Opinión
¿Qué piensa José Antonio Kast de la gratuidad universitaria?
Hay que escuchar lo que Kast no dice, pero su sector sí. Puede evitar hablar directamente de la gratuidad universitaria, pero los centros de estudio que influyen en su programa ya han dicho claramente lo que proponen: reemplazarla.
¿Qué piensa José Antonio Kast sobre la gratuidad universitaria? Aunque el candidato no se refiere explícitamente a eliminarla, su postura puede inferirse a partir de su programa, de su discurso sobre el gasto público y, sobre todo, de las señales que envían los centros de pensamiento que sustentan su proyecto. Esto es relevante porque la gratuidad ha sido una de las reformas más importantes en el acceso a la educación superior en Chile.
La gratuidad universitaria en Chile no fue un regalo del Estado. Fue una respuesta política a las masivas movilizaciones estudiantiles entre 2011 y 2014, las cuales expusieron las profundas fallas de un modelo creado en 1981, durante la dictadura.
Ese modelo de educación superior —basado en autofinanciamiento, competencia sin regulación, expansión privada sin control y endeudamiento familiar— generó múltiples crisis: cierres de universidades, lucro ilegal, endeudamiento excesivo y deserción.
La gratuidad surgió precisamente para frenar estas distorsiones y para corregir una inequidad histórica: que el acceso al conocimiento dependiera de los ingresos y no del mérito o el interés académico.
Aunque José Antonio Kast no ha declarado abiertamente que eliminaría la gratuidad universitaria, los sectores intelectuales y económicos que lo respaldan sí han comenzado a proponer su reemplazo.
La señal más evidente apareció en la columna de Manuel Villaseca, director de estudios de Acción Educar, publicada el 20 de noviembre en El Líbero, bajo el título “A 10 años de su inicio: reemplazar la gratuidad”. Allí se plantea directamente la idea de retirar la política y sustituirla por un nuevo sistema.
Este tipo de planteamientos no son aislados. Diversos centros de estudio de la derecha radical han articulado un discurso común: la gratuidad sería “ineficiente”, “regresiva”, “costosa” y “mal diseñada”. Ese marco argumental, repetido sistemáticamente, busca legitimar su desmantelamiento.
Sin embargo, los datos muestran otra realidad:
- Aumentó la matrícula de estudiantes de menores ingresos.
- El endeudamiento se redujo drásticamente.
- La deserción bajó en instituciones que estabilizaron sus ingresos con la gratuidad.
- Se fortaleció la transparencia y la planificación financiera del sistema.
Más de 600 mil estudiantes estudian hoy bajo esta política pública. Cualquier intento de eliminarla o reemplazarla tendría un impacto masivo en acceso, equidad y estabilidad institucional.
La visión económica de Kast y el riesgo para la gratuidad
Kast ha insistido en que los programas sociales deben recortarse, focalizarse y reorganizarse para “optimizar el gasto del Estado”. Desde esa perspectiva, políticas universales como la gratuidad universitaria tienden a considerarse excesivas o injustificadas.
La conclusión es evidente: si su agenda apunta a reducir el gasto, aumentar la focalización y abrir mayor espacio al financiamiento privado, la gratuidad aparece como un objetivo probable de revisión, ajuste o reemplazo, incluso si no se anuncia de manera explícita.
Por qué estudiantes y universidades deben estar alertas
La amenaza a la gratuidad no llegará con un anuncio directo, sino mediante un proceso discursivo y programático que ya comenzó. Columnas como la de Acción Educar preparan el terreno intelectual para justificar cambios profundos.
Por eso es fundamental que los estudiantes, docentes y comunidades universitarias comprendan lo que está en juego. La gratuidad fue conquistada en las calles y consolidada en el debate público; perderla podría ocurrir de manera silenciosa, si no se presta atención a estas señales.
Hay que escuchar lo que Kast no dice, pero su sector sí. Puede evitar hablar directamente de la gratuidad universitaria, pero los centros de estudio que influyen en su programa ya han dicho claramente lo que proponen: reemplazarla.
Para quienes valoran el derecho a estudiar sin endeudarse, lo importante no es solo lo que Kast afirma, sino lo que se comienza a afirmar en su nombre.
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