Publicidad
Irán y el (in)explicable silencio de la izquierda Opinión BBC

Irán y el (in)explicable silencio de la izquierda

Publicidad
Robert Funk
Por : Robert Funk Doctor en ciencia política. Académico de la Facultad de Gobierno de la Universidad de Chile.
Ver Más

Por fin el presidente Boric se pronunció. Tal vez se dio cuenta que en este caso (como en otros) apoyar a un pueblo luchando por su autodeterminación a veces podría significar incluso estar de acuerdo con Estados Unidos.


En las últimas dos semanas, en su cuenta de X (Twitter), Gabriel Boric ha criticado a El Mercurio, anuncia los conciertos de la Universidad de Chile y critica a líderes que, en tiempos complejos, buscan una forma de mantener relaciones cordiales con Estados Unidos. Recién el lunes 12 apareció una mención a la noticia internacional más importante de las últimas semanas (han sido días de muchas noticias internacionales importantes): el levantamiento en Irán.

El presidente se demoró dos semanas en reconocer que cientos de miles de iraníes reclaman el colapso económico del país, el trato indigno de las mujeres y la mala gestión política del régimen. Todo, muy distinto a la preocupación que transmitió cuando Estados Unidos removió a Nicolás Maduro del poder, o la indignación que mostró cuando Israel respondió a los ataques del 7 de octubre. No debiera sorprender, pues la indiferencia se alinea con la respuesta contenida de la izquierda internacional ante lo que está ocurriendo en el país persa.

En teoría, uno esperaría que la izquierda, con tradiciones arraigadas en la defensa de los derechos humanos y la justicia social, condene energéticamente la represión interna del régimen iraní y su agresión regional. El historial del gobierno iraní en materia de derechos humanos está bien documentado: represión de cualquier disidencia, encarcelamiento de activistas y discriminación contra minorías sexuales y étnicas. En cualquier otro contexto, se esperaría una reacción contundente desde el progresismo. No ha sido así.

El silencio puede, en gran medida, explicarse por lo que Irán y la izquierda global tienen en común. Los lemas de la Revolución Iraní –“Muerte a América” y “Nos encanta luchar contra los sionistas”– no estarían fuera de lugar en un campus universitario occidental. Esto no es casualidad. El principal enemigo de ambos es el liberalismo occidental y la hegemonía estadounidense. Estados Unidos representa, en su cosmovisión, el imperialismo y la explotación, y a Irán lo ven como un contrapeso a la influencia americana en la región y más allá.

El apoyo de Irán al terrorismo, su papel en los atentados en Europa, en apoyar a Hamás y la Yihad Islámica, su participación en el atentado contra AMIA, se consideran nada más que un costo aceptable de una lucha global.

El Director de Inteligencia Nacional del gobierno de Joe Biden advirtió en 2024 sobre la influencia iraní en las universidades estadounidenses, los medios de comunicación y la política. “Los actores del gobierno iraní han intentado aprovechar oportunamente las protestas en curso sobre la guerra en Gaza,” afirmó, “utilizando un manual que hemos visto emplear a otros actores a lo largo de los años. Hemos observado a actores vinculados al gobierno iraní haciéndose pasar por activistas en línea, buscando fomentar protestas e incluso proporcionando apoyo financiero a los manifestantes”.

La lógica de los enemigos compartidos fomenta una paradoja: el silencio de la izquierda internacional se convierte en un apoyo tácito a un régimen fundamentalista religioso que ha pasado décadas promoviendo una agenda radicalmente conservadora, especialmente en lo que respecta a la sexualidad.

Hace 30 años el cientista político Benjamin Barber explicó que las fuerzas de la globalización (liberalismo, democracia, capitalismo) chocaban con aquellos grupos, o “tribus”, en “búsqueda de mundos más pequeños dentro de fronteras que los aparten de la modernidad”. Esto tal vez puede explicar por qué el PC chileno organiza ceremonias para apoyar a sus “mártires” cubanos en Venezuela.

Sin embargo, Gabriel Boric representa otro tipo de izquierda. Por eso ha sorprendido su actitud. En junio, el Ministerio de Relaciones Exteriores no tardó en condenar los ataques al programa nuclear iraní, que lograron detener, por ahora, un programa que tan recientemente como en diciembre del año pasado fue criticado por el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), por no presentar información sobre su arsenal de uranio enriquecido.

Ahora, se estima que cientos, quizá miles de civiles, han muerto durante protestas pacíficas. Por fin el presidente Boric se pronunció. Tal vez se dio cuenta que en este caso (como en otros) apoyar a un pueblo luchando por su autodeterminación a veces podría significar incluso estar de acuerdo con Estados Unidos.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

Inscríbete en el Newsletter +Política de El Mostrador, súmate a nuestra comunidad para informado/a con noticias precisas, seguimiento detallado de políticas públicas y entrevistas con personajes que influyen.

Publicidad