Opinión
Archivo (AgenciaUno)
El compromiso de los gobiernos locales contra el cáncer
La prevención del cáncer comienza mucho antes de la atención sanitaria: comienza en la planificación de nuestros territorios y en las decisiones políticas que nos gobiernan.
Cada 4 de febrero, el Día Mundial contra el Cáncer nos invita a una reflexión necesaria sobre esta enfermedad. Una reflexión que no debiera agotarse en el diagnóstico y tratamiento, sin duda relevantes, sino ampliarse hacia la prevención como una cuestión que va más allá de las elecciones personales, comprendiéndola como una responsabilidad social y una construcción colectiva.
La evidencia científica es contundente: cerca de un tercio de las muertes por cáncer se deben a factores de riesgo vinculados a las prácticas de vida, factores que, además, son modificables. El consumo de tabaco, la obesidad, el consumo de alcohol, la baja ingesta de frutas y verduras, así como la falta de actividad física constituyen la hoja de ruta de lo que llamamos prevención primaria. Es fundamental que las personas asuman un rol activo en su bienestar, adoptando hábitos que protejan su biología. Sin embargo, reducir el problema a una lógica de responsabilidad individual y atribuir la carga del riesgo solo a decisiones personales es un error conceptual y ético.
Las decisiones saludables se toman en contextos específicos. No se puede pedir a alguien que camine treinta minutos al día si su barrio carece de veredas seguras o iluminación, ni que mejore su dieta si habita en un “desierto alimentario”, donde lo más accesible y asequible son los productos ultraprocesados. La conducta no se define en el vacío, sino en territorios concretos atravesados por desigualdades sociales, económicas y urbanas.
Por ello, las políticas regulatorias y normativas de nivel territorial cobran un protagonismo vital. El municipio, como el órgano del Estado más cercano a la vida cotidiana de las personas, cumple un rol estratégico en la configuración de entornos que protegen o dañan la salud. Las ordenanzas municipales son, en esencia, potentes herramientas de salud pública.
Una gestión territorial comprometida con la prevención del cáncer debería considerar entornos alimentarios protegidos, mediante la regulación de la oferta en las inmediaciones de escuelas y centros de salud, limitando la publicidad de productos nocivos y fomentando ferias libres y mercados locales que faciliten el acceso a alimentos frescos. Asimismo, estas ordenanzas pueden promover el urbanismo activo mediante el diseño de comunas caminables, redes de ciclovías interconectadas y parques públicos de calidad.
La ciudad de los quince minutos o las ciudades calmas no son solo tendencias urbanísticas, sino estrategias locales de promoción de la salud y reducción de riesgos. Del mismo modo, ampliar las restricciones de venta y consumo de tabaco y alcohol mediante normativas locales que desnormalicen hábitos de riesgo protege especialmente a las infancias y contribuye a modificar patrones culturales nocivos para toda la población.
La prevención efectiva del cáncer requiere un acoplamiento virtuoso entre el esfuerzo individual y la voluntad política. Las estrategias agenciales —como asistir a los programas de tamizaje, realizarse chequeos preventivos y cambiar prácticas— se vuelven mucho más efectivas cuando el entorno actúa como un facilitador y no como una barrera estructural.
Si logramos que las políticas locales aseguren espacios para el deporte, regulen la oferta de agentes cancerígenos en nuestros barrios y reduzcan las desigualdades territoriales, estaremos pasando de la medicina puramente asistencial a una verdadera cultura de la prevención.
En este Día Mundial contra el Cáncer, el Centro para la Prevención y el Control del Cáncer (CECAN), en conjunto con las comunas del Piloto Preventivo, Cerro Navia y San Clemente, hacemos un llamado a las autoridades locales y nacionales: la prevención no puede seguir siendo un discurso abstracto ni una tarea individual, necesitamos medidas que cuiden a las personas y que garanticen entornos dignos.
La prevención del cáncer comienza mucho antes de la atención sanitaria: comienza en la planificación de nuestros territorios y en las decisiones políticas que nos gobiernan.
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