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La paradoja de la IA: Por qué la conexión humana es la única ventaja competitiva real Opinión

La paradoja de la IA: Por qué la conexión humana es la única ventaja competitiva real

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Francisca Arenas R.
Por : Francisca Arenas R. Ingeniera Civil y MBA, Pontificia Universidad Católica de Chile, Corporate Governance, Institute of Directors (IoD), Reino Unido.
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Al final del día, la pregunta que determinará nuestra resiliencia en un mundo automatizado no es cuántas tareas logramos delegar a una máquina, sino a quién llamaríamos en medio de la noche si nos sintiéramos mal.


Estamos gestionando organizaciones y criando generaciones bajo la creencia de que las relaciones humanas son opcionales o negociables frente a la eficiencia. Esta desconexión no es solo una percepción subjetiva, sino que choca de frente con la evidencia científica más sólida que tenemos.

Durante 85 años, el Harvard Study of Adult Development ha seguido la vida de más de 2.000 personas para entender qué nos hace realmente felices y saludables. La conclusión es demoledora para nuestra cultura del logro: las relaciones de calidad son más importantes para la longevidad y felicidad que los genes, la clase social o el coeficiente intelectual. Robert Waldinger, director del estudio y psiquiatra de Harvard Medical School, lo resume así: “Las personas socialmente más conectadas a familia, amigos y comunidad son más felices, físicamente más saludables y viven más que quienes están menos conectadas”. Los vínculos cálidos no solo nos hacen más felices; literalmente nos mantienen vivos y saludables.

Sin embargo, en pleno 2026, los indicadores de soledad se disparan en sentido contrario. En Chile, el Termómetro de Salud Mental ACHS-UC 2025 revela que el 19% de la población se siente aislada o excluida socialmente, con un aumento de 3 puntos respecto al año anterior. El grupo más afectado está entre 30-39 años, donde uno de cada cuatro (26,6%) reporta sentirse solo. A nivel global, dos de cada cinco personas (41%) se han sentido más solas en los últimos seis meses. Mientras la industria tecnológica intenta instalar la idea de que la inteligencia artificial podría “reemplazar la amistad”, nos encontramos en una encrucijada donde lo que está en juego es nuestra propia esencia humana.

Este riesgo fue precisamente lo que expertos discutieron en el reciente Congreso Futuro 2026, advirtiendo sobre el peligro del “humano disminuido”: aquel que, por comodidad, entrega a la IA facultades críticas como la memoria, la síntesis o la creatividad. Y la ciencia respalda esta preocupación: un estudio publicado en 2025 con 666 participantes demostró una correlación negativa significativa entre el uso frecuente de herramientas de IA y las habilidades de pensamiento crítico.

El fenómeno, conocido como cognitive offloading (descarga cognitiva), muestra que delegar tareas cognitivas a la IA disminuye la capacidad de análisis crítico independiente. Los datos son más preocupantes para las generaciones jóvenes: los participantes de 17-25 años mostraron mayor dependencia de IA y puntuaciones más bajas en pensamiento crítico comparados con grupos de mayor edad

El problema real no es que la tecnología avance demasiado rápido, sino que nuestra capacidad de pensamiento crítico se está desgastando por falta de uso. Al delegar la búsqueda y el análisis en máquinas que procesan datos sin contexto ni ética, perdemos la facultad de cuestionar y decidir con criterio propio. La IA no es peligrosa por su poder, sino cuando quien la usa carece de la profundidad necesaria para contrastar lo que la pantalla le entrega.

Esa misma inercia se replica con exactitud en el mundo corporativo. En nuestra obsesión por automatizarlo todo y celebrar KPIs impecables, hemos olvidado que cuidar las relaciones es como ejercitar un músculo que, si no se trabaja, se atrofia. El mismo estudio de Harvard identificó que “vivir en medio del conflicto es realmente malo para nuestra salud: los matrimonios conflictivos sin mucho afecto resultan muy malos para nuestra salud, tal vez peores que divorciarse”. Podemos tener el mejor stack tecnológico del mercado, pero si nuestros equipos no saben sostener una conversación difícil, si no hay confianza básica o si cada uno trabaja en paralelo mirando su propia pantalla sin conectar con el otro, la estructura carece de cimientos.

Tras 24 años de carrera dedicados a la transformación digital y la IA, he entendido que el verdadero desafío nunca fue tecnológico. La verdadera innovación consiste en usar la tecnología para liberar tiempo y fortalecer lo que nos hace irreemplazables: pensar críticamente y conectar emocionalmente. Y aquí es donde la diversidad se vuelve crítica. Actualmente, solo el 18% de las mujeres se especializan en disciplinas STEM.

Un informe de la Fundación VASS 2025 advierte que la escasez de mujeres en IA está limitando su potencial de crecimiento y equidad, porque la tecnología sin empatía ni diversidad de miradas construye soluciones incompletas y potencialmente peligrosas. Como destacó Milagros Miceli, investigadora reconocida entre las 100 personas más influyentes en IA según Time, en el Congreso Futuro 2026: la IA no es un proceso neutral y debe orientarse por principios de democracia, transparencia y un enfoque humanista que ponga a las personas en el centro.

Como líder y como madre, mi convicción a los 50 años es que el éxito sin conexión es una victoria vacía. Por eso, mi invitación para esta semana es simple pero profunda: busque un espacio para tener una conversación real con alguien de su equipo, sin agenda ni objetivos medibles. Solo pregunte “¿cómo estás realmente?” y escuche de verdad.

Al final del día, la pregunta que determinará nuestra resiliencia en un mundo automatizado no es cuántas tareas logramos delegar a una máquina, sino a quién llamaríamos en medio de la noche si nos sintiéramos mal. Si dudó en responder, tal vez sea el momento de empezar a entrenar ese músculo relacional que, más que cualquier algoritmo, determinará su salud, su felicidad y el verdadero impacto de su liderazgo. La verdadera vanguardia hoy no está en la máquina, sino en recordar qué es lo que nos hace fundamentalmente humanos.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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