Publicidad
Cables Submarinos y la Punta del Iceberg Opinión

Cables Submarinos y la Punta del Iceberg

Publicidad
Francisco Castañeda
Por : Francisco Castañeda Economista de la Universidad Central de Chile Centro de Política Internacional - CEPI UCEN.
Ver Más

Esta disputa entre las dos superpotencia por el cableado submarino es solo la punta del iceberg de una lucha mucho más frontal y directa, la que se apacigua de vez en cuando para volver a emerger.


La reciente noticia de cancelación de visas a tres funcionarios del Ministerio de Transporte y Telecomunicaciones (incluido el ministro Juan Carlos Muñoz) señaliza un acto hostil de parte del gobierno de Trump el cual está en su pleno derecho a ejercer así su soberanía. En la misma línea, el delfín de Trump, Marco Rubio, señala en un comunicado del Departamento de Estado, que: “ha tomado medidas para imponer restricciones de visado a tres funcionarios del Gobierno chileno que, a sabiendas, dirigieron, autorizaron, financiaron, prestaron un apoyo significativo y/o llevaron a cabo actividades que comprometieron infraestructuras críticas de telecomunicaciones y socavaron la seguridad regional en nuestro hemisferio” (sic). Como se ha señalado, el proyecto de cable China-Chile Express, impulsado por China Mobile, de Valparaíso a Hong Kong, estaba analizándose independiente del origen nacional de los inversionistas, que es el marco jurídico sobre el que se asienta este principio.  Se ha conocido recientemente que había avances significativos para su plena tramitación, así como retrocesos y chequeos para seguir adelante en el mismo. Paralelo a esto, ha existido también contra el cable Chile-China Express, un férreo lobby del embajador de EE.UU, Brandon Judd. 

Lo que debe quedar claro para las autoridades norteamericanas (no sólo en el papel) es que Chile es una economía abierta, que no distingue en el origen de los inversionistas, y que esta apertura global reconocida incluso ya por gran parte de la izquierda chilena es parte del activo país. Fortalecer la confianza con el socio norteamericano (en defensa, en inversiones, en comercio y en asegurar reglas claras para asignar grandes proyectos independiente de la nacionalidad del proveedor) es tan vital como asegurar a China una posición expectante en los megaproyectos que nuestra economía ofrece (cables submarinos, concesiones, infraestructura, electricidad, etc.). La llamada “autonomía estratégica” es algo que el nuevo gobierno de Kast debe reivindicar para no dañar la estructura económica de nuestro país, con efectos adversos en empleo, innovación, cooperación internacional y exportaciones. Esto es en todo caso lo contrario a lo que hace Trump en EE.UU con su guerrilla arancelaria sin cuartel. Numerosos estudios señalan que los aranceles han significado más costos para las empresas norteamericanas, y que incluso Trump logró lo imposible que es aumentar las importaciones de aquellos productos cuyo arancel estaba destinado a reducirlas, y además el voluminoso déficit comercial norteamericano entre 2024 y 2025 casi ni se movió. El reciente dictamen de la Corte Suprema norteamericana señaló que estos aranceles del 10% eran ilegales, y al mismo tiempo Trump enfadado y ocupando otro subterfugio legal, aplicará un 15% de tasa arancelaria global (aparentemente la ha vuelto a reducir al 10%), lo cual ha generado malestar en la gran mayoría de las economías del mundo. Incluso la Union Europea que estaba ad-portas de firmar el tratado comercial con EE.UU, lo dejó a la espera dada la imposición de este arancel global de Trump del 15% y por los pocos grados de certidumbre jurídica evidenciados hasta ahora. Por su parte, para países como Chile esto es puro ruido e incertidumbre con lo cual ya hay gran preocupación en la industria de la fruta, del salmón y otros sectores productivos. Para Chile, China es un socio comercial más relevante que EE.UU y por tanto el nuevo gobierno de Kast debe manejar con excesiva prudencia también la relación con este país. Aquí un punto interesante de intersección en esta discusión es como los grupos empresariales nacionales, incluido el grupo Luksic (de cuya matriz viene el entrante ministro de Relaciones Exteriores Francisco Pérez Mackenna) han incursionado en el mercado chino hace décadas (en exportación de cobre y minerales críticos, en logística, en transporte) siendo este mercado una parte relevante de los ingresos de estas compañías. En el caso de Antofagasta Minerals (del Grupo Luksic), China es el principal destino del cobre que exporta esta empresa, y además posee acuerdos comerciales que facilitan su fundición y refinación en el gigante asiático.  El nuevo Ministro Pérez Mackenna debería por tanto aquí volcar su experiencia empresarial para mantener a Chile aislado de cualquier acto de presión indebida siendo los principios de no discriminación comercial y de soberanía los que deberían impulsar el actuar del gobierno entrante. Lo que ha comenzado como una presión en la infraestructura critica, podría expandirse a otros sectores en esta lógica de Trump de expulsar a las potencias extranjeras (léase China) del hemisferio occidental del cual EE.UU y Trump es el llamado a proteger y vigilar.

Ciertamente, como veremos a continuación, los cables submarinos son infraestructura critica y tienen especificidad geopolítica alta envergadura, pero nada garantiza que el día de mañana Trump en esta obsesión contra China ponga presión sobre nuestros minerales críticos, la agricultura, etc. 

El debate en torno al cable submarino que eventualmente podría unir Valparaíso con Hong Kong ha sido presentado en términos binarios: o se trata de una iniciativa estratégica para la inserción digital de Chile en Asia, o bien de un proyecto “completamente innecesario” frente al avance del Humboldt Cable hacia Australia. Humboldt Cable, es una alianza pública-privada en la que participa la empresa norteamericana Google y que ha tenido el apoyo del Ministerio de Transporte y Telecomunicaciones, lo cual significa que el gobierno de Chila aspira a tener una  infraestructura digital más diversificada y basada más en reglas y controles que basada en la nacionalidad de los oferentes. 

Sin embargo, esa dicotomía (cable China-Chile Express vs Humboldt cable) simplifica en exceso un problema que, en realidad, es técnico, económico y geopolítico a la vez. La afirmación de que lo razonable era llegar a Australia porque desde allí hay cinco a siete cables hacia distintos puntos de Asia es correcta desde la lógica de redes. Sydney opera como un hub relevante del ecosistema Asia-Pacífico, lo que permite diversificar destinos sin necesidad de múltiples trazados directos desde Sudamérica. Bajo esa perspectiva, el Humboldt Cable representa una decisión coherente: maximiza conectividad, aprovecha economías de red y reduce riesgos de concentración en una sola ruta. Pero de ahí no se desprende automáticamente que un segundo cable hacia Asia (China) carezca de racionalidad. Dos rutas geográficamente distintas no son meras duplicaciones; son mecanismos de continuidad operacional frente a fallas, cortes accidentales, eventos naturales o incidentes deliberados. La pregunta relevante, por tanto, no es si un nuevo cable repite conectividad, sino si agrega diversidad efectiva de trayectorias, latencia competitiva para ciertos flujos de tráfico y presión competitiva en precios de capacidad.

El problema es que este análisis rara vez aparece en la discusión pública. En su lugar, el debate se desplaza rápidamente hacia la geopolítica: China como riesgo maligno y foráneo, EE.UU como garante de la seguridad hemisférica occidental (léase continente americano en la nueva doctrina Donroe) la que incluso en documentos oficiales señala que EE.UU podrá ejercer acción militar activa, y Chile atrapado en medio de la rivalidad tecnológica global. Reconociendo que los cables submarinos constituyen infraestructura crítica, y por tanto legítimos objetos de preocupación estratégica, convertir la evaluación del proyecto en un juicio de intenciones nacionales (lo que hace Marco Rubio y el embajador Judd) resulta intelectualmente pobre. Ni la nacionalidad del proveedor garantiza seguridad, ni la excluye.

 

Así, la experiencia reciente de la Unión Europea (UE) resulta ilustrativa en este punto. Europa también ha enfrentado dilemas similares en torno a infraestructura digital crítica, particularmente en redes 5G y, más recientemente, en la seguridad y resiliencia de cables submarinos. En vez de adoptar enfoques puramente ideológicos, la UE ha tendido a construir marcos regulatorios ex ante: criterios de proveedores de alto riesgo, exigencias técnicas verificables, diversificación de dependencias y estándares de ciberseguridad comunes. La noción de “autonomía estratégica” europea no ha implicado aislarse de China o de EE.UU, sino reducir vulnerabilidades mediante gobernanza y auditoría.

Esa aproximación ofrece una lección valiosa. El eje decisivo no es quién construye el cable, sino bajo qué arquitectura institucional opera. Control de estaciones de aterrizaje de datos, estándares de seguridad medibles, auditorías independientes, cifrado robusto (de principio a fin) y reglas claras de acceso operativo pesan mucho más que el origen del proveedor (si es chino o no). La discusión, en consecuencia, debería moverse desde la retórica geopolítica hacia el diseño técnico y contractual, en el estilo de la UE. Chile necesita más conectividad internacional, pero también más sofisticación en cómo evalúa estas decisiones. La verdadera soberanía digital no se juega en elegir bandos, sino en imponer estándares. 

Esta disputa entre las dos superpotencia por el cableado submarino es solo la punta del iceberg de una lucha mucho más frontal y directa, la que se apacigua de vez en cuando para volver a emerger. Al autodeclararse Trump el patrono y guardián de América (con énfasis en Latinoamérica), las posibilidades de comerciar con China pueden verse amagadas en el futuro. Esto podría traer mucha inestabilidad al sector exportador chileno y a la economía latinoamericana en general. Así el próximo paso de Rubio podrían ser los minerales críticos y todo aquello que emergerá en esta disputa hegemónica.  Ya el Embajador Judd nos informó que Chile podría perder la Visa Waiver de persistir este tipo de situaciones en las que se produce desalineamiento en lo que exige EE.UU.

En el encuentro Shield of the Americas (Miami), del 07 de Marzo, Kast y Pérez Mackenna según sea el caso, deberían defender el modelo chileno de libre comercio que tanto bienestar ha traído a la población chilena y evitar este arrinconamiento anti-chino que se espera de esta cumbre. Es hora de que el Ministro Pérez Mackenna entre en acción con su conocimiento del comercio global y del mercado chino, y hay que tener claro que en esta reunión Trump tirará el tejo lo mas pasado posible respecto a China. 

Parafraseando a Churchill en esta coyuntura: “una cortina de hierro comienza a caer desde Alaska hasta la Patagonia”. Y esta es la nueva guerra fría entre China y EE.UU.

 

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

Inscríbete en nuestro Newsletter El Mostrador Opinión, No te pierdas las columnas de opinión más destacadas de la semana en tu correo. Todos los domingos a las 10am.

Publicidad