Opinión
La década que Chile perdió
El modelo se agotó y la década pasada ya se perdió.
La última década económica en Chile fue una década perdida. Entre 2014 y 2024 la productividad prácticamente no creció y estamos terminando el gobierno con el peor desempeño en 35 años. La opción de ser un país desarrollado, simplemente se cerró para esta década. ¿Nos quedaremos tranquilos creciendo a un mediocre 2% o estaremos dispuestos a cambiar el rumbo?
Chile ignoró su propia evidencia. La reducción de la pobreza se explicó históricamente entre 1990 y 2017 en 90% por crecimiento y solo 10% por redistribución. En la última década se intentó distribuir sin crecer. El resultado fue obvio: ni crecimiento suficiente ni mejoras distributivas reales.
En esta fantasía de que la solución es la redistribución, se expandió el Estado. Hoy el empleo público bordea el 20% del empleo total y parece que tenemos más problemas que soluciones: más listas de espera, peor educación pública, fronteras abiertas e inseguridad.
La inversión se frenó por diseño. Abrir un negocio simple como un restaurant puede tardar 12 meses entre permisos y autorizaciones. La educación tampoco ayuda: pregrados largos, mallas desactualizas y una educación técnica subvalorada.
El contraste regional es potente, Argentina, tras un ajuste duro, proyecta en 2025 un rebote cercano al 5%, impulsado por desregulación y corrección de incentivos. No es garantía de éxito, pero confirma algo básico: hay que alinear incentivos.
El camino es claro: reducir el tamaño del Estado y cerrar o vender empresas improductivas (como Aerolínea Argentinas que tras años de pérdidas volvió a ser rentable al privatizarse), abrir las puertas a grandes proyectos de inversión, modernizar la educación, eliminar trabas burocráticas, corregir la doble tributación, eliminar impuestos a ganancias de capital y fortalecer el rol esencial del Estado: justicia, seguridad social y seguridad pública.
El modelo se agotó y la década pasada ya se perdió.
La próxima aún está en disputa, hay que reaccionar con pragmatismo y olvidarnos de ilusiones románticas sobre qué es la economía y entender el rol de los inventivos bien puestos. Y aplicarlos.
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