Opinión
Agricultura y comercio internacional ¿Más de lo mismo?
No estamos leyendo correctamente qué ocurre en el mercado agrícola y alimentario internacional y cómo podemos insertarnos en este escenario en proceso de consolidación. Aun así, pareciera que la receta es insistir en más de lo mismo.
¿Quién cortará el “queque” en el sector agroalimentario? ¿Será la Sociedad Nacional de Agricultura, los gremios o J. A. Kast? Por ahora, tengo la impresión de que tendremos “más de lo mismo”: intentar abrir nuevos mercados y exportar más y más. No veo problema con expandir las exportaciones, pues ello genera nuevos empleos, induce el crecimiento económico y aporta a las arcas fiscales, pero también impacta otras esferas de nuestro desarrollo. Así, parece necesario definir cuáles serán las prioridades de mercados y productos, y cómo se espera hacerlo. Como siempre, la “letra chica” importa.
Hasta ahora, parece haber importantes áreas de coincidencia entre la propuesta presentada por la SNA, en representación de los gremios agroalimentarios, y lo esbozado por el entonces candidato J. A, Kast en Enagro 2025. Al momento de escribir estos comentarios, parecería que los temas de seguridad en áreas rurales, fortalecimiento de la infraestructura y logística de exportación, seguridad hídrica, controles sanitarios, y simplificación normativa, son temas compartidos por los gremios y los “lineamientos” programáticos de J. A. Kast. Pero eso no basta. Todavía no sabemos en qué dirección apunta todo eso, pues, temas como empleo de mano de obra inmigrante o aumento del financiamiento público en algunas propuestas de la SNA, aún parecen “estar en el aire”.
En todo caso, encuentro sorprendente las propuestas de la SNA, en relación a exportaciones agrícolas y alimentarias. Recién parecen notar que el comercio agrícola y alimentario enfrenta desafíos enormes y, al mismo tiempo se “sobrevende” nuestro potencial productor – exportador. Así, las propuestas “quedan muy cortas”, ya que los desafíos que enfrenta el sector requieren una cirugía mayor, radical y dolorosa. Aplaudo, que los gremios reconozcan la necesidad de establecer “… una política comercial internacional agroexportadora definida y proactiva [y que …] esto debe quedar plasmado en un plan o estrategia de corto y mediano plazo, con metas y responsables definidos” (Propuestas, SNA; pág. 41). Sorprendente, ya que hace tiempo dejamos de lado este lenguaje, confiando en que el mercado resolvería estos temas.
Creo erróneo que se “sobrevenda” el potencial productor–exportador, afirmando que las exportaciones nos posicionan “… como líder mundial en la venta de frutas frescas, vinos y productos del mar … “(SNA, pág. 39). No somos una potencia alimentaria; y, por cierto, no lo somos en frutas, excepto en cerezas (#1) y, en este caso. exportamos casi todo a China. En cítricos, nueces, paltas, manzanas y peras, ya no figuramos en “lugares de liderazgo”, y en uvas aparecemos compitiendo en el segundo lugar con China y EE.UU., pero muy por debajo de Perú. A su vez, en las exportaciones de vinos y productos del mar, figuramos sólo como #5 o #6. Bien, pero no somos líderes.
No estamos leyendo correctamente qué ocurre en el mercado agrícola y alimentario internacional y cómo podemos insertarnos en este escenario en proceso de consolidación. Aun así, pareciera que la receta es insistir en más de lo mismo. La SNA indica que “Chile debe continuar su camino de apertura comercial con el mundo, definiendo una estrategia clara que permita aumentar la gama de productos que ingresan a cada país … Junto con profundizar y mantener destinos consolidados, debemos trabajar en apertura de mercados nuevos, como India, ASEAN, Medio Oriente y el norte de África” (SNA, pág. 40).
No debemos ni podemos continuar “haciendo lo mismo”. Necesitamos un cambio de paradigma: priorizar, productos con mayor valor agregado, y sin olvidar sus mercados. Estos mercados no están ni en Asia ni en África. Actualmente, el valor de las exportaciones agrícolas, alimentarias y forestales alcanza un promedio anual de $23.307 millones de dólares y, en su mayoría, son productos de bajo o escaso valor agregados (carnes, productos del mar, y frutas), y hoy su participación alcanza al 65%, comparado con 48%, dos décadas atrás. A su vez, los productos de la agroindustria, y bebidas y vinos -productos que agregan valor a las exportaciones- bajan su participación de 20% a solo 15%. Los países de Asia, África y Medio Oriente no son sus mejores clientes ¿Seguiremos haciendo lo mismo? Si nos decidimos por el cambio, necesitamos una estrategia transparente y objetivos claros y, también, cambios profundos en la institucionalidad pública.
Sorprende la candidez de la propuesta de la SNA, pues el gremio está encabezado por un exministro de Agricultura. Efectivamente, las propuestas deberían emanar de, y estar lideradas por Agricultura, pero para ello, se debe contar con los equipos de profesionales de carrera, que hoy son insuficientes. No bastará con reforzar el trabajo de ODEPA y de Asuntos Internacionales. También se debe terminar con el “pituteo” político y gremial, en los nombramientos de jefaturas de Servicios del Ministerio, y de los Agregados Agrícolas. Si el Ministerio no profesionaliza los nombramientos de sus jefaturas y “eleva” el Departamento de Asuntos Internacionales al de un Servicio, no podrá liderar el proceso y toma de decisiones en el ámbito agrícola y alimentario internacional, coordinándose de manera efectiva con los gremios, los Servicios y Ministerios. Deberíamos transitar al Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación pues sin un Servicio profesional y equipos de trabajo estables, será difícil pensar en estos desafíos, estudiarlos, y proponer e implementar cambios y programas significativos.
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