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El gran paso de Chile a escala oceánica

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¡Hola! Hay momentos en que siento que en Chile somos pequeños y otras veces grandes. Es la gracia de lo impredecible, lo imperfecto y lo singular. La semana pasada les contaba que a los relativistas climáticos se les habían soltado las trenzas al organizar una cumbre negacionista en Santiago. Pequeño, diminuto. Hoy les cuento que Chile podría, en cosa de horas, convertirse en uno de los refugios más extensos del mundo para las criaturas marinas. Grande, descomunal.

A veces ocurre en silencio: en ocasiones basta una decisión política, una advertencia científica, una base de datos que se abre al público o una roca que guarda la memoria de la Tierra, para que cambie la historia.

  • Como dije, en Juego Limpio arrancamos con un movimiento de escala oceánica. Chile está a horas de ampliar la protección de sus mares en torno a Juan Fernández y las Islas Desventuradas, una decisión que podría llevar al país a resguardar más de la mitad de su mar y a crear una de las mayores áreas marinas protegidas del planeta.
  • En contraste, desde la ciencia llega una advertencia. La revista Nature puso el foco en el fin del financiamiento del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2), recordando que debilitar la investigación climática en medio de una crisis planetaria puede tener costos que recién empezamos a dimensionar.
  • Así como algo se cierra, surge una historia que abre posibilidades: la liberación de 12 millones de registros de biodiversidad en Chile, una base de datos gigantesca que permitirá entender mejor cómo están cambiando nuestros ecosistemas. Y otra que nos lleva a millones de años atrás: el estudio de rocas volcánicas que guardan la memoria del campo magnético de la Tierra, ese escudo invisible que hace posible la vida.
  • Cerramos con Futuro en Marcha, donde aparecen las señales de que algo también se está construyendo: nuevos parques en salares altoandinos, científicos que estudian los bosques submarinos del Pacífico y tecnología para seguir aves migratorias en Patagonia. Porque incluso en tiempos inciertos el futuro no se detiene.

¡Listo! Hecho el resumen, ahora vamos a lo nuestro. Aseguren sus cinturones, que Juego Limpio parte en 4, 3, 2, 1… ¡Arrancamos!

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Chile a un paso de convertirse en el gran guardián de los mares

Queda un día. Y si todo ocurre como se espera este martes en la mañana, Chile podría estar a horas de dar un salto histórico en la protección de sus océanos. El Comité de Ministros para la Sustentabilidad se reunirá para revisar la propuesta de ampliación de las áreas marinas protegidas en torno a Juan Fernández y las Islas Desventuradas, una iniciativa que el Presidente Gabriel Boric quiere cerrar antes de terminar su mandato.

Si el comité aprueba la medida, el decreto quedaría listo para la firma presidencial esta misma tarde y luego pasaría a Contraloría. En La Moneda ya hablan de que podría haber “humo blanco”… o más bien mar azul.

La decisión cambiaría la escala de la protección oceánica en Chile. Hoy el país resguarda cerca de 562 mil km² de su zona económica exclusiva. Con la ampliación, la superficie protegida subiría a casi 960 mil km², casi duplicando el área actual. Eso permitiría que más del 53% del mar chileno tenga algún grado de protección, consolidando al país entre los líderes mundiales en conservación marina.

Pero no se trata solo de números. La ampliación reforzaría la protección de montes submarinos, ecosistemas pelágicos y rutas migratorias clave, fundamentales para especies como tiburones mako, atunes, larvas de langosta y el lobo marino de dos pelos, una especie endémica de la zona. En términos globales, el área resultante podría convertirse en la segunda área marina protegida más grande del planeta, un cambio de escala que reconfigura la forma en que se piensa la conservación oceánica.

La historia de esta iniciativa comenzó lejos de Santiago. En mayo del año pasado, el alcalde de Juan Fernández, Pablo Manríquez, junto con los Consejeros del Mar del archipiélago y de las Islas Desventuradas, enviaron un oficio al Presidente y a varios ministros pidiendo ampliar las áreas protegidas alrededor de estos territorios. La solicitud se apoyaba en una realidad científica contundente: estas islas, descubiertas en el siglo XVI por el navegante español Juan Fernández, se encuentran entre las ecorregiones marinas más valiosas del planeta, con un nivel extraordinario de especies únicas.

La propuesta también se sostiene en un modelo de gobernanza que ha sido observado internacionalmente. La creación de los parques marinos Nazca-Desventuradas y Mar de Juan Fernández –los dos más grandes del país– surgió de un proceso participativo que integró conocimiento local, ciencia y gestión territorial. Comunidades, científicos y autoridades construyeron juntos una visión de conservación que hoy se proyecta a una escala mayor.

Si la decisión se confirma, Chile alcanzaría cerca del 54% de su superficie marítima bajo algún grado de protección, un hito que no solo fortalece la biodiversidad del Pacífico sur, sino que también posiciona al país como un actor clave en la respuesta global frente a la crisis climática y la pérdida de biodiversidad. Y todo podría definirse en cuestión de horas. Porque, a veces, las grandes transformaciones empiezan con una reunión de ministros… y terminan cambiando el mapa del océano.

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La advertencia en Nature: cuando la ciencia climática queda en suspenso

Cuando pienso en cómo cerró el 2025, no se me viene a la cabeza otra cosa que la lenta muerte del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2) en Chile, por cancelación de su financiamiento. Me parece francamente un despropósito.

Pero no soy el único. La inquietud volvió a exponerse desde uno de los lugares más influyentes de la ciencia mundial. En febrero, la revista Nature publicó una carta firmada por investigadores del Programa Hidroclimático Regional para los Andes (ANDEX), en la que expresan preocupación por el fin del financiamiento del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2) en Chile. El mensaje es claro: debilitar capacidades científicas en medio de una crisis climática creciente puede tener consecuencias que van mucho más allá de una institución.

La discusión comenzó en diciembre de 2025, cuando se conocieron los resultados del concurso de Centros de Interés Nacional. En esa instancia, el CR2 –uno de los principales centros dedicados a estudiar el cambio climático en el país– no fue adjudicado para un nuevo período de financiamiento. La decisión abrió interrogantes sobre la continuidad de una investigación estratégica que durante más de una década ha aportado evidencia científica para orientar políticas públicas.

Para los científicos que escribieron en Nature, el momento no podría ser más delicado. En la última década, la región andina ha enfrentado sequías prolongadas, eventos extremos cada vez más frecuentes y un acelerado retroceso de glaciares. Estos fenómenos ya impactan la disponibilidad de agua, la agricultura, la generación de energía, la gestión del riesgo de desastres e incluso la salud pública. En ese escenario –advierten–, debilitar las capacidades científicas existentes significa perder herramientas clave para entender y anticipar esos cambios.

Los autores sostienen que el CR2 ha desarrollado instrumentos de conocimiento que hoy utilizan investigadores, autoridades y comunidades para comprender los efectos del clima en el territorio.

Y subrayan un punto que suele pasar desapercibido en las decisiones presupuestarias: ese conocimiento no se reconstruye de un día para otro. “La capacidad desarrollada no se puede recuperar rápidamente”, señalan, advirtiendo además que el costo de sostener este tipo de centros es menor que las pérdidas económicas y sociales que pueden surgir cuando las políticas climáticas se toman sin respaldo científico.

El director del CR2, Roberto Rondanelli, considera que la publicación en Nature refleja la preocupación que existe fuera de Chile por esta situación. “El estudio del cambio climático es una investigación que no respeta fronteras administrativas y, por lo tanto, nuestros colegas a lo largo de los Andes señalan claramente la pérdida de financiamiento como un costoso error para el país y para Sudamérica”, afirma. En otras palabras, la interrupción de este trabajo no afecta solo a un centro, sino a una red de conocimiento que atraviesa toda la cordillera.

Durante sus años de funcionamiento, el CR2 desarrolló 15 servicios climáticos, cuatro sistemas avanzados de observación y elaboró informes para Naciones Unidas sobre los impactos del cambio climático en Chile. También produjo más de mil publicaciones científicas y decenas de análisis técnicos utilizados en el diseño de políticas públicas.

Por eso, la advertencia publicada en Nature no es solo un gesto de apoyo internacional: es también un recordatorio de que, frente a la crisis climática, la continuidad de la investigación científica de largo plazo puede marcar la diferencia entre anticipar los riesgos o enfrentarlos cuando ya es demasiado tarde.

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¡Aleluya! Liberan 12 millones de registros de biodiversidad de Chile

La semana pasada, mientras el mundo conmemoraba el Día Mundial de la Naturaleza, el 3 de marzo, en Chile ocurrió algo silencioso pero potencialmente transformador para la manera en que entendemos y protegemos nuestros ecosistemas. La Superintendencia del Medio Ambiente (SMA) liberó públicamente más de 12 millones de registros de biodiversidad, una base de datos que reúne información sobre especies de flora, fauna, hongos y líquenes recopilada en distintos ecosistemas del país durante décadas de monitoreo ambiental.

La magnitud de la información es inédita. Los datos provienen del Sistema de Seguimiento Ambiental (SSA), plataforma en la que empresas con proyectos aprobados mediante Resolución de Calificación Ambiental reportan los monitoreos comprometidos en materia de biodiversidad. Desde 2022 se han reunido más de 15 mil planillas estandarizadas, algunas con antecedentes que incluso se remontan a 1989, lo que permite reconstruir la presencia histórica de especies en distintos territorios.

El resultado es uno de los repositorios más grandes de biodiversidad del país. Allí se registran eventos de muestreo en bosques, humedales, zonas marinas y costeras, así como sectores cordilleranos, junto con información detallada sobre ubicación geográfica, metodología utilizada, cantidad de ejemplares observados y clasificación taxonómica. Una radiografía ambiental que hasta ahora estaba dispersa en informes técnicos y archivos institucionales.

La importancia de esta base de datos no radica solo en su tamaño, sino en lo que permite hacer hacia adelante. Al contar con registros sistematizados y comparables, científicos y autoridades podrán detectar cambios en la abundancia, presencia o desaparición de especies a lo largo del tiempo. Es decir, convertir la información acumulada durante años de evaluación ambiental en una herramienta para anticipar deterioros en los ecosistemas.

La superintendenta del Medio Ambiente, Marie Claude Plumer, explicó que la apertura de estos registros pone a disposición del país “una de las bases de datos de biodiversidad más grandes que existen en Chile”, lo que permitirá evaluar con mayor rigor las transformaciones de los ecosistemas y fortalecer decisiones públicas basadas en evidencia científica.

Más allá de la estadística, el gesto apunta a algo mayor: cambiar la lógica con la que se gestiona la naturaleza. Al abrir estos datos al público a través del sistema SNIFA, la información deja de estar encerrada en reportes técnicos y pasa a convertirse en un bien común para investigadores, instituciones, organizaciones sociales y ciudadanos.

En tiempos de crisis climática y pérdida de biodiversidad, conocer con precisión qué especies habitan el país –y cómo están cambiando– puede ser una de las herramientas más poderosas para protegerlas.

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Las rocas: el secreto del escudo magnético de la Tierra

Durante millones de años, nuestro planeta ha estado protegido por un escudo que no se ve, pero sin el cual la vida simplemente no existiría: el campo magnético de la Tierra. Ese manto invisible desvía la radiación solar y protege la atmósfera, permitiendo que los océanos, los ecosistemas y la vida misma puedan persistir. Pero entender cómo ha cambiado ese escudo a lo largo del tiempo geológico sigue siendo uno de los grandes desafíos de la ciencia.

Una pista para reconstruir esa historia está escondida en algo tan cotidiano como una roca volcánica. Cuando la lava se enfría, diminutos granos de magnetita quedan atrapados en su interior y registran la orientación y la intensidad del campo magnético de la Tierra en ese momento. Es como si cada roca fuera una cápsula del tiempo que guarda una fotografía del pasado magnético del planeta.

Esa es precisamente la historia que intenta descifrar David Cortés, investigador de la Universidad Técnica Federico Santa María. Tras pasar tres años trabajando en la Universidad de Utrecht, en Países Bajos, el científico regresó a Chile para desarrollar un proyecto Fondecyt que busca reconstruir la evolución del campo geomagnético utilizando tomografía micromagnética, una técnica de frontera que permite observar y analizar los diminutos granos magnéticos presentes en rocas volcánicas.

El trabajo se realiza en colaboración con el Laboratorio de Paleomagnetismo de la Universidad de Utrecht y con la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología, en Trondheim. Mientras los equipos europeos realizan experimentos para medir la señal magnética de rocas volcánicas provenientes de distintas partes del mundo, Cortés analiza esos datos mediante simulaciones computacionales desarrolladas en su laboratorio.

El objetivo es ambicioso: comprender cómo ha cambiado el campo magnético del planeta a lo largo de millones de años. “¿Para qué nos sirve eso? Para reconstruir nuestra historia de cómo ha evolucionado el campo magnético de la Tierra, que es un tema esencial para la vida”, explica el investigador. La tomografía micromagnética –una tecnología que se nutre de avances derivados de la revolución cuántica– abre una ventana inédita para estudiar el origen y la dinámica de este escudo planetario.

Más allá del laboratorio, el proyecto también busca acercar esta ciencia al público. Cortés ha realizado charlas en universidades y congresos y organizó recientemente un workshop sobre simulaciones micromagnéticas en el campus San Joaquín de la USM. Porque entender cómo funciona el campo magnético de la Tierra no es solo una curiosidad científica: es comprender el sistema que, desde lo más profundo del planeta, hace posible la vida en su superficie

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Futuro en marcha

Como cada semana, en Futuro en Marcha reunimos iniciativas, descubrimientos y políticas que están marcando la diferencia en acción climática, restauración ecológica y conservación de la biodiversidad, demostrando que la transición no es solo una promesa, sino también un proceso en curso que ya nadie detiene.

Chile amplía la protección de sus salares altoandinos

Una buena noticia para la conservación del norte del país. El Consejo de Ministros para la Sustentabilidad y el Cambio Climático aprobó la creación de seis nuevos parques nacionales en la Región de Antofagasta, que en conjunto protegerán más de 184 mil hectáreas de ecosistemas salinos altoandinos. La iniciativa forma parte de la Red de Salares Protegidos impulsada en el marco de la Estrategia Nacional del Litio y permitirá resguardar humedales clave para la biodiversidad del altiplano, donde habitan especies emblemáticas como flamencos altoandinos, vicuñas y otras adaptadas a las condiciones extremas de estos paisajes.

Con esta decisión, el país sigue fortaleciendo la conservación de estos frágiles ecosistemas, sumando estas nuevas áreas a los 10 salares y lagunas altoandinas que ya fueron protegidos en la Región de Atacama en 2025.

Bosques submarinos se visten de gala

Los días 8 y 9 de abril de 2026, Chile será sede del Tercer Encuentro de Mapeadores y Mapeadoras de Macroalgas, una reunión que convocará a investigadores de América Latina e Iberoamérica dedicados a estudiar y proteger los bosques de macroalgas del océano Pacífico. El encuentro se realizará en formato híbrido desde la Estación Costera de Investigaciones Marinas (ECIM) de Las Cruces, combinando presentaciones científicas y espacios de trabajo colaborativo para fortalecer redes de investigación.

Según el investigador Eduardo Guajardo, uno de los grandes desafíos es ampliar el conocimiento sobre estos ecosistemas clave del hemisferio sur, fundamentales para la biodiversidad y el equilibrio de los océanos.

El ojo de la Patagonia: antena permitirá rastrear aves migratorias

La Asociación Ambiente Sur instaló en Río Grande, Tierra del Fuego, la segunda antena de la Red Motus en la Patagonia austral argentina, una tecnología clave para rastrear aves migratorias y generar información científica para su conservación. El sistema utiliza transmisores miniaturizados colocados en aves que envían señales a estaciones receptoras ubicadas hasta a 20 kilómetros, permitiendo conocer sus rutas migratorias, movimientos y uso de hábitat.

La antena fue instalada cerca de la Reserva Costa Atlántica, uno de los sitios más importantes del hemisferio occidental para aves playeras migratorias, y busca mejorar la información disponible para orientar decisiones de conservación y planificación territorial en la región.


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Antes de despedirme, quiero dejarte un Dato Sustentable: Chile actualizó su Marco de Bonos Sostenibles 2026, instrumento que permite al Estado emitir bonos verdes, sociales y sostenibles para financiar proyectos con impacto ambiental y social. La principal novedad es la incorporación de la construcción sostenible en madera como categoría elegible, tanto para viviendas como para infraestructura pública.

Ahora sí, muchas gracias por llegar hasta el final de Juego Limpio. No olviden compartir este boletín para sumar más inscritos y así hacer crecer nuestra comunidad comprometida a JUGAR LIMPIO. Si tienen algún comentario, duda o información que quieran compartir, pueden escribirme a juegolimpio@elmostrador.cl.

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