Publicidad
El rol del Comité Ético Científico en la investigación chilena CULTURA|OPINIÓN Archivo

El rol del Comité Ético Científico en la investigación chilena

Publicidad
Natalia Herrera Medina
Por : Natalia Herrera Medina Presidenta del Comité Ético Científico de la Universidad de Tarapacá y directora del Departamento de Enfermería de la Universidad de Tarapacá.
Ver Más

Mirar atrás y reconocer cómo se investigaba antes, nos obliga a valorar los CEC como pilares del buen quehacer que acompaña nuestra producción científica nacional.


Chile ha experimentado un avance notorio en su campo científico en las últimas décadas y este crecimiento ha sido acompañado de un elemento esencial que, aunque no se le suele dar mucho crédito, es fundamental para resguardar la legitimidad de las investigaciones: los comités éticos científicos. 

Un Comité Ético Científico (CEC) es una entidad colegiada, interdisciplinaria y acreditada que revisa los protocolos de investigación antes de que cualquier estudio con participación humana pueda comenzar. Su misión principal es resguardar que los proyectos se conduzcan bajo normativas que protejan a sus participantes. Muchas veces los CEC quedan invisibilizados hacia el público general, porque su trabajo se da antes de comenzar cada investigación científica. Para garantizar que la producción de conocimiento no solo cumpla con estándares de excelencia desde el punto de vista metodológico, sino que también se respeten los derechos a la seguridad y dignidad de las personas involucradas, estos deben pasar por la aprobación de un CEC.

Pero la investigación científica en Chile no comenzó con este nivel de prolijidad, hasta la promulgación de la Ley 20.120 sobre investigación científica en el ser humano del 2006 y su reglamentación posterior, no existía un mandato claro que exigiera mecanismos de evaluación ética externa e independiente, antes de llevar a cabo estudios que involucraran sujetos humanos. Ese vacío expuso durante años proyectos que podían avanzar sin suficientes garantías de protección de datos personales o una evaluación de riesgos, condiciones que hoy nos parecen básicas.

Ahora el marco regulatorio chileno está integrado por la Ley 20.120, la Norma Técnica 57, la Ley 20.584 sobre derechos y deberes de los pacientes, y otras normas complementarias. Esto obliga a que cualquier investigación que implique interacción con personas, uso de sus datos o muestras biológicas, sea revisada por un CEC acreditado. 

Estos comités también se apoyan en principios éticos internacionales, explicitados en documentos como la Declaración de Helsinki, el Informe Belmont y las pautas del Consejo de Organizaciones Internacionales de las Ciencias Médicas (CIOMS), consideradas como referencias globales para salvaguardar la integridad y los derechos de los participantes. Y es que sin los CEC, la investigación puede transitar por aguas peligrosas, la falta de control puede poner en jaque la confianza pública en la ciencia. La revisión rigurosa por parte de estos comités permite que proyectos biomédicos, sociales y epidemiológicos se lleven a cabo con un equilibrio entre el avance del conocimiento científico y la protección de quienes confían su participación. 

La diferencia entre una investigación con aprobación por un CEC y una sin él, es una diferencia de calidad moral y científica. Los comités no son obstáculos o meros trámites burocráticos, son instancias que permiten que la investigación avance de manera responsable hacia las personas. Su labor ha fortalecido la confianza en la ciencia chilena y ha alineado nuestras prácticas con estándares internacionales que valoran, tanto el conocimiento, como la dignidad humana.

Mirar atrás y reconocer cómo se investigaba antes, nos obliga a valorar los CEC como pilares del buen quehacer que acompaña nuestra producción científica nacional. Protegerlos, reforzarlos y continuar desarrollando una cultura ética en la investigación es, hoy más que nunca con el avance de la inteligencia artificial, una inversión en la calidad de nuestra ciencia, en la protección de las personas y en la confianza que la sociedad deposita en el conocimiento que producimos.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

Inscríbete en el Newsletter Cultívate de El Mostrador, súmate a nuestra comunidad para contarte lo más interesante del mundo de la cultura, ciencia y tecnología.

Publicidad