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La pantalla como campo de batalla: vulneración de derechos y el derecho a la verdad Opinión

La pantalla como campo de batalla: vulneración de derechos y el derecho a la verdad

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Una de las vulneraciones más graves y sistemáticas a nuestros Derechos Humanos en el Chile actual reside en la programación y los contenidos de los canales de televisión abierta


El Origen de esta Investigación

Este compendio documental no nace de la academia teórica, sino de la praxis social y la ética comprometida. Esta investigación fue realizada a petición expresa de mi amigo Guido Gossens, reconocido cura obrero de Talca y defensor incansable de la dignidad humana.

En su diálogo con el Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH), Guido planteó una tesis fundamental que a menudo es ignorada por la tecnocracia: que una de las vulneraciones más graves y sistemáticas a nuestros Derechos Humanos en el Chile actual reside en la programación y los contenidos de los canales de televisión abierta. Él denunció ante el organismo que la ciudadanía está sometida a una información parcial y sensacionalista, diseñada para incitar a la violencia y al miedo, promoviendo paralelamente un estilo de vida basado en el consumo no saludable y el individualismo feroz.

Ante esta denuncia, los representantes del INDH solicitaron “verificadores” o pruebas tangibles que sustentaran esta afirmación. Guido me encomendó la tarea de sistematizar esa evidencia. Lo que sigue a continuación es la respuesta a esa solicitud: la demostración fáctica de cómo la televisión ha dejado de ser un servicio público para convertirse en un factor de riesgo para la democracia y la salud mental de la población.

Prólogo: El secuestro de la verdad y la pantalla como espejo de la distorción

En una democracia sustantiva, el derecho a saber la verdad no es una concesión graciosa del poder, sino la piedra angular de la libertad ciudadana. Sin embargo, al encender la televisión en Chile, no nos encontramos con una ventana al mundo, sino con un espejo cóncavo, diseñado meticulosamente para distorsionar la realidad hasta volverla irreconocible.

La información que aquí se presenta no es una mera opinión; es la radiografía forense de un sistema enfermo. Los estudios de la Universidad de Chile, la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso y la propia Biblioteca del Congreso Nacional convergen en un diagnóstico lapidario: la televisión abierta nacional ha renunciado a su rol público para convertirse en una “industria del miedo”.

La Vulnerabilidad de la Sociedad ante el Abuso Mediático

Es urgente ampliar nuestra comprensión de lo que significa la violación a los Derechos Humanos en la era de la información. La vulnerabilidad de la sociedad chilena hoy no se mide solo por la represión física, sino por la violencia simbólica y psicológica ejercida desde las pantallas.

¿Cómo se gobierna hoy la subjetividad de un pueblo? Ya no se requieren cadenas físicas, basta con saturar la pauta noticiosa de sangre y violencia descontextualizada. Al privar al ciudadano de una información veraz y equilibrada, se le está vulnerando su derecho a la autodeterminación cognitiva. Se le niega la posibilidad de comprender su entorno real, empujándolo a un estado de alerta permanente y estrés crónico. Esta vulneración afecta directamente el derecho a la integridad psíquica y a la salud mental de la población, especialmente de los adultos mayores y niños, quienes son expuestos sin filtro a una narrativa del terror que no se condice con la realidad estadística del país.

Como demuestran los informes de la USACH y el CNTV, existe una disonancia brutal entre los datos reales de victimización y el terror que se respira en los hogares. Esta “dimensión emocional” no es un error de edición; es una estrategia de control social. Un ciudadano asustado es un ciudadano que no reflexiona, que se encierra en su “esteríl esfera” privada y que, paradójicamente, busca alivio en el único escape que la misma pantalla le ofrece: el consumo desenfrenado. Se reemplaza al ciudadano por el consumidor, y a la plaza pública por el centro comercial.

Pero el problema es aún más profundo. La concentración de la propiedad de los medios en manos de unos pocos conglomerados económicos ha transformado el pluralismo en un mito. Lo que vemos no es la diversidad de Chile, sino el monólogo de una élite que protege su status quo. Las voces disidentes, la cultura local, los pueblos originarios y los movimientos sociales son reducidos a anécdotas o, peor aún, criminalizados bajo la óptica del sensacionalismo. Esto constituye una violación al derecho a la identidad cultural y a la libertad de expresión en su dimensión social: el derecho de la sociedad a recibir informaciones y opiniones diversas.

Este compendio de verificadores académicos y estatales actúa como un fiscal ante el tribunal de la conciencia pública. Nos revela que la manipulación informativa es una vulneración sistemática de nuestros Derechos Humanos. Leer estos antecedentes es el primer paso para desactivar el algoritmo del miedo y recuperar nuestra soberanía cognitiva. Es un acto de Civilismo puro: exigir que la pantalla deje de ser una herramienta de adoctrinamiento y vuelva a ser un espacio de verdad, dignidad y cultura.

Bienvenidos a la evidencia de lo que nos han ocultado a plena luz del día.

Verificadores documentales

Para fundamentar esta denuncia ante el INDH, presentamos un fenómeno ampliamente documentado en Chile por la academia y organismos fiscalizadores. A continuación, se detallan los estudios, informes y organismos que respaldan el planteamiento sobre el sensacionalismo, la incitación al miedo y la concentración ideológica en la televisión chilena:

1. Sobre el Sensacionalismo y la “Industria del Miedo”

Informe: “La influencia de los medios de comunicación en los delitos contra la vida” (Universidad de Chile, Facultad de Derecho)

Qué verifica: Este estudio académico aborda directamente cómo los intereses comerciales y políticos influyen en la presentación de la información. Confirma que la cobertura de delitos suele caer en el sensacionalismo, lo que aumenta la sensación de inseguridad y miedo en la población, vulnerando muchas veces la dignidad de las víctimas para generar impacto y rating.

Estudio: “La dimensión emocional en el discurso televisivo” (Consejo Nacional de Televisión – CNTV)

Qué verifica: El propio organismo regulador ha documentado cómo el discurso televisivo utiliza emociones primarias. El estudio revela que las audiencias identifican el “sensacionalismo” como una herramienta de exageración y manipulación recurrente en los noticieros para retener la atención, generando angustia y una percepción del entorno más hostil del que realmente es.

Encuesta y Análisis: “Vivir con miedo” (Data Influye / USACH)

Qué verifica: Análisis de la Universidad de Santiago basado en datos de la encuesta Data Influye. Muestra que un alto porcentaje de chilenos (cerca del 68% en mediciones recientes) considera que los medios de comunicación son responsables directos de la alta percepción de temor en el país, a veces totalmente desconectada de los datos reales de victimización.

2. Sobre la Parcialidad y Falta de Pluralismo (Sesgo Ideológico)

Investigación: “Pluralismo Informativo en la TV abierta nacional” (Pluralismo TV / Fucatel / U. de Chile)

Qué verifica: Este es uno de los estudios más contundentes. Investigadores de la Universidad de Chile y Fucatel han medido empíricamente la falta de diversidad en las fuentes y temas. Demuestran que la pauta noticiosa es homogénea, centralista y que las voces de la sociedad civil o disidentes tienen un espacio marginal frente a las fuentes oficiales, policiales o empresariales.

Informe: “Consumo de noticias y evaluación del periodismo en Chile” (PUCV / Feedback)

Qué verifica: Liderado por la académica Claudia Mellado, este informe anual reciente (2024-2025) revela una segmentación ideológica brutal. Muestra que la gente está dejando de ver noticias (evitación selectiva) precisamente por saturación de temas como delincuencia y crimen, y porque perciben un sesgo que no representa la realidad completa y compleja del país.

3. Sobre la Concentración Económica y Promoción del Consumo

Documento: “Concentración de medios de comunicación” (Biblioteca del Congreso Nacional – BCN)

Qué verifica: Este informe técnico detalla cómo la propiedad de los medios en Chile está concentrada en pocos grupos económicos (como el Grupo Luksic, Bethia, etc.). Al estar en manos de grandes conglomerados, la línea editorial tiende a proteger el status quo económico y promover estilos de vida consumistas, ya que los medios son vistos como unidades de negocio que deben satisfacer a sus avisadores antes que a la ciudadanía.

Denuncias ante el CNTV (Rankings Mensuales)

Qué verifica: Los informes mensuales del CNTV son un “termómetro” ciudadano. Frecuentemente, los programas más denunciados no son de ficción, sino matinales y noticieros, acusados por los propios televidentes de “denigrar la dignidad de las personas”, “desinformar” y “normalizar la violencia”.

Resumen final y conclusiones para el INDH

La evidencia presentada permite concluir que la televisión chilena opera bajo lógicas de mercado que prioriza sistemáticamente el impacto emocional (el miedo) por sobre la calidad informativa y la ética periodística.

Es imperativo que el Instituto Nacional de Derechos Humanos considere esta situación no como un problema de “calidad televisiva”, sino como una vulneración estructural de derechos fundamentales:

Violación del Derecho a la Información Veraz: La ciudadanía recibe una realidad editada y mutilada, lo que impide el ejercicio pleno de la democracia. Sin verdad no hay libertad posible.

Afectación a la Salud Pública: La promoción constante del miedo y la violencia genera patologías sociales, ansiedad colectiva y desconfianza interpersonal, destruyendo el tejido social necesario para la convivencia pacífica.

Incumplimiento del Rol del Estado: El espectro radioeléctrico es un Bien Nacional de Uso Público. Al permitir que los concesionarios utilicen este bien público para desinformar y manipular en función de intereses privados, el Estado está faltando a su deber de garante del pluralismo y la dignidad humana.

Por tanto, tal como lo indicó Guido Gossens, la “verdad” ha sido secuestrada. Recuperarla implica exigir una regulación que ponga los Derechos Humanos por encima de las utilidades comerciales y el rating. La televisión debe volver a ser un instrumento de educación y cohesión, no un arma de guerra psicológica contra su propio pueblo.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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