Opinión
Pensar con IA
La discusión pública sobre IA en educación suele quedarse en la superficie: qué herramienta usar, qué riesgos evitar, qué prohibir.
Chile ya resolvió una parte relevante del desafío digital. Según la SUBTEL más del 94 % de la población usa internet. La infraestructura está instalada y la conectividad dejó de ser el principal obstáculo. El problema que viene es más silencioso y, por lo mismo, más decisivo: qué hacemos cognitivamente con la tecnología y cómo aprendemos a pensar en un entorno atravesado por inteligencia artificial.
En educación superior empieza a consolidarse una idea clave para abordar este escenario: Inteligencia Digital. No se trata de manejar plataformas ni de adoptar la última aplicación disponible, sino de comprender cómo operan los sistemas algorítmicos, evaluar críticamente sus resultados y usarlos para aprender, trabajar y decidir mejor a lo largo de la vida. El foco se desplaza desde la herramienta hacia el criterio.
Este giro resulta especialmente relevante en un país que envejece con rapidez. El Censo 2024 confirmó que el 14 % de la población chilena tiene 65 años o más, una proporción que seguirá creciendo durante las próximas décadas. Viviremos más años, cambiaremos más veces de trabajo y necesitaremos actualizar capacidades en distintas etapas del ciclo vital. En ese contexto, aprender deja de ser un momento y se transforma en una condición permanente.
La evidencia regional refuerza esta urgencia. El Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial (ILIA 2025) muestra que en América Latina la alfabetización básica en IA casi duplica la formación profesional y cuadruplica el talento altamente especializado, revelando una brecha profunda entre uso cotidiano y capacidades avanzadas. La región adopta rápido, pero aprende lento.
Algo similar ocurre con la inversión. América Latina concentra el 8,8 % de la población mundial, pero recibe apenas el 1,12 % de la inversión global en inteligencia artificial, lo que limita productividad, innovación y equidad si no se compensa desde la formación y el aprendizaje continuo. Al mismo tiempo, la región ya explica entre el 15 % y el 20 % de las descargas globales de aplicaciones de IA generativa, una señal clara de adopción masiva sin el respaldo equivalente en capacidades.
El mundo del trabajo ya está sintiendo este desfase. La OCDE estima que más del 50 % de los trabajadores deberá actualizar o reconvertir sus competencias antes de 2030, impulsados por la automatización y la IA. Aquí la Inteligencia Digital cumple un rol estratégico: permite integrar experiencia, datos y tecnología, ampliando oportunidades para personas mayores y fortaleciendo la participación de mujeres en trayectorias laborales más flexibles y sostenidas.
La discusión pública sobre IA en educación suele quedarse en la superficie: qué herramienta usar, qué riesgos evitar, qué prohibir. El debate de fondo es otro. Cómo formamos personas capaces de pensar con tecnología, sin subordinar su juicio a ella, durante toda su vida.
En una sociedad longeva, digital y en transformación permanente, la educación superior tiene una oportunidad decisiva: convertir la inteligencia artificial en una aliada del aprendizaje continuo, del trabajo con sentido y de un desarrollo más equitativo.
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