Leonardo Padura: “Profundizar en lo humano es hallar lo universal del conflicto”
Leonardo Padura, conversa en este Cita de libros acerca de su última novela “Morir en la Arena” y las difíciles condiciones de la Cuba actual con apagones, vendutas y basura en la calles de La Habana, y responde a la pregunta de por qué no se ha ido de Cuba: “porque yo llegué primero”.
Leonardo Padura (La Habana, 1955), Premio Princesa de Asturias 2016 por toda su obra y autor de novelas policiales —incluido su célebre personaje Mario Conde— conversa desde Chiapas, México, sobre su última novela, Morir en la Arena (Tusquets, 378 páginas). Está allí promocionándola para la Feria del Libro de Guadalajara, tras un recorrido que lo llevó previamente por España en septiembre, y luego por Colombia, Panamá y Guatemala, hasta culminar en la FIL de Guadalajara.
Sobre la novela, Padura comenta que el personaje de Fumero, escritor de novelas policiales, no es su alter ego. Explica que Fumero comienza su trayectoria en los años ’70, una época de fuerte represión en la política cultural cubana —“que ha cambiado sus métodos, pero no su esencia”— y escribe una novela policial “revolucionaria”. Él, en cambio, tuvo la fortuna de ser editado en España por Tusquets desde hace más de 30 años, lo que le ha dado independencia de todo tipo respecto de Cuba.
“Esta novela recorre los últimos 60 años de Cuba”, señala, y además de Fumero aparece Gini, su amigo y protagonista del parricidio que estructura la historia. Ambos se conocen en la primaria en los años ’60, y ese vínculo permite narrar la trayectoria de una generación. “Está Fumero con esta especie de realismo socialista tropical, Rodolfo, el hermano, y Nora, etc. Esto refleja una realidad cubana, donde la gente de mi generación se enfrenta a una jubilación que no les alcanza para vivir dignamente, pero yo quería mostrar las causas de todo esto, no solo sus consecuencias”.
Respecto del personaje que afirma que el Hombre Nuevo hoy es bautizado católico, practica la santería y hace negocios, Padura comenta que se trata de algo real. Recuerda que en la sociedad cubana se prohibieron los pequeños negocios desde 1968, para luego permitirlos en los años ’90. “También antes podías tener graves problemas en Cuba por tener creencias religiosas, y hoy en cambio eso es casi una virtud”, agrega. Y cita a un amigo: “todo esto nos ha pasado con la misma gente”.
Ese Hombre Nuevo —que debía ser desinteresado, ateo y combativo— ha derivado en ese tipo de personajes y también en quienes se han ido: más de 1,2 millones de personas entre 2021 y 2024. “Se fueron los que pudieron, no los que quisieron”, afirma, porque emigrar desde Cuba podía costar más de US$10.000 atravesando por Chiapas rumbo a Estados Unidos. “Eso es una realidad visible, matemática, no es propagandística”.
¿Por qué entonces Padura siempre vuelve a casa y no se ha ido de Cuba? El autor responde citando a un personaje de su novela Como polvo en el viento: hay que entender tanto a quienes se quedan como a quienes se van. Él se queda “porque es donde está el idioma que hablo, la espiritualidad que entiendo y mi lugar en el mundo”. Y recuerda la respuesta de la poeta Dulce María Loynáz cuando le preguntaron lo mismo: “no me he ido, porque yo llegué primero”. “Y yo llegué primero”, enfatiza Padura.
Como cita de Milán Kundera, sostiene que la razón de ser del arte y la novela es la indagación en la condición humana, que se manifiesta de muchas maneras: “en la medida que como escritor profundizas en esa condición humana, profundizas en una proyección universal de los conflictos; lo que ocurre en Cuba, le ocurre a todos los seres humanos”. Y concluye evocando a Miguel de Unamuno: “en el arte debemos hallar lo universal en las entrañas de lo local y en lo circunscrito y limitado, lo eterno”. “Eso he tratado de hacer con mis novelas”, remata.
Finalmente, ante la pregunta de si Cuba “está yendo hacia Haití”, como dicen algunos personajes de su novela, responde que se trata de lenguaje figurado. No sabe si eso ocurrirá, pero relata que recientemente vio en una calle céntrica y comercial de La Habana una serie de comercios muy precarios, “vendutas” en las aceras, una imagen profundamente tercermundista y pobre que lo dejó espantado. A ello suma lo que describe como una epidemia de enfermedades transmitidas por mosquitos —dengue, chikungunya, zika, oropuche— derivadas de la acumulación de basura en las calles, incluso cerca de su casa. Ese deterioro, dice, afecta a la sociedad cubana en un momento de caída libre cuya detención desconoce. A ello se suman apagones de casi 16 horas, recurrentes casi todo el año. Y recuerda el comentario de un humorista: “no ha llegado el verano, porque prometieron que en el verano no habría apagones”. Como siguen ocurriendo, concluye: “no ha llegado el verano aún; somos una isla sin verano”.