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Irán: cambio o permanencia en tiempos de geopolítica
Algunos analistas observan que lo sucedido en Venezuela tiene similitudes geopolíticas con la situación en Irán. No son iguales, pero riman: dos países rebosando petróleo, afines a Rusia y China y con gobiernos de narrativas hostiles a Estados Unidos.
Alguna gente piensa que Irán es un país que tiene mucho petróleo, localizado en el golfo Pérsico, donde hay camellos y se habla árabe. Lo primero sí; lo siguiente definitivamente no. La población mayoritaria de Irán es indoeuropea y su idioma vernáculo es el farsi. No hay dromedarios, pero sí una vasta cultura milenaria que se puede rastrear hasta el zoroastrismo, por ciertos especialistas considerada la raíz de las religiones abrahámicas (judaísmo, cristianismo e islam), todas la cuales distinguen entre el bien y el mal, la luz y las tinieblas, el cielo y la tierra.
Cuando se trata de política, la confusión puede ser aún mayor. La mayoría de los árabes en el golfo Pérsico son sunitas y viven bajo la hegemonía de casas reales que, en la práctica, son monarquías absolutas, con la salvedad de Bahréin, de mayoría chiita y también de realengo sunita. En este cuadro Irán es una excepción, de mayoría chiita, es decir, fieles a la tradición que reconoce a Alí, el nieto del profeta Mahoma, como representante de Alá en la tierra, bajo el título del primer imán. Toda la teoría política del imanato chiita se basa en la descendencia de Alí (chiat-Ali, los partidarios de Alí).
El chiismo enfatizaba la división entre opresores y oprimidos. Su palabra fue tan convincente en los fieles que todos los imanes chiitas comenzaron a fallecer por causas no naturales. De esa manera, el imanato llegó hasta el undécimo y luego se elaboró la escatología del imán oculto, el duodécimo, que vendrá en los tiempos de juicio final acompañado de Isa (Jesús) a pedir cuentas a los fieles. El chiismo duodecimano es la religión de Irán desde la dinastía Safavi de 1501 y, según la actual Constitución de Irán, el líder supremo es el representante del imán en la Tierra hasta su regreso.
Cuando en febrero de 1979 se alzó la Revolución que depuso a la dinastía Pahlaví, lo que triunfó fue una versión religiosa del ejercicio temporal del poder político desarrollada por el ayatolá Ruhollah Khomeini, en su exilio en Najaf, Irak. Allí formuló el concepto de “Tutela del jurisprudente islámico”, o “Vélayat-e-Faqih”, que reconoce la preeminencia de la ley de dios por sobre los hombres, y es el jurisprudente (o faqih) quien conoce las claves herméticas de la ley religiosa (sharía).
Esto es lo islámico y debajo de lo islámico está la República, que se traduce en elecciones de presidente, Parlamento y concejos municipales. Cabe anotar también que dicha Revolución se documenta como una combinación poco ortodoxa entre chiismo, marxismo e ideas de izquierda. Una parte importante de la Revolución de 1979 estuvo inspirada en precedentes latinoamericanos, la Revolución cubana y aquella con “empanadas y vino tinto”. Y aunque con el tiempo la línea del imán se impuso a los aliados más liberales y de izquierda, quedaron algunos resabios de aquello en la sociedad actual.
El advenimiento de la Revolución de 1979 fue seguido por la agresión de Saddam Hussein, la llamada “Yihad Defensiva”, donde cada palabra tuvo su propio significado. Irán no atacó, se defendió. La confrontación duró entre 1980 y 1988. Como en toda guerra el resultado fue miseria, pobreza y destrucción.
Los registros históricos señalan que el ayatolá Khomeini estaba molesto por no aparecer como claro vencedor. Fue una guerra en que Irán sufrió ataques con armas químicas, como en Sardasht, los que no fueron condenados con nitidez por las potencias occidentales. El enfrentamiento quedó anclado, en el inconsciente local, como aquella “guerra en que los árabes nos atacaron”.
Todos estos antecedentes son útiles para evaluar el momento político actual. La revolución que creó la república islámica de Irán cumplirá, dentro de pocos días, 47 años, con enormes desafíos externos e internos, especialmente en tiempos en que la geopolítica se ha tomado el escenario internacional, relegando al derecho a un lugar marginal, y afincándose con fuerza en aquellos lugares que son parte de la geografía de los así llamados recursos críticos.
Durante todo el 2024 Israel realizó acciones ofensivas contra Irán, que comenzaron en abril, cuando destruyó su Consulado General en Damasco, pasando por el asesinato del jefe político de Hamás en pleno Teherán (Ismail Haniyeh), todo lo cual derivó en octubre en un estratégico ataque sobre Isfahán. Fueron agresiones de ida y vuelta, donde el acuerdo tácito fue no afectar civiles. Stricto sensu, la narrativa iraní encajó bien en la tradición de la legítima defensa.
La guerra de los 12 días, de junio de 2025, fue otra versión de agresión contra Irán, donde los iraníes han declarado oficialmente solo haber usado una parte menor de sus misiles: ni los más avanzados ni los más poderosos. Esta información es complementada por su versión de que los diversos niveles de la defensa aérea de Israel no eran suficientes para mantener la seguridad del perímetro dentro de rangos aceptables en el mediano plazo. En otras palabras, no había suficientes pertrechos para atacar y defender a la vez. Agredir la capital de los iranios fue, además, contraproducente, a la intención israelí de recabar apoyo interno.
Aún así Irán, luego de 47 años de revolución, presenta serios problemas domésticos. Es evidente que las protestas sociales en Irán son una constante que se repite en forma periódica y se soluciona con concesión táctica y luego represión. Por eso, y aun cuando las que comenzaron hace dos semanas sean todavía menores en comparación con aquellas producidas por la muerte de Mahsa Amini, el 16 de septiembre de 2022 –por llevar un hijab (velo) impropio y cuando estaba bajo custodia de la policía–, tienen una cuota adicional de descrédito de la gente con el poder.
Las actuales protestas las comenzaron los bazaaríes, los mismos que no se sumaron a las multitudinarias protestas de Mahsa Amini. Los bazaaríes son la clase empresarial-comercial de un país con 90 millones de habitantes, un apoyo tradicional al Gobierno, que ha reaccionado de una manera distinta ante el retiro de ciertos subsidios en el tipo de cambio, un factor que los afectó, destapando un secreto a voces: la situación económica interna alcanzó niveles críticos y en dos meses el rial se depreció casi 50%. Las sanciones internacionales han ayudado a este deterioro, las que se sienten más en la población de a pie que en las elites.
Los especialistas apuntan a otro factor no menos gravitante: un creciente divorcio entre la elite gobernante y la población, especialmente los más jóvenes que, navegando en sus redes sociales, observan a otros países del golfo Pérsico experimentando un acelerado desarrollo económico. En cambio, los iraníes, que siempre dominaron las ciencias y las artes, la economía, la astronomía y el comercio, permanecen inmersos en una “espiral de lo mismo”, que se percibe por la población como fundamentalmente ideológica, donde los mejores proyectos y trabajos se asignan a los amigos y afines.
Los iraníes tienen un gran poder blando en su cultura milenaria, sus sitios históricos y arqueológicos, sus montañas, que aún no han podido explotar a cabalidad por razones de seguridad nacional.
Los analistas y turistas señalan que Irán es la sociedad más occidentalizada de Medio Oriente, más de lo que lo propaganda permite ver desde esta región del mundo. Su población es muy educada, en general amable y acogedora. Las mujeres ocupan poco más del 50% de las plazas universitarias y trabajan en todos los aspectos de la vida, incluso conduciendo Snap (Uber). Una situación muy distinta a la de ciertas monarquías pro occidentales, donde hasta hace poco ellas no podían manejar ni el auto familiar.
Cuando el reformista moderado Masoud Pezeshkian fue elegido presidente de la República, desplazando a los seis candidatos conservadores, lo hizo declarando que no aplicaría las reglas del hijab. Las noticias incluso informaron que, entonces, estallaron protestas de mujeres en chador (velo de la cabeza a los pies) ante el Parlamento, que al cabo de unos días fueron detenidas y llevadas a las afueras de la ciudad. Pezeshkian nombró tres mujeres en calidad de ministras en su Gabinete, la cifra más alta a la fecha.
Luego de la guerra de los 12 días, las reglas para las mujeres se relajaron aún más y comenzaron a verse conduciendo sus Vespa, sin hijab, sin casco, exhibiendo sus tatuajes. Los informes destacan que la mítica Teherán se ha llenado de cafés donde se escucha a Pink Floyd y los Beatles, en combinación con la música local.
La pregunta entonces es cuál es el futuro de Irán en un mundo dominado por la geopolítica, donde la macrorregión del Medio Oriente y específicamente el golfo Pérsico es uno de los epicentros de esta renovada concepción de mundo, con un líder de la primera potencia occidental que no termina de sorprender con sus decisiones contundentes. Irán cuenta con un Eje de la Resistencia debilitado en Líbano y aún más en Siria, pero hace poco reanudó sus lazos diplomáticos con Arabia Saudita, nada menos que por mediación y en Beijing, para desazón de Estados Unidos. Además, hoy es miembro de la Organización de Seguridad de Shanghái y de los BRICS, ambos con apoyo de sus “amigos” China y Rusia.
Estas membresías son pasos importantes que ofrecen señales de confianza a sus vecinos. Sí, el multilateralismo morigera los ánimos belicosos y ofrecer confianza a los miembros de la comunidad internacional es un requisito sine qua non para avanzar en las relaciones internacionales: ofrecer seguridades y confianza, reconocimiento y predictibilidad.
Lo otro que mutó, insuflando las protestas, es el categórico apoyo de Trump a las mismas, advirtiendo que por la cantidad de muertes ocurridas (alrededor de 600) quizás Estados Unidos tendría que actuar. La invectiva produjo la decisión del Gobierno de Masoud Pezeshkian de ofrecer un diálogo justo con el coloso de este hemisferio. No hay que perder de vista que hoy los moderados están claros: Pezeshkian y su ministro de RR.EE., Aragchi, así como en el pasado lo fueron Rouhani y Zarif.
En esta línea, hace pocos días Trita Parsi, uno de los especialistas internacionales más reconocidos, señaló su extrañeza por el alto grado de violencia de los manifestantes y de la policía en las protestas actuales. Afirmó que muchas personas le han expresado esperanza y miedo. Lo primero, porque alguna forma de cambio es necesaria. Y miedo, porque es una quimera pensar que se pueden evitar los riesgos asociados al presente estado de violencia. El blackout comunicacional que se impuso en la República Islámica resulta ser completamente contraproducente y lo único que hace es alentar más desencanto.
Algunos analistas observan que lo sucedido en Venezuela tiene similitudes geopolíticas con la situación en Irán. No son iguales, pero riman: dos países rebosando petróleo, afines a Rusia y China y con gobiernos de narrativas hostiles a Estados Unidos, países que se sienten atacados por un sistema internacional de doble estándar, pero que al interior gobiernan restringiendo libertades y argumentando que todos los males domésticos tienen un origen externo.
Esto ya no hace sentido y la relativa soledad estratégica de Irán y su gobernanza interna parecen haber sobrevivido a su tiempo. Sin embargo, no hay que menospreciar a los actuales gobernantes iraníes, ya que son personas formadas en la tierra donde se inventó el ajedrez y que de seguro entienden que soplan vientos de cambio. Y como dice Parsi, todo cambio siempre puede ir acompañado del miedo a la incerteza, y este puede ser aquel que paraliza el alma.
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