Opinión
Mujeres y democracia
Si bien existen avances sustantivos en materia de representación, los incentivos para mejorar la participación de mujeres en política requieren estrategias que vayan más allá de lo numérico.
Cuando hablamos de mujeres y su participación en política, en enero pasado se cumplió uno de los hitos más relevantes en materia de consagración de derechos políticos: se aprobó el sufragio femenino en Chile hace 77 años. Con la conquista del sufragio de la mujer se otorga autonomía política y se comienza a producir un cambio en un principio clave de la política, tal es: la creencia que constituye al ser humano.
Porque no basta solo con ser y existir como primer principio político, es fundamental entender que la “creencia” que circunda al individuo, se caracteriza por estar compuesta por un entramado de valores, juicios y prejuicios con los que el ser humano se desarrolla a lo largo de su existencia. Bien lo saben las mujeres, quienes hasta antes de votar participaban de la vida política de manera limitada y fragmentada. Si bien se les reconocía cierta capacidad moral, se les negaba la autonomía política y capacidad deliberativa, quedando excluidas de las decisiones fundamentales en los países.
Recordar la conquista de este derecho, es comprender la profundidad política con la que se construyen los cimientos de una democracia sostenible. El voto femenino implicó un cambio en la “creencia” de lo que significa ser mujer en una democracia. Una democracia que reconoce su ciudadanía política, su capacidad deliberativa y de decisión. Al mismo tiempo, la ve como sujeto en un espacio donde puede disputar el poder como cualquier ciudadano. Porque cuando somos capaces de cambiar la creencia, cambiamos la cultura y con ello -por extensión- transformamos la sociedad.
Hoy, las cifras nos muestran que las reglas de paridad son sólidas. La composición del Congreso para el período 2026-2030 muestra que el Senado aumenta de 13 a 16 mujeres, mientras que la Cámara de Diputados evidencia un retroceso marginal de 53 a 52. Una mayor presencia de mujeres en espacios de decisión produce cambios sustantivos en el diseño y desarrollo de políticas públicas más inclusivas, con énfasis en cuidados, con enfoque de género, centradas en la infancia, lo que amplía el debate, enriquece la deliberación parlamentaria y fortalece la democracia.
Si bien existen avances sustantivos en materia de representación, los incentivos para mejorar la participación de mujeres en política requieren estrategias que vayan más allá de lo numérico. Es necesario incorporar incentivos a la participación como programas de capacitación y formación, cambios normativos que regulen la violencia política hacia las candidatas e incentivar el acceso de mujeres a roles estratégicos de toma de decisión, especialmente, en espacios de poder que históricamente han sido ocupados por hombres.
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