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“Cuando ellos se van”: Julia Navarro y sus inolvidables compañeros CULTURA|OPINIÓN Crédito: imagen de portada del libro

“Cuando ellos se van”: Julia Navarro y sus inolvidables compañeros

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Desde luego, tiene mucho de testimonial, en tanto habla de sus perros, pero se aleja de la más frecuente percepción de estos compañeros no humanos como posesiones de las cuales podemos deshacernos de acuerdo a necesidades del momento. Reivindica el respeto debido a todo ser vivo y sintiente.


El tema de este libro es el recuerdo y el rol de los compañeros animales en la vida humana, al interior de una familia que los recibe y quiere, y de la cual pasan a formar parte de manera activa. No es un libro de creación literaria propiamente tal, sino una escritura del diario de recuerdos de esos seres a lo largo de la vida familiar y su rol acompañándonos hasta el último de sus días.

Desde su propia experiencia, afirma que “ningún ser vivo pertenece a nadie”, porque “Son compañeros, al menos de un tramo de nuestras vidas, desgraciadamente tramos muy cortos porque ellos no sobrepasan los doce o quince años”.

Sus lecturas sobre perrunos la han llevado a 40.000 años atrás, época de lobos y se especula que ambas especies, seres humanos y perros -quizás descendientes de lobos y también lobos, convivieron durante mucho tiempo, siendo la alimentación que les proporcionaban los humanos el incentivo para acercarse cada vez más a sus entornos de vida.

Como era de esperar, los nombres de sus amigos perrunos vienen de la literatura, entre ellos, Argos, el perro de Odiseo, el único que lo reconoce a su regreso a Ítaca y muere al verlo después de tantos años. De su pasada vida como perro del rey, no queda nada; abandonado, hambriento, lleno de garrapatas, lo ha esperado para morir en paz. Otro de sus perros fue Tifis, nombre del piloto de la nave de Jasón y los argonautas. Y ahora, su perrita schnauzer, Barbie, -nombre que desata críticas y burlas de sus amistades, para lo que entrega una respuesta notable-han sido y son acompañantes fieles en sus horas de creación con su presencia silenciosa y, además, los primeros en escuchar sus comentarios sobre lo que estaba escribiendo.

En una entrevista ha señalado que este no es su primer libro de no ficción, pero que sí experimentó una carga emocional intensa cuando su perro Argos murió muy enfermo y en sus brazos, habiendo entregado una compañía y fidelidad incondicionales. Cuenta que en ese periodo de duelo leyó e investigó acerca de la historia de humanos y perros juntos, y que “vienen acompañando al hombre desde el principio de los tiempos”.

Esa compañía es activa y siempre alerta, por si fuera necesario defender a sus amos. Pone énfasis en que son seres sintientes, característica que ha sido reconocida no hace tanto tiempo en relación a los miles de años de cercanía con los humanos. Recuerda escenas de crueldad que todos podemos haber visto más de una vez: animales llevados a lugares lejanos para abandonarlos o lanzados desde un auto en movimiento. No solo su rol en ámbitos familiares, sino en momentos históricos como guerras en las cuales fueron mensajeros y contribuyeron a salvar miles de vidas sin mayor reconocimiento de sus actos heroicos.

Nos remite a escritores como Paul Auster y su libro Tombuctú y sus personajes: un perro y un hombre, conmovedores vagabundos que se acompañan. También hace un breve recorrido histórico: perros encontrados en tumbas egipcias; perros retratados en pinturas juntos a sus familias humanas y muchos otros ejemplos. Es un libro que, desde luego, los amantes de los perros disfrutarán y sumarán a lo leído sus ricas experiencias personales; pero quienes no tienen esas vivencias, no solo disfrutarán de la lectura, sino que descubrirán allí ese mundo nuevo que abre una compañía perruna y características inimaginables de estos seres no humanos que pueden llegar a ser entrañables y, quizás, comiencen a pensar que quisieran tener más cerca de sus vidas.

A través de sus páginas -que no son meramente descriptivas, ya que están impregnadas de variados sentimientos- va desplegando una visión que cita a diversos autores que dieron un lugar especial a sus compañeros perros en sus propias obras. Reivindica y reconoce en estos seres no humanos y sintientes su calidad de seres con derecho a una vida propia, y no “mascotas” que pertenecen a un humano que razona como si fuera su dueño, de manera similar a cuando decide desprenderse de cualquier posesión no viva.

Desde luego, tiene mucho de testimonial, en tanto habla de sus perros, pero se aleja de la más frecuente percepción de estos compañeros no humanos como posesiones de las cuales podemos deshacernos de acuerdo a necesidades del momento. Reivindica el respeto debido a todo ser vivo y sintiente, con claros derechos a la vida y a ser protegidos cuando lo requieren. Reconoce también el valor de esa compañía e interacción entre seres que no son de la misma especie, pero que a pesar de ello pueden llegar a tener una relación profunda, valiosa e inolvidable.

Ficha técnica:

Julia Navarro, “Cuando ellos se van”, Penguin Random House Grupo Editorial, 234 páginas.

 

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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