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La corta vida de nuestras prioridades científicas Opinión

La corta vida de nuestras prioridades científicas

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Felipe Court
Por : Felipe Court Director del Centro de Envejecimiento y Longevidad Saludable U. Mayor y director del Centro de Gerociencia, Salud Mental y Metabolismo GERO.
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Quizás el envejecimiento nos hizo más susceptibles, aunque la evidencia indique lo contrario, o bien estamos cansados de aportar al desarrollo del país sin una hoja de ruta con objetivos claros y con una longevidad de las propuestas insuficiente para enfrentar desafíos complejos.


Mientras Chile acumula cada vez más evidencia del envejecimiento de su población y de los efectos que esto traerá en el futuro, el Ministerio de Ciencia define, en la práctica, que la investigación en esta área no es financiable.

El cambio se volvió evidente cuando ANID cerró el modelo FONDAP, centros en áreas prioritarias definidas por el Estado, y lo reemplazó por centros donde los investigadores “defienden” qué es de interés nacional para ellos. 

Once centros FONDAP con diez años de evaluación internacional se presentaron al concurso 2025 y solo tres fueron renovados. Lo que se pierde entonces es una inversión pública de 68 mil millones de pesos, equipos humanos formados, redes internacionales, capacidades instaladas y trabajo en terreno que no se improvisan. 

Los centros FONDAP fueron evaluados anualmente por un panel internacional de expertos. Debían demostrar capacidad en varias áreas, incluyendo investigación, colaboración nacional e internacional, impacto en políticas públicas, formación de capital humano, trabajo en terreno y extensión. 

A la sorpresa de revisores de otros países ante lo logrado con el presupuesto asignado, los científicos muchas veces contestamos: es que somos “muy eficientes”. Con solo el 0,39% del PIB somos capaces de estar bien arriba en el grupo OCDE, demostrando esa capacidad de optimismo casi delirante de los investigadores en nuestro país.

En estos diez años, GERO (uno de estos centros FONDAP) contribuyó a la especialización de más de 100 PhD en envejecimiento; desarrolló una capacidad real de trabajo interdisciplinario y sostuvo un impacto en políticas públicas con instituciones del Estado, como MINSAL y SENAMA. 

Participamos en la formulación del Plan Nacional de Demencia, en la proyección de clínicas de memoria y en la aplicación sistemática de las Encuestas Nacionales del SENAMA. A nivel municipal, realizamos más de 70 talleres y guías de trabajo que beneficiaron a miles de personas. A nivel internacional, colaboramos con centros líderes en envejecimiento.

Con esta evidencia, quizá debamos preguntarnos por el modo en que el país define, o deja de definir, sus áreas prioritarias. Un vacío donde cientos de investigadores, que por años trabajaron a honorarios, quedan de un mes a otro sin indemnización ni alternativas claras. 

Entonces, ¿cómo avanzamos para convertirnos en ese preciado país del conocimiento? Probablemente la respuesta requiere coordinación intersectorial, para orientar capacidades hacia desafíos reales y medibles. 

Y hablando de futuro, recientemente Congreso Futuro ofreció una cartelera excelente, donde hablamos de longevidad, y donde destacaron premios Nobel y científicos provenientes de países que han sostenido políticas claras y de largo plazo.

Al final, muchos dirán que esta columna es una reacción poco templada ante la pérdida de un concurso, en el que, obviamente, perder es una posibilidad. Pero la reflexión de fondo está en el resultado general: múltiples áreas antes definidas como prioritarias quedaron sin continuidad, incluyendo envejecimiento, cambio climático y ciencias sociales. 

Quizás el envejecimiento nos hizo más susceptibles, aunque la evidencia indique lo contrario, o bien estamos cansados de aportar al desarrollo del país sin una hoja de ruta con objetivos claros y con una longevidad de las propuestas insuficiente para enfrentar desafíos complejos.

 

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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