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La sobrevivencia al cáncer digestivo
Chile tiene hoy la posibilidad real de cambiar el curso de los cánceres digestivos, reducir inequidades, evitar sufrimiento innecesario y salvar miles de vidas en las próximas décadas. Hacerlo puede convertirse en uno de los avances sanitarios más relevantes de nuestro tiempo.
Como cada 4 de febrero, la OMS conmemora el Día Mundial contra el Cáncer, una realidad cruda que nos desafía a mejorar como científicos, médicos, Estado y sociedad.
Chile enfrenta una amenaza sanitaria que avanza de manera silenciosa pero sostenida: el aumento de los cánceres digestivos, en particular el cáncer colorrectal y el cáncer gástrico.
Hoy, el cáncer colorrectal se ha transformado en el más frecuente del país, con cerca de 6.800 nuevos casos al año, mientras que el cáncer gástrico mantiene una carga históricamente elevada, con casi 5.000 diagnósticos anuales y una letalidad que lo sitúa entre las principales causas de muerte por cáncer.
Estas cifras reflejan no solo la magnitud del problema, sino también una deuda persistente en prevención, diagnóstico precoz y control de factores de riesgo. A ello se suma una realidad incómoda, pero ineludible: en Chile, las probabilidades de sobrevivir a un cáncer digestivo siguen estando fuertemente determinadas por el nivel socioeconómico.
En los países desarrollados, hace años existen programas preventivos dirigidos a poblaciones asintomáticas, que permiten detectar lesiones precursoras o cánceres en etapas iniciales, cuando los tratamientos son menos invasivos, más efectivos y significativamente menos costosos.
En nuestro país, en cambio, las políticas sanitarias han estado históricamente centradas en el paciente sintomático, es decir, cuando la enfermedad ya se encuentra avanzada. El resultado es conocido: diagnósticos tardíos, tratamientos más complejos y un número inaceptable de muertes potencialmente evitables. Pese a ello, esta historia natural puede y debe ser modificada.
Hace un año, en esta misma fecha, advertíamos desde estas páginas la ausencia de políticas públicas robustas para la prevención y el diagnóstico temprano de los principales cánceres digestivos en Chile. Sosteníamos entonces, que parte de la solución pasaba necesariamente por un trabajo colaborativo y sostenido entre el Ministerio de Salud, las sociedades científicas, las universidades y otros actores públicos y privados. Hoy, con cautela podemos afirmar que ese camino comienza a materializarse.
Durante los últimos años se ha desarrollado un trabajo cooperativo, que ya se traduce en avances concretos: elaboración y actualización de guías clínicas nacionales, levantamiento de información estratégica sobre la capacidad endoscópica del país, diseño de programas piloto de cribado y fortalecimiento del rol de la atención primaria en la detección precoz de estas enfermedades. Todo ello con un foco claro: identificar y tratar oportunamente las condiciones precursoras del cáncer en personas asintomáticas, cortando así la progresión hacia etapas avanzadas y letales.
Este esfuerzo ha sido posible gracias a la conformación de grupos de trabajo interdisciplinarios e interinstitucionales.
Coincidentemente, el país enfrenta un cambio de autoridades, lo que siempre genera legítimas interrogantes sobre la continuidad de los procesos en curso. Hemos manifestado estas aprensiones y recibido una señal clara: la prevención y el control del cáncer deben ser entendidos como Políticas de Estado, que trascienden a los gobiernos de turno. Esa convicción es fundamental y debe ser resguardada.
Chile tiene hoy la posibilidad real de cambiar el curso de los cánceres digestivos, reducir inequidades, evitar sufrimiento innecesario y salvar miles de vidas en las próximas décadas. Hacerlo puede convertirse en uno de los avances sanitarios más relevantes de nuestro tiempo.
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