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Groenlandia, Trump y el quiebre que espera Putin Opinión

Groenlandia, Trump y el quiebre que espera Putin

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Alberto Rojas
Por : Alberto Rojas Director del Observatorio de Asuntos Internacionales, Facultad de Humanidades y Comunicaciones, Universidad Finis Terrae. @arojas_inter
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Desde Moscú, el Kremlin ha trabajado sistemáticamente para debilitar la cohesión occidental, erosionar la OTAN y tensionar la relación entre Estados Unidos y Europa. Un conflicto por Groenlandia sería un regalo estratégico para Rusia.


La crisis abierta entre Estados Unidos y Dinamarca por el futuro de Groenlandia parecía, hasta hace poco, una excentricidad más de la política exterior de Donald Trump. Hoy ya no lo es. Las declaraciones del presidente estadounidense, afirmando que “no descarta ninguna opción” para tomar control de la isla más grande del mundo, han elevado el conflicto a un nivel estratégico mayor, con implicancias directas para la OTAN, la Unión Europea y el equilibrio de poder en el Ártico.

Groenlandia, territorio autónomo bajo soberanía danesa desde 1721, volvió al centro del tablero internacional tras la operación estadounidense que terminó con la captura del dictador venezolano Nicolás Maduro, extraído de Caracas y trasladado a Nueva York en menos de un día. El mensaje fue inequívoco: Estados Unidos está dispuesto a actuar unilateralmente cuando considera que sus intereses estratégicos están en juego. Y Groenlandia ahora aparece bajo esa misma lógica.

El interés de Washington no es nuevo. En 1946, al término de la Segunda Guerra Mundial, el presidente Harry S. Truman ofreció a Dinamarca US$ 100 millones en oro por Groenlandia. Copenhague rechazó la propuesta, pero Estados Unidos mantuvo presencia permanente en la isla mediante la base aérea de Thule (hoy la base espacial Pituffik), clave durante la Guerra Fría para la detección temprana de misiles soviéticos.

Décadas después, en agosto de 2019, durante su primer mandato, Donald Trump reactivó públicamente la idea de “comprar” Groenlandia. La reacción danesa fue inmediata: la primera ministra Mette Frederiksen calificó la propuesta de “absurda”. Trump respondió cancelando una visita oficial a Copenhague, dando inicio a un deterioro diplomático que hoy vuelve a escalar.

¿Por qué Groenlandia? La respuesta es geopolítica y económica. Desde el punto de vista estratégico, su ubicación es crítica. Groenlandia se sitúa entre América del Norte y Europa, en la ruta más corta entre ambos continentes, y constituye una pieza central del acceso al Ártico, región que el Pentágono considera prioritaria desde la Estrategia de Defensa Nacional de 2018. Además, el deshielo progresivo está abriendo nuevas rutas marítimas y aumentando el valor militar del extremo norte del planeta.

En términos de recursos, Groenlandia posee importantes reservas de minerales estratégicos. Estudios del Servicio Geológico de EE.UU. confirman la presencia de tierras raras –esenciales para la fabricación de imanes, baterías, sistemas de guiado y tecnologías de defensa–, además de zinc, uranio y hierro. En cuanto a hidrocarburos, se estima que existen potenciales reservas de petróleo y gas bajo el fondo marino, especialmente en la cuenca del noreste y del oeste de la isla.

Sin embargo, en 2021 el Gobierno groenlandés prohibió la exploración petrolera y gasífera por razones medioambientales, decisión que Estados Unidos considera reversible bajo un nuevo marco político.

Trump ha sido explícito: Groenlandia es necesaria para la “seguridad nacional” de Estados Unidos. Esa afirmación no solo desafía a Dinamarca, sino que golpea el corazón de la relación transatlántica. Un intento estadounidense (directo o indirecto) de tomar control de Groenlandia supondría el quiebre más grave entre aliados occidentales desde la crisis del Canal de Suez (1956). Dinamarca es miembro pleno de la OTAN y de la Unión Europea; cualquier acción coercitiva contra su soberanía abriría una fractura política y estratégica de consecuencias imprevisibles.

En este contexto, cabe señalar que este es –precisamente– el escenario que Vladimir Putin lleva buscando hace años. Desde Moscú, el Kremlin ha trabajado sistemáticamente para debilitar la cohesión occidental, erosionar la OTAN y tensionar la relación entre Estados Unidos y Europa. Un conflicto por Groenlandia sería un regalo estratégico para Rusia: dividiría al bloque atlántico, desacreditaría el discurso occidental sobre el respeto al derecho internacional y abriría un precedente peligroso en un mundo ya marcado por la ley del más fuerte.

No es casual que esta ofensiva retórica de Trump ocurra tras la captura de Maduro. Washington ha dejado claro que ha entrado en una fase de política exterior basada en esferas de influencia, acción directa y mínima consulta a aliados. Groenlandia encaja en esa lógica: un territorio clave, escasamente poblado –menos de 57.000 habitantes–, rico en recursos y situado en un espacio estratégico donde confluyen Estados Unidos, Rusia y, cada vez más, China.

La pregunta ya no es si Groenlandia interesa a Estados Unidos, sino hasta dónde está dispuesto a llegar Trump para obtenerla. Si la respuesta implica romper con Europa y dinamitar el vínculo transatlántico, el costo histórico será enorme. Y, como tantas veces, el que más sonría desde la distancia será el Kremlin.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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