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Juventudes Comunistas de Chile: 86 años de historia

por 6 septiembre, 2018

Juventudes Comunistas de Chile: 86 años de historia
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Fundados en 1932, pero con antecedentes en la Federación Juvenil Comunista de 1924, este 5 de septiembre las Juventudes Comunistas de Chile completamos 86 años de lucha, siendo la organización política juvenil de mayor historia en el país y en cuyas filas han luchado cientos de miles de jóvenes de distintas generaciones, cada una de ellas asumiendo los desafíos propios de cada época pero siempre bajo una búsqueda común; la unidad política y social de la juventud chilena.

En sus primeros años de vida, “la jota” se dispone a la lucha contra el fascismo y empuja la construcción de la “Alianza Liberadora de la Juventud”, convergencia amplia y expresión juvenil del Frente Popular luego triunfante. En este contexto es que el destacamento juvenil de las y los comunistas chilenos se dispone al fortalecimiento de las movilizaciones sindicales y estudiantiles, en el marco del cual se desata la represión en la Plaza Bulnes, donde es asesinada nuestra compañera Ramona Parra. La traición de Gabriel González Videla deparó en la proscripción del Partido Comunista, lo que impuso como desafío de nuestra juventud enfrentar la ilegalidad y bregar por la recuperación de la democracia nuevamente de manera amplia y unitaria.

Recuperada la legalidad, las Juventudes Comunistas desatan su creatividad en un proceso de crecimiento y contribución al movimiento juvenil, destacando el aporte a la cultura popular, al fortalecimiento de las luchas sindicales, estudiantiles y de pobladores y pobladoras, esto último expresado en tomas de terreno que hoy constituyen emblemáticas y populares poblaciones. Nace la gloriosa Brigada Ramona Parra, la cual este año cumple su 50 aniversario y sigue llenando de colores y consignas los muros del país. En este proceso distintas fuerzas políticas y sociales construyen la Unidad Popular, la cual triunfa con Salvador Allende, y en cuya victoria y gobierno participa de manera alegre, creativa y siempre unitaria un contingente de más de 100.000 jóvenes de amaranto conducidos por Gladys Marín.

De esta historia somos herederos y herederas, y su devenir depende de los esfuerzos de las nuevas generaciones de jóvenes comunistas por enfrentar los actuales desafíos. Sin lugar a dudas, al igual como ha sido en toda nuestra historia, la unidad política y social de la juventud chilena seguirá estando en el centro de las preocupaciones de los hijos e hijas de Luis Emilio Recabarren.

Posteriormente, en plena dictadura cívico-militar, y en medio de una cruel y sangrienta persecución con el propósito de exterminar a las y los comunistas, entre otras organizaciones, las Juventudes Comunistas trabajaron por la rearticulación del Partido y posteriormente asumieron de manera plena la política de “rebelión popular de masas” contra la tiranía y por la recuperación de la democracia, engrosando las filas del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) y aportando de manera significativa a la unidad, organización y protesta del movimiento estudiantil y el pueblo chileno, lo que deparó en el plebiscito de 1988 donde, bajo el lema “NO hasta vencer”, la juventud de Recabarren se desplegó por todo el país. Durante 17 años fueron asesinados cientos de comunistas, gran parte de ellos y ellas militantes de “la jota”, a quienes rendimos homenaje como héroes y heroínas por su entrega y lucha democrática.

Terminada la dictadura, y en un difícil momento de repliegue del movimiento comunista internacional, las Juventudes Comunistas se disponen a trabajar por la reconstrucción del movimiento estudiantil y de pobladores, siendo una organización protagonista en las distintas movilizaciones juveniles contra el modelo neoliberal y en favor de la recuperación de derechos sociales. Se desarrollan importantes movilizaciones estudiantiles, destacando las de 1997 contra la Ley Marco de Universidades Estatales, el “mochilazo” del 2001, el movimiento pingüino del 2006 y las movilizaciones del 2011 contra la agenda privatizadora de Piñera y en favor de una educación pública fortalecida, democrática, gratuita y de calidad, lo que devino en un proceso de reformas democráticas cuyos alcances están en pleno desarrollo. La unidad nuevamente jugó un papel importantísimo, destacando los esfuerzos en el marco del Parlamento Social y Político del 2006 y el Congreso Nacional de Educación del 2009.  

De esta historia somos herederos y herederas, y su devenir depende de los esfuerzos de las nuevas generaciones de jóvenes comunistas por enfrentar los actuales desafíos. Sin lugar a dudas, al igual como ha sido en toda nuestra historia, la unidad política y social de la juventud chilena seguirá estando en el centro de las preocupaciones de los hijos e hijas de Luis Emilio Recabarren.

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