas: se democratizan los espacios de aprendizaje y la interrelación entre personas y comunidades. 

La creación artística promueve un conocimiento complejo, que como señala Farías está compuesto, al igual que el conocimiento que se promueve desde otras áreas, de una etapa proyectual, seguida de indagaciones o investigaciones, nutrida por prácticas y procesos, experimentación, ensayos, concluyendo en una variada expresión de resultados que se evalúan por pares y tienden a tener un correlato de visibilización con el público. 

El conocimiento que resulta de la creación artística, entre muchas otras características, es disruptivo, muchas veces disidente, experimental y desobediente, que puede recorrer los márgenes de las disciplinas y desplazarse entre diferentes áreas. Es un conocimiento pluri identitario, expansivo y que promueve la agencia de creadoras/es y públicos.

Este conocimiento, que la ANID niega, nos permite anticiparnos creativamente a lo diverso, a lo nuevo y, por tanto, genera condiciones para la innovación, pero también para la resiliencia y la convivencia con la incertidumbre, que es tan necesaria en nuestro presente y nuestras sociedades. De igual forma, el conocimiento generado por la creación artística es también una herramienta fundamental para constituir una memoria creativa que interrogue nuestro pasado de manera crítica y constructiva, ayudando a la comprensión y la empatía, así como la reflexión y la mirada comprensiva de nuestras historias. 

En una época en que impera una hiper normativización, una tendencia a la homogeneización de nuestras conductas, patrones de consumo y comportamientos, es fundamental promover las instancias, espacios, instrumentos de apoyo y normativas que alienten la creatividad, el disenso y la confluencia de lo diverso. Las artes están en la base y la punta de lanza de los procesos creativos y permiten adaptarnos de mejor manera a un presente incierto y necesitado de soluciones distintas, por esto, su incentivo y desarrollo debería ser un imperativo del presente si pensamos en un futuro compartido.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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