Entre el hielo, el fuego y el silencio: la semana en que Chile debilitó su defensa climática
¡Hola! Arrancamos el año en Juego Limpio con una mezcla difícil: la convicción de que el periodismo climático es más necesario que nunca y, al mismo tiempo, la inquietud de ver cómo Chile debilita –por decisión de financiamiento– parte de la ciencia que permite entender y enfrentar la crisis.
Me preocupa comenzar esta primera edición de 2026 con dos malas noticias que golpean el corazón de la evidencia: el Estado deja sin apoyo a dos centros claves, el CR2, que ha sostenido la producción de conocimiento sobre clima y resiliencia para políticas públicas, e IDEAL/IDEALBlue, plataforma estratégica para la ciencia antártica y subantártica.
En ambos casos el costo no es solo académico: al reducir la generación de datos y series de tiempo, el país se queda con menos insumos científicos, no políticos, para diseñar planes de adaptación, mitigación y protección de ecosistemas en un escenario de vulnerabilidad creciente.
Este golpe ocurre, además, cuando en ciertos sectores políticos vuelve a ganar espacio una mirada negacionista que relativiza el triple problema global: cambio climático, pérdida de biodiversidad y contaminación por plásticos. Por eso, lo que está en juego no es solo un presupuesto o una convocatoria: es la capacidad de diferenciar realidad y manipulación, evidencia y superchería.
Juego Limpio descansa justamente en esa premisa: que sin comunicación de la ciencia –clara, verificable y pública– la conversación ambiental se vuelve terreno fértil para los eslóganes, el lobby y el autoengaño.
- El primer artículo aborda el conflicto que estalla tras la decisión de ANID de no renovar el financiamiento al CR2: un centro que durante 13 años construyó infraestructura científica aplicada a la toma de decisiones del Estado –bases de datos, servicios climáticos, apoyo a la Ley Marco– y que, pese a una evaluación sobresaliente del panel internacional, quedó fuera por una evaluación nacional que abrió dudas y derivó en un emplazamiento directo al Presidente Gabriel Boric.
- El segundo texto amplía el mapa y mira al sur: el retiro de apoyo a IDEAL/IDEALBlue deja a Chile sin continuidad en ciencia antártica y subantártica, debilitando una herramienta que no solo describe ecosistemas remotos, sino que también sostiene soberanía, proyección internacional y capacidades para anticipar impactos sobre pesquerías, puertos australes y el mar interior donde se juega parte de la economía nacional.
- Y el tercer artículo aterriza la crisis en una escena concreta: Isla Magdalena, convertida en postal turística, mientras la colonia de pingüinos de Magallanes cae en picada. Un guardaparques advierte que la promoción omite la gravedad del desplome poblacional y que la carencia de datos actualizados y de medidas estrictas de manejo está empujando a repetir la historia de Seno Otway: observar hasta que ya no quede nada.
Estas tres historias comparten un hilo incómodo: cuando la evidencia se reduce –por recortes, por discontinuidad o por desinformación– el país queda más expuesto. Y si algo debiera ordenar la discusión climática es lo contrario: más ciencia, más datos abiertos, más monitoreo y más comunicación rigurosa.
Ese es el sentido de Juego Limpio: contar lo que pasa cuando el clima y la biodiversidad dejan de ser un tema “ambiental” y pasan a ser, como ya son, un asunto de Estado, de economía y de futuro.
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Chile a ciegas frente al cambio climático: el emplazamiento al Presidente Boric tras el fin del CR2
La decisión de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID) de no renovar el financiamiento al Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2) detonó una de las controversias científicas y políticas más delicadas del final del Gobierno del Presidente Gabriel Boric. No solo por el peso estratégico del centro –reconocido internacionalmente por su trabajo en cambio climático–, sino también porque el fallo ocurre en medio de una temporada marcada por olas de calor extremo, riesgo de incendios forestales y una creciente presión sobre las políticas de adaptación y mitigación climática del país.
- El CR2, creado en 2013, no es un centro más. Durante 13 años construyó una infraestructura científica que alimenta directamente las decisiones públicas: bases de datos climáticos, plataformas de riesgo, sistemas de observación, informes para el Estado, apoyo técnico a la Ley Marco de Cambio Climático y a los planes regionales y comunales de acción climática. Sin embargo, pese a ese historial, el nuevo modelo de financiamiento definido por ANID dejó al centro fuera del sistema.
La controversia se agudizó cuando se conoció que la propuesta de renovación del CR2 obtuvo una evaluación sobresaliente del panel internacional de expertos, compuesto por científicos de reconocido prestigio, mientras que el panel nacional –no científico– le asignó una puntuación inferior que terminó sacándolo de la lista de adjudicados. Esa diferencia no fue solo técnica: fue estructural. En el nuevo diseño del concurso, el panel nacional tenía la última palabra sobre la asignación de recursos, aun cuando los pares internacionales validaran científicamente la propuesta.
“La distancia existente entre ambas calificaciones no logra comprenderse con claridad en la evaluación que nos fue entregada por ANID”, señaló la directora del CR2, Pilar Moraga, al conocer los resultados.
El efecto de esa decisión va mucho más allá de una institución. Por primera vez, desde que Chile comenzó a estructurar su política climática, el país queda sin un centro nacional dedicado a producir ciencia del clima y resiliencia. Ninguno de los centros adjudicados en este concurso aborda directamente esa temática, lo que deja al Estado sin un soporte científico permanente para enfrentar uno de los mayores riesgos de su historia reciente.
Ese punto es el núcleo del emplazamiento que el CR2 dirigió directamente al Presidente Gabriel Boric en una carta abierta. En ella recuerdan que fue este mismo Gobierno el que impulsó y promulgó la Ley Marco de Cambio Climático, una norma que obliga a que las decisiones estatales se basen en la “mejor evidencia científica disponible”. Y fue el propio CR2 el que sostuvo técnicamente buena parte de ese andamiaje legal.
- Cabe destacar, casi como un sarcasmo del destino, que la propia ministra del Medio Ambiente, Maisa Rojas, fue directora del CR2 antes de sumarse al gabinete del Presidente Boric.
Sin embargo, al cierre de este mandato, el escenario es el inverso. Los anunciados Instituto de Cambio Climático y Observatorio de Cambio Climático aún no existen, y ahora tampoco existirá el CR2 como centro financiado por el Estado. El país queda, en la práctica, sin una institucionalidad científica capaz de sostener la implementación de su propia ley climática.
“Hacia el término del Gobierno del Presidente Boric se pone fin a un centro de excelencia sin que existan instituciones capaces de reemplazar su aporte”, advierte Pilar Moraga.
- El CR2 no solo producía papers. Durante su funcionamiento desarrolló 15 servicios climáticos, cuatro sistemas de observación avanzados, siete informes a Naciones Unidas, un octavo sobre carbono neutralidad en preparación para 2026, más de mil publicaciones ISI, decenas de policy briefs y plataformas que hoy usan ministerios, gobiernos regionales y municipios para planificar su adaptación al cambio climático. Todo ese ecosistema queda ahora sin respaldo financiero estable.
En Juego Limpio la directora del CR2 fue aún más explícita al describir el impacto concreto de la decisión:
“La decisión del ANID de no renovar el financiamiento al CR2 significa que el país no cuenta con un centro capaz de generar ciencia del clima y la resiliencia para la implementación de las políticas públicas que mandata la Ley Marco de Cambio Climático, como, por ejemplo, los planes sectoriales de adaptación y mitigación o los planes comunales y regionales”.
Y agregó: “En este último caso la situación es aún más crítica por la falta de capacidades y en este sentido el CR2 sí estaba aportando en la formulación de estos planes comunales, en plataformas de riesgo climático comunal y de emisiones a nivel comunal para facilitar esa tarea, así como fortalecimiento de capacidades. El impacto que tiene es justamente que no hay capacidades existentes en Chile que puedan reemplazar el trabajo que estaba haciendo el CR2”.
El problema, subrayó Moraga, no es solo la caída del CR2, sino además el vacío que deja el nuevo modelo de financiamiento:
“El gran problema que surge con este concurso es el hecho de que se eliminaron las áreas prioritarias y, por lo tanto, no es solo que no se adjudique el financiamiento para el CR2, sino que no se adjudica a ningún otro centro y, en consecuencia, el área queda desprovista del desarrollo científico que requiere el país ante la vulnerabilidad que existe”.
Ese es el punto político más delicado del conflicto: el Estado chileno decidió no financiar ni al CR2 ni a ningún otro centro que lo reemplace en su función estratégica. La política pública del clima queda, así, sin una cabeza científica.
Pese a ello, desde el CR2 insisten en que no abandonarán su trabajo. “Los investigadores e investigadoras del CR2 tenemos un fuerte compromiso con el desarrollo de la investigación y el desarrollo científico como bien público para el país. Si bien ‘a pulso’ y sin el apoyo del Estado, seguiremos contribuyendo en lo que podamos ante las temáticas que nos convoquen”, expresó Pilar Moraga.
Pero el mensaje al Ejecutivo es inequívoco. El conflicto ya no es administrativo, sino político: se trata de decidir si Chile seguirá enfrentando la crisis climática con ciencia o si aceptará hacerlo a ciegas. Y esa decisión, advierten desde el CR2, quedará inscrita en el balance histórico del Gobierno de Gabriel Boric.
Chile frente al vacío polar: cuando la ciencia antártica deja de ser prioridad
En el extremo sur del mapa, donde el océano Austral regula el clima del planeta y la Antártica define buena parte de las reglas del orden científico global, Chile enfrenta una decisión que va mucho más allá de un concurso de financiamiento.
Al desfinanciamiento del CR2, se suma además la salida del sistema de apoyo estatal del Centro de Investigación en Ecosistemas Marinos de Altas Latitudes (IDEAL) y de su proyecto sucesor IDEALBlue. Esta situación no es solo una pérdida para la academia: es una señal estratégica que deja al país sin una plataforma estable para comprender, anticipar y defender lo que ocurre en sus fronteras más sensibles.
Desde 1940, Chile sostiene una reclamación territorial en la Antártica. Pero a diferencia de otras latitudes, en el Continente Blanco la soberanía no se ejerce con ejércitos ni despliegues militares, sino con ciencia.
La participación en el Sistema del Tratado Antártico, el acceso a la toma de decisiones sobre conservación, pesca y logística, y la capacidad de incidir en las reglas que rigen ese espacio dependen, en la práctica, de quién produce datos, lidera investigaciones y aporta conocimiento verificable. La ciencia ha sido, durante décadas, el principal instrumento diplomático de Chile en la Antártica.
Ese andamiaje se debilita cuando desaparecen los centros que sostienen la investigación en el largo plazo. Sin equipos capaces de medir, modelar y monitorear los ecosistemas polares, Chile pasa de ser un actor que contribuye a definir las reglas del juego a uno que simplemente observa cómo otros las escriben.
Y eso ocurre, además, en un escenario de competencia creciente: Reino Unido, China, Alemania y Corea del Sur están invirtiendo más que nunca en infraestructura, bases, buques e institutos dedicados a entender el océano Austral y la Antártica. En el siglo XXI, la soberanía se construye con series de tiempo, observatorios y publicaciones científicas.
La dimensión estratégica se cruza, además, con una realidad mucho más inmediata. Lo que ocurre en las aguas antárticas y subantárticas no se queda allí. El océano Austral amortigua el calentamiento global, regula corrientes, además de conectar directamente con los fiordos y canales de la Patagonia chilena.
- Las pesquerías, el turismo y las rutas marítimas dependen de esos ecosistemas. Cuando Chile pierde capacidades en circulación oceánica, biodiversidad o especies invasoras, pierde también la posibilidad de anticipar marejadas extremas, colapsos productivos o crisis sanitarias en su propio mar interior.
En ese contexto, el caso de IDEAL e IDEALBlue adquiere un valor simbólico mayor. Tras una década construyendo capacidades en ecosistemas marinos de altas latitudes, su propuesta para transformarse en Centro de Interés Nacional fue evaluada como de muy alta calidad por paneles nacionales e internacionales. Sin embargo, quedó fuera de la adjudicación por razones esencialmente presupuestarias.
El mensaje es contradictorio: Chile reconoce que la ciencia polar es estratégica, pero no le asigna un lugar estable dentro de su arquitectura de centros de excelencia.
- Esa discontinuidad es particularmente riesgosa en un momento en que el cambio climático acelera el deshielo, la acidificación del océano y el avance de especies invasoras hacia los fiordos australes.
Sin una institucionalidad científica sólida, el país queda condenado a reaccionar cuando las crisis ya están encima, en lugar de anticiparlas con evidencia. La fragmentación por proyectos cortos y esfuerzos dispersos puede sostener papers, pero no políticas públicas ni decisiones estratégicas de largo plazo.
El costo de mantener equipos consolidados en ciencia polar es mínimo frente al costo de una sola crisis no prevista: una mortandad masiva de salmones, el cierre de un puerto austral, el colapso de una pesquería o una pérdida de credibilidad internacional en materia ambiental.
- Lo que está en juego no es un ítem presupuestario, sino la capacidad del Estado de proteger sus ecosistemas, su economía y su posición en uno de los espacios geopolíticos más sensibles del planeta.
Chile puede seguir hablando de Antártica en discursos oficiales, pero, sin ciencia, corre el riesgo de quedar ausente allí donde realmente importa: en las mesas donde se decide el futuro del océano Austral y del Continente Blanco.
La verdadera pregunta ya no es si el país puede permitirse invertir en ciencia antártica y subantártica, sino si puede permitirse renunciar a ella justo cuando más la necesita.
Isla Magdalena: cuando el turismo tapa la crisis de los pingüinos
Las imágenes que circulan por redes sociales muestran un paraíso. Miles de pingüinos caminando entre turistas sonrientes, paisajes prístinos, una experiencia “única en el mundo” a pocas horas de Punta Arenas.
Isla Magdalena se ha convertido en uno de los íconos turísticos de la Patagonia chilena. Pero detrás de esa postal –difundida por operadores turísticos, influencers y campañas institucionales– se esconde una realidad que casi no aparece en la narrativa oficial: la colonia de pingüinos de Magallanes que habita la isla está colapsando.
El llamado de alerta no surge desde un laboratorio ni desde una oficina pública, sino desde el terreno. Cristóbal Sepúlveda, guardaparques y guía en el Monumento Natural Los Pingüinos, decidió poner cifras y experiencia directa sobre la mesa frente a una avalancha de promoción turística que –según advierte– se construye sobre datos desactualizados y una peligrosa omisión: la población de pingüinos se ha desplomado en más de un 85% en la última década.
Los números son brutales. A comienzos de los años 2000, Isla Magdalena albergaba cerca de 59 mil parejas reproductivas. En 2008-2009 se alcanzó el máximo con 63 mil. Diez años después, ya solo quedaban 43 mil. Para 2022, un informe de clasificación de especies hablaba de apenas 15 mil parejas. Y desde 2024, los propios guardaparques de Conaf informan que la colonia se ha reducido a unas 6 mil parejas reproductivas.
- Este colapso demográfico no ha sido reflejado en las páginas oficiales ni en la publicidad turística, que sigue vendiendo la idea de una colonia abundante y estable.
La desinformación no es inocua. Mientras se difunden imágenes de abundancia, no se toman medidas de emergencia para proteger una población en declive acelerado. Peor aún, la ausencia de estudios actualizados –los últimos datan de 2019– impide identificar con precisión las causas del colapso y diseñar políticas de conservación adecuadas.
La historia reciente de la Región de Magallanes muestra que esto no es una exageración. La colonia de Seno Otway, que durante décadas fue la más accesible y visitada por los magallánicos, desapareció por completo. En los años noventa tenía más de 1.400 parejas; en 2007 superó las 2.200; en 2014 quedaban apenas 250.
- Entre 2019 y 2022 ya no quedaba ningún pingüino. La minería del carbón en isla Riesco, las salmoneras en Seno Skyring, la presión turística sin distancias de seguridad y la depredación por perros –una jauría mató 170 pingüinos en 2013– fueron parte de una tormenta perfecta. Pero lo más grave fue otra cosa: nadie actuó a tiempo.
Isla Magdalena parece hoy repetir esa lógica, aunque bajo un escenario distinto. No hay minería ni salmoneras cerca. No hay perros ni zorros. Pero sí hay algo nuevo y constante: una presión turística diaria y masiva sobre la colonia en plena época reproductiva.
- Entre septiembre y marzo, los pingüinos deben atravesar senderos saturados por hasta 500 visitantes diarios. La distancia mínima de observación es de apenas dos metros, muy por debajo de los 50 metros que recomienda Subpesca y de los cinco metros exigidos incluso en la Antártica.
El resultado es estrés. Pingüinos que huyen de los humanos. Otros que intentan atacar cuando se sienten invadidos. Parejas que interrumpen su comportamiento reproductivo en el momento más crítico del año. Y aunque algunos estudios sugieren que la presencia humana puede ahuyentar depredadores, esa posible ventaja no compensa el impacto de una exposición constante y sin control sobre una población ya debilitada.
Al mismo tiempo, el océano tampoco ofrece refugio. Derrames de petróleo, como el ocurrido en Brasil en 2010 y que afectó a cientos de pingüinos, y la sobrepesca industrial en el Atlántico –que deja a los animales sin alimento– han provocado varamientos masivos en las costas de Argentina, Uruguay y Brasil.
El cambio climático y la alteración de las cadenas tróficas completan un escenario de presión múltiple. Pero ninguna de esas amenazas explica por sí sola que decenas de miles de pingüinos hayan desaparecido de una colonia histórica como Isla Magdalena en tan pocos años.
- La respuesta parece estar también en tierra firme: cuando un lugar deja de ser seguro para reproducirse, los pingüinos se van. Y hoy están colonizando islas más remotas y menos accesibles, como Tucker, Cayetano o Carlos III, en el lado sur del Estrecho de Magallanes. Lejos de los humanos.
La paradoja es cruel. Isla Magdalena es vendida como una vitrina de conservación, pero en la práctica funciona como un parque de contacto directo con una especie en crisis. La promoción turística masiva ha terminado ocultando el problema en lugar de enfrentarlo.
Cristóbal Sepúlveda plantea que la salida existe. Limitar el número de visitantes diarios. Reducir el tamaño del sendero. Aumentar las distancias de observación. Crear miradores elevados. Convertir la experiencia en una observación responsable, no en una invasión del hábitat.
- El modelo ya existe: la Reserva Natural Pingüino Rey en Tierra del Fuego, donde con reglas estrictas la población creció de 8 individuos a más de 200 en una década.
Isla Magdalena aún puede salvarse. Pero solo si se deja de vender una postal y se comienza a mirar la realidad. Porque cuando una colonia de pingüinos que ha sobrevivido quinientos años empieza a desaparecer en una década, no es la naturaleza la que está fallando. Somos todos nosotros.
Antes de agradecerles por llegar hasta el final de Juego Limpio, quiero despedirme con una reflexión: la selección de estos tres temas no es una coincidencia editorial, es un síntoma.
Sin ciencia sólida, sin datos públicos y sin instituciones que sostengan el conocimiento en el tiempo, Chile queda expuesto no solo al cambio climático, sino también a la improvisación, la desinformación y el negacionismo que hoy vuelven a ganar espacio.
- Por eso este número duele, pero también importa: porque recordar que la evidencia es un bien público es, quizás, la forma más urgente de defender el futuro.
Ahora sí, muchas gracias por llegar hasta el final de Juego Limpio. No olviden compartir este boletín para sumar más inscritos y así hacer crecer nuestra comunidad comprometida a JUGAR LIMPIO. Si tienen algún comentario, duda o información que quieran compartir, pueden escribirme a juegolimpio@elmostrador.cl.
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