Parques públicos, ¿para quién?
Señor Director:
El cierre del Parque O’Higgins para la realización del Lollapalooza vuelve a abrir una discusión necesaria sobre el uso de áreas verdes públicas para eventos privados.
Nadie discute el valor cultural ni económico de un festival de esta magnitud. Sin embargo, el problema aparece cuando uno de los principales parques de Santiago queda cerrado durante varios días (incluso semanas) para su montaje, realización y desmontaje.
Esto ocurre en una ciudad que ya tiene un déficit importante de áreas verdes. Según diagnósticos urbanos recientes, Santiago cuenta con apenas 3,2 m² de áreas verdes por habitante, muy lejos de los 9 m² recomendados por la Organización Mundial de la Salud.
Para miles de personas el Parque O’Higgins no es solo un lugar de paseo ocasional. Es donde se camina, se hace deporte, las infancias juegan y muchas personas pasean diariamente a sus mascotas. Cuando el parque se cierra, ese espacio simplemente desaparece.
Las ciudades necesitan cultura y los municipios también requieren ingresos. Pero en una capital con tan poco verde, la pregunta es inevitable: ¿cuánto espacio público estamos dispuestos a sacrificar para financiar la ciudad?
Porque los parques urbanos no son un lujo: son una necesidad.
Emma Lara Gallardo