ANÁLISIS
Archivo (US Army)
La operación militar en Venezuela y sus proyecciones
Las Fuerzas Armadas de EEUU todavía descansan en su superioridad tecnológica para inhibir a sus enemigos. Sin embargo, cuando se trata del campo de batalla terrestre, las fuerzas tienden a nivelarse, como se ha demostrado en la experiencia estadounidense en Irak y Afganistán.
El sábado 3 de enero del presente año el mundo conoció la rápida y letal acción militar denominada “Resolución Absoluta” realizada por las Fuerzas Armadas de EEUU para capturar al presidente de Venezuela Nicolás Maduro y su esposa, por cargos de narcoterrorismo.
A partir de las horas siguientes pudimos conocer pincelazos de la operación militar en base a lo expresado en una conferencia de prensa después del mediodía, por el presidente del Estado Mayor Conjunto de EEUU, general Dan Caine, quien detenta el cargo militar más alto en la administración del presidente Trump, que estaba junto a sus principales asesores políticos.
Al preguntarnos si EEUU tiene capacidad militar para realizar, sin el apoyo de ningún otro país aliado una operación como la realizada en Venezuela, la respuesta es positiva y tiene todo a su favor, sí es que estamos hablando de operaciones aéreas, navales e incursiones terrestres de corta duración por parte de sus medios, en este caso, la Fuerza Delta.
Pero eso no es todo. La inteligencia juega un rol fundamental cuando se planifican incursiones con un objetivo claro, como en este caso era la captura del presidente Maduro y su esposa, aunque es evidente que ésta solo fue un “objetivo de oportunidad”. Para que esta operación tuviera el éxito que tuvo, se requería información actualizada de todas las actividades del ya caído presidente, por lo que la posibilidad de un informante de su círculo cercano es muy reveladora.
Las operaciones especiales normalmente actúan en escenarios muy complejos, inciertos e inesperados, en donde el desorden, producto de la saturación de fuego de múltiples armas con que se actúa, es parte de esa “normalidad”.
Para disminuir estas limitaciones, los soldados empleados en terreno deben ser convenientemente guiados a través de información reciente que sólo es confirmada por los agentes de campo, o el o los informantes.
Recuerdo que en 2002 era alumno del Colegio Interamericano de Defensa con sede en Washington DC, donde asistí a una conferencia con autoridades ligadas a la defensa de ese país. Tratábamos de entender qué había fallado en la inteligencia, al no haber detectado previamente el ataque a las torres gemelas el 11 de septiembre de 2001. Hasta ese evento, EEUUse ufanaba de poseer los mejores satélites y sistemas de detección electrónico del mundo para conocer lo que hacían sus enemigos.
Ante una pregunta que le formulé en ese sentido, el oficial de inteligencia me expresó con brutal sinceridad: “fallamos al pensar que la tecnología era suficiente dejando de prestar atención a lo más elemental y antiguo de la inteligencia en todo tiempo: tener agentes en terreno”.
Para ejecutar esta inserción de la Fuerza Delta se requería como requisito sine qua non anular la capacidad de detección y de respuesta venezolana. El control aéreo absoluto era indispensable y se debía neutralizar al mismo tiempo cualquier respuesta antiaérea de Venezuela, ya que constituían las principales amenazas para el éxito de la operación.
El sistema antiaéreo de misiles rusos S–300 VM era el componente más peligroso para los medios aéreos estadounidenses. Estas armas son un sistema móvil montado sobre chasis de oruga, los que permiten desplegarse en cualquier tipo de terreno haciendo más difícil su detección y destrucción. Con un alcance de 250 kilómetros, estos misiles son los más modernos y letales de América Latina. Su empleo no fue reportado y tampoco se constató su eficacia, al no existir aeronaves estadounidenses derribadas.
También representaban un peligro para aviones y helicópteros las armas antiaéreas de distinto alcance, incluyendo las portátiles rusas “Igla”, para defensa de corto alcance, que son disparadas por soldados individuales y que pueden ser decisivas cuando están bien posicionados en tierra para abatir medios aéreos “enemigos” que se acercan al objetivo.
La utilización inicial de aviones y drones indetectables a los radares venezolanos para inhibir cualquier respuesta aérea o antiaérea en su contra y atacar distintos objetivos de la infraestructura militar, fue prioritaria. Si no se eliminaban estas amenazas, se colocaba en alto riesgo y eventual fracaso la operación de captura.
Dentro de una fase posterior, y una vez asegurado el control del aire, se insertaron helicópteros de transporte protegidos por helicópteros de ataque. Todos ellos pertenecen a las unidades que conforman una de las fuerzas especiales más respetadas del mundo, la “Fuerza Delta” (Delta Force).
El eventual derribo de algunos de los helicópteros de transporte que llevaban a los soldados de la Fuerza Delta y traerían prisionero a Maduro podía incluso haber hecho fracasar la operación de captura, pero de seguro que el comandante a cargo de esta operación debió contemplar esa posibilidad y haber considerado los “respaldos aéreos” en caso de haberse producido esa situación.
Lograda la inhibición de las principales amenazas de fuego sobre los medios aéreos de EEUU, los helicópteros y los soldados transportados pudieron accionar directamente sobre las instalaciones donde se encontraba Maduro y su círculo de protección inmediato.
Su captura rápida y precisa permite deducir -por los muertos reportados- que hubo una reacción en la protección de Maduro, pero fue inútil, ya que fue anulada por el volumen de fuego recibido, la tecnología de armas de los estadounidenses, incluyendo sus sistemas optrónicos; la rapidez del accionamiento, la sincronización y la sorpresa con que se actuó.
Desprotección
No haber tomado medidas más robustas en la protección de la principal autoridad política, a pesar del amplio despliegue de buques y aviones de EEUU por largos cuatro meses frente a las costas venezolanas y de la inminencia de una operación como la finalmente realizada, es casi paradojal.
Cualquier militar podía deducir diferentes escenarios en que se emplearían las fuerzas de EEUU en territorio venezolano, siendo una de ellas la captura de autoridades relevantes del gobierno chavista. Para lograr el éxito en este tipo de operaciones se requería cierta sorpresa. Ella se lograba accionando preferentemente desde el aire, con aviones y helicópteros de despegue y aterrizaje vertical.
En ese sentido, el momento más crítico para el éxito o fracaso de una operación de captura es cuando se aproximan a tierra los medios aéreos que transportan a los soldados que serán desplegados. Ese lapso es su mayor vulnerabilidad, porque puede recibir nutrido fuego defensivo de todo tipo de armas incluyendo, en el caso venezolano, los misiles antiaéreos de corto alcance rusos “Igla”, ya mencionados.
Lo expresado con anterioridad, al parecer, fue tenue o anulado por la acción de los medios de EEUU. Tampoco se ha conocido si llegaron refuerzos de soldados para proteger a Maduro cuando se estaba produciendo el ataque con bajas importantes por el lado venezolano.
¿Es posible preguntarse si hubo algún grado de traición de una parte de la cúpula chavista en contra de su presidente?
Existen muchos cabos sueltos al respecto y en esa situación todos los escenarios están abiertos. Sería una imprudencia profesional asegurar una u otra posición. Lo que sí me produce ruido es que si hubo alguna confabulación interna para que EEUU capturara a Maduro, entonces debemos suponer que dichas autoridades venezolanas aceptaban, además, el bombardeo en varios puntos del territorio nacional, produciendo no solo la muerte de muchos soldados, sino también, una reducción de las capacidades de combate de las Fuerzas Armadas de Venezuela, lo que es improbable.
Del mismo modo, es posible suponer también, que de haber habido un acuerdo para que se capturara a Maduro, no haya existido conocimiento de los complotadores chavistas de la acción estadounidense contra el resto de las instalaciones militares y que ello haya sido una decisión de ese país para “asegurar” que el gobierno venezolano que asumiera cumpliera su compromiso, dejando a Venezuela con menos opciones de respuesta militar futura al término de dicha operación. Lo eventos que ocurran en las semanas y meses siguientes son cambiantes y eso lo saben bien los líderes políticos y militares.
¿Una confabulación?
Las declaraciones del exvicepresidente colombiano Francisco Santos de que la actual presidenta de Venezuela Delcy Rodríguez habría entregado a Maduro agregan más ingredientes a lo planteado. Según este análisis, es posible que algo de ello haya ocurrido, pero también puede ser una medida de desestabilización por parte de la inteligencia de EEUU, para socavar y quebrar las estructuras políticas y militares de confianza del gobierno chavista.
Es difícil saber si hubo o no una confabulación de jerarcas chavistas en contra de Maduro. Normalmente, la explicación de hechos importantes es más simple y en este caso el ataque de EEUU fue abrumador para cualquier capacidad de respuesta de las Fuerzas Armadas de Venezuela.
¿Es posible que si en el futuro se den ciertas condiciones políticas de no cooperación por parte del gobierno de Venezuela, haya una acción militar de EEUU con el desembarco de soldados en territorio venezolano al estilo de lo que conocimos en Afganistán e Irak?
La respuesta es no.
Las razones son varias. En primer lugar, ello requiere el apoyo político del Congreso, lo que a estas alturas es improbable, incluso con oposición de miembros del propio partido del presidente Trump.
En segundo lugar, el número de soldados actualmente disponibles para una operación de esta envergadura es muy insuficiente para sostener operaciones de alta y larga intensidad.
En tercer lugar, las Fuerzas Armadas de EEUU han aprendido que inmiscuirse en operaciones terrestres de envergadura y prolongadas es altamente letal para sus medios, sin importar la supremacía abrumadora que la tecnología de sus sistemas de armas le pueda proporcionar.
En cuarto lugar, las operaciones terrestres sostenidas implicarían un alto número de bajas de EEUU, entre muertos y heridos que la opinión pública de ese país no aceptará.
En quinto lugar, no parece ser parte de la estrategia de las Fuerzas Armadas de EEUU realizar operaciones terrestres importantes en suelo venezolano con la excepción de acciones puntuales, como las que ejecutó con medios de fuerzas especiales.
¿Qué parámetros han hecho que esta operación no sea censurada por la opinión pública de EEUU? El que no hubo muertos estadounidenses (sobre este particular habrá que preguntarse: ¿si en las futuras operaciones militares, cuando la inteligencia artificial sustituya a los pilotos de las aeronaves e incluso a los soldados con robots, serán estos elementos que acelerarán los conflictos?)
¿Qué pretende entonces EEUU?
Apuesta mayormente a propiciar el debilitamiento político del gobierno chavista para negociar una transición que permita eventualmente la cooperación del gobierno venezolano y que después conlleve a nuevas elecciones, pero tuteladas como hemos sabido por EEUU, en vez de colocar en el poder a los legítimos triunfadores de julio de 2024, Edmundo González y María Corina Machado.
Este debilitamiento se puede hacer de varias maneras, en caso de mantenerse la eventual posición de resistencia de la recién asumida presidenta Rodríguez. Una opción es realizar continuas acciones aéreas para destruir objetivos militares en cualquier parte del territorio, bajo pretexto de lucha contra las drogas, aunque ello ya es una acción bélica difícil de sostener ante la oposición política y la opinión pública de EEUU.
También, es posible ejecutar una acción parecida a la realizada el pasado 3 de enero, ya sea de captura o muerte hacia una figura política venezolana (cartel de los soles) que sea de la línea dura, como puede ser Diosdado Cabello, número dos del régimen y/o Vladimir Padrino, su ministro de defensa.
Otra opción, o simultánea a las anteriores, es alentar un quiebre de las Fuerzas Armadas venezolanas. Con esta demostración de fuerza realizada por EEUU, el mensaje es claro: no hay mucho qué hacer en caso de enfrentarlos militarmente.
A pesar de lo espectacular de la acción en esta operación, EEUU no tiene el control del territorio y sin ello se puede dificultar alcanzar en el corto plazo su objetivo más anhelado, una transición tutelada para llegar después de un lapso dispuesto por el gobierno de Trump, a un cambio del régimen político y que obviamente sea cercano a sus propósitos.
Está por verse la conducta concreta de Rusia y China, que respaldan al gobierno chavista y que tienen amplios intereses en Venezuela, que -como es de suponer- están decididamente en contra de esta operación. Habrá que observar si estas potencias mundiales están en condiciones de suministrar medios humanos, materiales y por sobre todo de inteligencia en beneficio de las Fuerzas Armadas de Venezuela para que estén mejor preparadas para lo nuevos ataques que eventualmente se pueden producir, como ya lo advirtió el propio Trump.
Si existiese convicción mayoritaria de las Fuerzas Armadas venezolanas para resistir hasta las últimas consecuencias y dar el combate terrestre, el control de Venezuela por parte de EEUU se haría cuesta arriba. Sabemos, eso sí, que el apoyo de la población civil hacia el gobierno chavista es minoritario y la moral de los uniformados en una incógnita.
No producir un cambio en la dirección política de Venezuela pondría en riesgo el acceso de EEUU a la riqueza petrolera y minera que en la actualidad sirve, entre otros, a los intereses de China y Rusia.
Podríamos deducir acertada o erróneamente que la conducta unilateral de EEUU de atacar a Venezuela será entonces una señal de vía libre para Rusia en Ucrania y China en Taiwán. Esto está por escribirse en el tiempo que viene.
Las Fuerzas Armadas de EEUU, altamente profesionales, todavía descansan en su superioridad tecnológica para inhibir a sus enemigos. Sin embargo, cuando se trata del campo de batalla terrestre, las fuerzas tienden a nivelarse, como se ha demostrado en la experiencia estadounidense en Irak y Afganistán, con el resultado de un alto número de bajas en sus filas.
La ventaja de EEUU para sostener las operaciones en Venezuela es que no requiere desplazar sus medios a largas distancias, como ha sucedido cuando ha operado en Medio Oriente, Asía y África. El estar su territorio continental e insular próximos a territorio venezolano y contar, además, con buques de ataque y apoyo en las inmediaciones, le permiten tener una abrumadora capacidad militar para sostener las operaciones navales y aéreas por tiempo prolongado.
Lo que se evidencia de las propias palabras del general Caine, de EEUU, es que este éxito se produce, entre otras razones, por las décadas de experiencia en operaciones conjuntas. Este avance del cual se congratula Caine, aún está pendiente en Chile y es fundamental para una defensa nacional moderna.
Las operaciones aéreas y navales son muy importantes, pero sin el control del terreno solo se apela a la presión política y militar “de lejos” utilizando aviones, misiles, drones y bombas, la que puede ser infructuosa, costosa y de escasos resultados como lo ha demostrado largamente la historia militar: basta tener presente el valor del despliegue de los soldados en las acciones de la guerra en Ucrania y en Gaza. Esta consideración no ha cambiado y debe estar presente cuando se bosquejen las Fuerzas Armadas chilenas del siglo XXI.
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