Ay Carolina, ¿estaremos frente a un femicidio?
¡Ay Carolina, ojalá no estés al borde de un femicidio! Para evitarlo será indispensable abandonar el extremismo ideológico y las campañas del terror, como aquellas que anuncian que el fin del lucro es el fin de las escuelas particulares-subvencionadas y de la libertad de enseñanza.
No sólo es la mejor evaluada del gabinete, Carolina Schmidt es también la ministra que logró concretar el proyecto estrella del gobierno: el postnatal de seis meses. Lo hizo dialogando y negociando. Negociando en serio, es decir, modificando todo aquello que en un momento hacía imposible sacar adelante aquella ley porque su orientación o su letra chica no daban con el consenso.
¿Podrá hacer lo mismo en el ministerio de Educación? La tarea es cuesta arriba. El desafío es muchísimo mayor, no sólo porque estamos al final y no al comienzo del gobierno, no sólo porque en un año electoral las fuerzas políticas tienden a diferenciarse, sino sobre todo, porque hay pocas materias en que los distintos modelos de desarrollo chocan tan claramente como en la educación.
Cuando se exige fin al lucro no se trata de un slogan o de un problema semántico entre quienes lo entienden como un simple beneficio y quienes consideran que lucrar —tal como lo señala la Real Academia Española de la Lengua— es “sacar provecho de un negocio”, éste es el núcleo de la discrepancia entre dos visiones divergentes. Mientras unos creen en el mercado de la educación y consideran legítimo obtener utilidades de una escuela, un instituto de formación o una universidad, otros en cambio, consideran que la educación es un derecho y un bien público y no puede ser parte de una transacción mercantil.
[cita]¡Ay Carolina, ojalá no estés al borde de un femicidio! Para evitarlo será indispensable abandonar el extremismo ideológico y las campañas del terror, como aquellas que anuncian que el fin del lucro es el fin de las escuelas particulares-subvencionadas y de la libertad de enseñanza. [/cita]
Desde hace años la clase política viene haciéndole el quite a esta discrepancia ideológica que está en el centro de la profunda crisis que enfrenta la educación. Para avanzar en un camino de soluciones es indispensable encarar esta realidad.
¡Ay Carolina, qué escenario tan difícil! Pero teniendo conciencia de lo que está en juego se podrá comenzar a negociar. Insistir en que hay que concretar lo que el ex ministro Harald Beyer dejó pendiente es simple voluntarismo.
Un proyecto clave de los que Beyer dejó en el Parlamento es el de la Superintendencia de Educación Superior. Este sólo podrá prosperar con una modificación sustantiva, tal como ocurrió con la propuesta original del postnatal de seis meses. Sin embargo, esta vez la discusión no se zanjará sólo en Hacienda, definiendo cuántos recursos más se invierten para salir del estancamiento, ahora habrá que convencer a dos bandos que piensan distinto, que se juegan en esto un proyecto de desarrollo para el país. La igualdad, la integración, la paz social están íntimamente ligadas a las oportunidades que ofrece el sistema educacional.
Sólo una muestra de la distancia entre las visiones en pugna. El rector de la Universidad del Desarrollo, Federico Valdés, estima que la Superintendencia es un tema que ha sido enarbolado por quienes no creen en la iniciativa privada en educación y piensa que hay que dejar en claro “de una vez por todas, que las transacciones con empresas relacionadas son legítimas cuando se realizan a precios de mercado” (La Tercera, 23 de diciembre 2012). Por su parte, el rector Víctor Pérez, al inaugurar el año académico de la Universidad de Chile, sostuvo este martes que la idea de Superintendencia que está en el Parlamento “lejos de desterrar el lucro, puede legalizarlo” y, como consecuencia, negó la posibilidad de aprobar tal iniciativa.
Ay Carolina, todo indica que la estrategia de dialogar con todos en el Congreso no será suficiente. Si bien en democracia los legisladores son los representantes del pueblo, resulta más que evidente que en este tema la ciudadanía no se siente interpretada por los actuales parlamentarios y no confía en un debate sin la participación de otros protagonistas. La presión de los estudiantes y de otros sectores sociales seguramente seguirá expresándose en las calles, a menos que el ministerio logre abrir nuevos canales de comunicación.
La nueva ministra viene precedida de un prestigio bien ganado por su capacidad de escuchar y de sintonizar con la gente. Cabe preguntarse si podrá hacerlo en este nuevo cargo, desde el cual se desbarrancaron dos ministros hasta el fondo del precipicio, varios salieron mal parados, otros duraron apenas un suspiro y algunos sufrieron incluso agresiones físicas.
Está por verse si el Ministerio de Educación fue un premio a la ministra mejor evaluada del gabinete, si la lanzaron a los leones para que no siguiera eclipsando a otros veteranos de la política o si se optó por una mujer porque 10 meses para esta tarea sólo pueden anunciar fracaso.
¡Ay Carolina, ojalá no estés al borde de un femicidio! Para evitarlo será indispensable abandonar el extremismo ideológico y las campañas del terror, como aquellas que anuncian que el fin del lucro es el fin de las escuelas particulares-subvencionadas y de la libertad de enseñanza.
Si la ministra logra salir incólume de este desafío, la política chilena tendrá Carolina Schmidt por mucho tiempo.
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