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Chile y el desafío de saltar con la vara más alta, a propósito de la Casen

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Oscar Navarrete Avaria
Por : Oscar Navarrete Avaria Académico del Departamento de Trabajo Social Universidad Alberto Hurtado.
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la CASEN 2024 nos muestra que somos capaces de saltar vallas altas. La buena noticia es que la pobreza está bajando con estándares más exigentes, pero la tarea para el futuro es no bajar la guardia.


En el atletismo de élite, específicamente en el salto alto, hay una regla de oro: es el propio deportista quien decide a qué altura pone la vara. Puede elegir una altura cómoda para asegurar la marca, o puede autoexigirse y subirla para probar su verdadero nivel. Con la entrega de la CASEN 2024, Chile ha hecho precisamente eso: decidimos subir la vara y, aun así, logramos saltar con éxito.

Sinceramente, hay que valorar la honestidad técnica y la determinación política en este proceso: no nos quedamos en la zona de confort. Al actualizar la metodología de pobreza por ingresos, eliminamos el “alquiler imputado” (ese ingreso imaginario que se les asignaba a los dueños de su casa pero que no es dinero real para comprar pan) y ajustamos la canasta básica que refleja mejor los patrones de consumo, entre otras precisiones. Lo lógico habría sido que, con una vara más alta, el salto fallara. Pero los números dicen otra cosa.

Incluso con esta mayor exigencia, la pobreza por ingresos en el país bajó al 17,3%. Para dimensionar el logro: si miramos hacia atrás con este mismo estándar exigente, Chile logró disminuir la pobreza hasta un 17,3% en esta medición de 2024, es decir, 3,2 puntos porcentuales menos. Es más, para los que dudan del cambio metodológico, si hubiésemos saltado con la “vara antigua”, la pobreza por ingresos hubiera mantenido una tendencia a la baja, con estimaciones de 22,5% en 2017, 28,3% en 2020 y 20,5% en 2022.

Un deportista de alto rendimiento no solo entrena un músculo, sino todo el cuerpo. Por eso, el ajuste en la pobreza multidimensional es tan relevante. Ahora las cinco dimensiones de esta medición (educación, salud, trabajo, vivienda, y redes) tienen el mismo peso: un 20% cada una. Es una medición más equilibrada y técnica. Bajo este estándar, la pobreza multidimensional bajó del 20% al 17,7% (utilizado la metodología anterior, también habría disminuido de un 16,9% en 2022 a un 14,6% en la de 2024).

Mención aparte merece la nueva medida de “pobreza severa”, que hoy afecta al 6,1% de los hogares en Chile. Es el reconocimiento de que hay un grupo atrapado en un nudo de carencias (falta de ingresos más falta de servicios básicos) que requiere una técnica de intervención mucho más sofisticada que una simple transferencia condicionada o bono.

Sin embargo, para ser realmente un país de “alto rendimiento” en lo social, no podemos ignorar lo que pasa fuera de la pista. La CASEN tiene un problema de diseño que es casi un punto ciego: las personas en situación de calle y las familias en campamentos siguen estando, en gran medida, fuera del radar oficial, son ellas y ellos hoy la cara más dura de la pobreza en el país. Mientras no capturemos esa realidad con mucha más precisión, nuestro récord tendrá siempre un asterisco que debería darnos pudor.

Además, persiste un desafío de fondo. Chile todavía se resiste a que la medición multidimensional sea la “oficial”, como ya lo hizo México hace tiempo. Seguir privilegiando el ingreso como la medida reina es quedarse en una mirada un poco antigua, meramente economicista, que probablemente se acentúe con el cambio de ciclo político que viene. El bienestar real no se mide solo por la billetera, sino por la calidad de vida integral. Otra ventaja que tiene la pobreza multidimensional como medida oficial, es que permite salir del trinomio de la actual medición: no pobre, pobre, extremadamente pobre; para avanzar a otras categorías mucho más complejas de pobreza. Por ejemplo, usando nuevamente el caso mexicano, allá tienen 5 categorías: vulnerables por ingreso, no pobre multidimensional y no vulnerable, vulnerables por carencia social, pobreza multidimensional moderada, pobreza multidimensional extrema. Esto hace que la política social se haga mucho más especializada y efectiva al identificar distintos tipos de carencias y necesidades, y poder diseñar e implementar políticas ad-hoc.

Finalmente, hay algo de lo que se habla poco y que es fundamental para la transparencia: la evaluación del impacto. Un saltador profesional sabe que ha logrado saltar la vara por su entrenamiento, no por un golpe de suerte o una racha de viento a favor. En este sentido, los gobiernos tienen la obligación de demostrarnos, con evidencia en mano, que la baja en la pobreza es gracias a las políticas sociales y no solo a movimientos macroeconómicos o al azar del mercado laboral. Asumir que “si el número baja es porque lo hicimos bien” es de una mediocridad que un país que aspira al desarrollo económico, social y cultural no se puede permitir.

En resumen, la CASEN 2024 nos muestra que somos capaces de saltar vallas altas. La buena noticia es que la pobreza está bajando con estándares más exigentes, pero la tarea para el futuro es no bajar la guardia. Un deportista de elite nunca se conforma con la marca de ayer; siempre está mirando cómo subir la vara un centímetro más.

 

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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