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Las académicas cuentan con menos tiempo para investigar Opinión Foto Referencial

Las académicas cuentan con menos tiempo para investigar

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La desigualdad en el uso del tiempo obstaculiza el avance de las investigadoras. El progreso en la carrera científica depende de la publicación de artículos, lo que requiere tiempo de investigación.


Las brechas de género en la academia han sido una preocupación generalizada en diversas disciplinas. Es una realidad que ha persistido a pesar de los esfuerzos institucionales por cerrarlas. Nuestra investigación reciente abarca esta problemática y da luces sobre una causante menos conocida: la distribución del tiempo y las tareas dentro de las universidades.

La desigualdad en el uso del tiempo obstaculiza el avance de las investigadoras. El progreso en la carrera científica depende de la publicación de artículos, lo que requiere tiempo de investigación. Pero por diversas razones, las mujeres dedican menos tiempo que los hombres a investigar y más tiempo a tareas administrativas o de docencia. Es decir, realizan menos tareas que fomenten su desarrollo laboral, y más tareas de servicio dentro de las universidades.

Hay evidencia de que esta problemática afecta a las investigadoras en Chile. En el marco de nuestro Fondecyt de Iniciación, realizamos una encuesta en la que participaron 141 académicos y académicas de 12 universidades del CRUCH. Los resultados muestran que las brechas de productividad y de distribución del tiempo son más pronunciadas en las carreras científicas STEM. Las académicas dedican un 11,8% menos de su carga laboral a la investigación y publican un 40% menos de artículos. Por el contrario, en las ciencias sociales y humanidades la carga laboral es más equitativa y no se observan brechas de productividad significativas.

La distribución desigual de la carga laboral opera como un círculo vicioso que alimenta las brechas de género de manera silenciosa. Menos tiempo dedicado a la investigación resulta en una menor productividad, lo que a su vez refuerza los estereotipos negativos de género y genera nuevas barreras para las mujeres. El resultado es un sistema que, aunque parezca igualitario en la superficie, termina excluyendo sistemáticamente a las mujeres de los cargos de mayor jerarquía.

Esta problemática también dificulta la inserción de las mujeres en la academia. En un estudio realizado en colaboración con el economista Mauricio Ribeiro de la Universidad de Bristol, mostramos que la competencia en el mercado laboral académico desincentiva a las universidades a invertir en capital humano. El riesgo de que otros competidores actúen de manera oportunista y atraigan el talento desarrollado hace que las universidades contraten de manera más conservadora. Las mujeres se ven particularmente afectadas por esta dinámica ya que las que logran destacar y publicar en el ambiente hostil de la academia son frecuentemente captadas por la competencia, aumentando su riesgo desde el punto de vista financiero.

Para poder romper este ciclo es importante que las universidades se comprometan con una distribución del tiempo más equitativa. Se requiere mayor transparencia y control, para proteger el tiempo de investigación de las mujeres, y para asegurarse de que las tareas de servicio también las realicen los hombres. Cerrar las brechas de género no se logra simplemente introduciendo cuotas de género, también hay que entregar oportunidades de desarrollo profesional dentro de las instituciones.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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