Ä„Carta del Picao…!
Usted está en verano y yo estoy en pleno invierno. Pero usted argumenta que no ha podido salir de vacaciones y que le tocó quedarse en la ciudad o pueblo en que vive. ¿Solo? ¿Sola? ¿Con los chiquillos, con la suegra o con el pariente que vino a visitarla?
En primer lugar, deseándole salud y buena fortuna, le pregunto: ¿me va a decir que toda esa desgracia anterior es lo mismo que quedarse en febrero en Montreal, con la nieve hasta las orejas, los árboles pelados -excepto las coníferas- y con 5ÅŸ grados bajo cero como promedio? ¿Y qué me dice cuando aquí amanecemos con 15 o 20ÅŸ grados y con el factor viento -que no es más que una brisa- bajamos a los 30ÅŸ? ¿Usted cree que eso es muy gracioso?
¿Y los que andan en la playa o en el campo? Les voy a contar para que se consuelen. Si usted no ha estado en Montreal y sobre todo en Vaudreuil-Dorion que es el municipio en donde vivo, la nieve aquí no se encuentra en la montaña. Aquí no hay montaña, ni siquiera un mísero cerro. Aquí la cosa es más pareja que una cancha de fútbol, tan pareja como la nieve sobre el lago que está a treinta metros de mi casa. Y toda esa cancha está cubierta de un metro y medio de nieve, promedio. La nieve aquí la tenemos pegada como una costra blanca y a veces fangosa desde los primeros días de diciembre: en la calle, sobre las aceras, en los jardines, en el techo de las casas, en las ramas de los árboles, sobre el automóvil, etc.
Pero como el municipio cuida que la villa continúe funcionando, luego de la nevada (que es como decir después de la nubá d´iagua), pasan por las calles los camiones «sacanieve», que en realidad no la sacan sino la dejan sobre la acera (le trottoir) del frente de su casa o edificio. No contentos con eso, viene el sacanieve que generalmente los vecinos arriendan -durante la temporada, otros compran una aspiradora de nieve, que igualmente acumula la nieve en el mismo lugar- para que quite la nieve de la entrada al garaje de la casa. ¿Pero sabe dónde depositan la nieve sacada de esa entrada? Ä„Sobre el antejardín de su casa!, o de su edificio de departamentos.
Ä„Y he aquí el milagro! La cancha de fútbol de la que le he hablado, a la altura del mes en que le escribo esta cálida cartita, han sacado tantas veces la nieve depositándola frente al trottoir y en el antejardín de la casa o edificio, que la cancha de fútbol se ha transformado en una serie de colinas de nieve, colinas sobre las que suelen jugar los infantes durante los fines de semana, deslizándose una y otra vez, sin trineo, sin esquís, así nomás con la ropa impermeable. Un poco como la imagen que usted conoce del vestuario de los indígenas de Alaska o de las misiones en la Antártica.
Las colinas de nieve son duras, querida amiga o amigo. Si usted mirara conmigo hoy día mismo el paisaje de mi calle, vería que la rue (la calle) está completamente limpia, pero completamente limpia, como si nunca hubiera caído un copo de nieve. Sin embargo vería al mismo tiempo que los antejardines tienen al menos un metro a metro y medio de nieve, y colinas de nieve que pueden ascender hasta los tres metros. Y si detuviera un instante la mirada observaría que bajo la blanquecina y romántica primera capa de nieve, existen rocas -sí, digo rocas- de nieve con ese brillo opaco color ágata. No se le ocurra pegar un puntapié contra esa roca porque será peor que haberle pegado a un riel de acero.
Irónicamente en este momento que escribo estoy a la misma hora que la Isla de Pascua (el resto del país vive dos horas más adelante que yo), isla que hoy cuenta con 29ÅŸ grados SOBRE CERO, mientras yo estoy a 10ÅŸ BAJO CERO. Y no se me haga la lesa ni el aturdido, porque he chequeado el clima de Chile entero, de Arica a Magallanes, como buen picao. Y a la excepción de Magallanes en que tiene una agradable temperatura sobre 13ÅŸ, en cualquier otro lugar que usted ande patiperreando tiene temperaturas arriba de los 23ÅŸ y en varios se pasa de 30ÅŸ.
Ä„Y entonces qué! Partiendo de la base que le deseo una excelente salud a usted y a los suyos, ¿se va a quejar que las humitas no quedaron tan bien como ayer? ¿O tal vez las frutillas no reposaron lo suficiente en el tinto o en el blanco pa darle gusto al gasnate? ¿Ahora no le gusta la pescá frita y solamente le pueden dar reineta al perla? ¿Se va a quejar porque hay demasiados deportistas en las playas desparramando arena sobre su sanguche con palta? ¿O el caballo que le pasaron no es suficientemente brioso como para lucirse ante la peuca de verano? Ä„Ah! Ä„Ahora resulta que no le gusta el asado de cordero al palo, tiene que ser cabrito! Ä„No digo yo!
Y usted que está calladito y calladita ahí, ¿constató que al «buey viejo, pasto tierno»? Ä„Ojo, no se confundan, porque las cosas no son tan simples, Carmona: «la fruta más madura es más dulce»! Consejo «unisex».
Y la mejor receta contra la insolación: caña de vino blanco, un par de aspirinas y a la cama. Mejórese primero, y después aplíquese un sudor de pecho.
Mientras tanto yo también me busco mi acomodo y compensación: me meteré en el mismo sofá con mi peuca, tapaditos con una preciosa manta de lana que ella misma tejió pa su pior es ná, y veremos una película que a Chile llegará mucho más tarde, huichi pirichi.
Fraternalmente, El Picao.
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*Nelson Villagra es actor. Reside en Montreal, PQ.
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