CULTURA|OPINIÓN
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“Herbarium” y “Herbario”: Rosa Luxemburgo y Gabriela Mistral incomodarían hoy al extractivismo
Ambos libros nos recuerdan que no habrá justicia social sin una ética del cuidado de la vida en todas sus formas, y que la transformación ambiental no es solo técnica ni jurídica, sino cultural, afectiva y política.
En un escenario marcado por la crisis climática, la profundización del extractivismo y una relación crecientemente instrumental con la vida, resulta particularmente iluminador volver la mirada hacia dos extraordinarias mujeres del siglo XX que, desde contextos políticos, culturales y geográficos muy distintos, compartieron una misma intuición ética: la naturaleza no es un recurso, sino una relación.
Rosa Luxemburgo y Gabriela Mistral no escribieron tratados ecológicos ni formularon programas ambientales. Sin embargo, sus escrituras permiten pensar, con una radicalidad inesperada, los dilemas contemporáneos de justicia social, política y ambiental.
Esa sensibilidad reaparece hoy a través de dos libros editados en Chile que dialogan entre sí a pesar de las distancias que separan a las autoras. Herbarium, publicado por Ediciones Mimesis, reúne cartas, notas y registros botánicos de Rosa Luxemburgo escritos principalmente durante sus años de prisión.
Herbario, editado por Ediciones Libros de Cardo, compila prosas y poemas de Gabriela Mistral donde plantas, árboles, semillas y paisajes ocupan un lugar central.
Ambos textos funcionan como archivos sensibles, donde la observación de la vida vegetal se convierte en un gesto político.
En el caso de Luxemburgo, la atención a flores, musgos y hojas no es evasión ni refugio estético frente a la violencia del encierro. Es una forma de resistencia. Desde la cárcel, escribe sobre la fragilidad y la persistencia de la vida con una delicadeza que no debilita su pensamiento revolucionario, sino que lo profundiza. Herbarium revela una crítica temprana a toda lógica que conciba la vida —humana o no humana— como sacrificable en nombre del progreso, la eficiencia o la acumulación. Allí, la observación botánica se vuelve una pedagogía política: aprender a cuidar lo pequeño es aprender a resistir la barbarie.
Mistral, por su parte, escribe desde el exilio, el duelo y la errancia. En Herbario, la naturaleza no aparece como paisaje decorativo ni como metáfora ornamental, sino como maestra, refugio y archivo de memoria. Su relación con la tierra es profundamente relacional: se aprende observando, nombrando, acompañando los ritmos de lo vivo. Árboles, huertos y montañas no son propiedad ni escenografía; son presencias con las que se dialoga. En este sentido, la escritura mistraliana anticipa una ética del cuidado y de la interdependencia que hoy resuena con enfoques contemporáneos de ecología política, feminismo y justicia ambiental.
Ambas mujeres fueron figuras incómodas en su tiempo. Luxemburgo fue asesinada por su radicalidad política; Mistral fue durante décadas leída de forma domesticada, convertida en símbolo escolar y maternal, despojada de la densidad crítica de su pensamiento social y de su relación no instrumental con la tierra. Tal vez por eso estos libros resultan hoy tan perturbadores: interrumpen la narrativa dominante que separa política y naturaleza, economía y vida, desarrollo y cuidado.
Leídos en conjunto, Herbarium y Herbario proponen una pregunta incómoda para el presente chileno. En un país atravesado por conflictos socioambientales estructurales —escasez hídrica, zonas de sacrificio, expansión minera y forestal, disputa por el litio—, el debate público suele reducir la crisis ecológica a problemas de gestión, compensación o crecimiento “verde”. Sin embargo, estos textos insisten en otra dimensión: la crisis es relacional. No se trata solo de cuánto explotamos, sino de cómo concebimos nuestra relación con lo vivo y qué formas de vida consideramos dignas de cuidado.
Cuando se discute la privatización del agua, la intensificación extractiva en el norte o la supuesta inevitabilidad del sacrificio territorial, Luxemburgo y Mistral obligan a formular una pregunta más profunda y política: ¿Qué vínculos estamos dispuestos a romper en nombre del desarrollo? ¿Qué violencias se naturalizan cuando la naturaleza es tratada como botín o como externalidad?
Leer Herbarium y Herbario hoy no es un ejercicio de nostalgia literaria. Es un gesto crítico. Ambos libros nos recuerdan que no habrá justicia social sin una ética del cuidado de la vida en todas sus formas, y que la transformación ambiental no es solo técnica ni jurídica, sino cultural, afectiva y política. Tal vez el mayor desafío ecológico de Chile no sea únicamente cambiar matrices productivas, sino aprender —como ellas— a mirar la naturaleza no como objeto, sino como relación. Y esa sigue siendo, hasta hoy, la pregunta más incómoda que evitamos enfrentar.
Ficha técnica:
Rosa Luxemburgo (2025). Herbarium. Santiago: Ediciones Mimesis.
Gabriela Mistral (Gladys González editora y compiladora). (2021). Herbario mistraliano. Diarios y cuadernos de jardín / Ediciones Libros de Cardo.
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