Opinión
El Bayt de Khamenei: la maquinaria invisible que garantiza la supervivencia del régimen iraní
El régimen podría estar en uno de sus momentos más frágiles: protestas continuas, economía destrozada, aislamiento internacional y con un líder deslegitimado que no se atreve a aparecer en público pero, precisamente por eso, el Bayt se ha vuelto más indispensable que nunca en la historia de Irán.
Mientras las protestas estudiantiles sacuden las universidades iraníes bajo el lema «nuestras aulas están vacías porque los cementerios están llenos», y mientras el ayatolá Ali Khamenei permanece invisible desde la Guerra de los Doce Días contra Israel y pasa los días escondido en búnkeres por temor a un asesinato selectivo, la mayoría de los analistas occidentales nos hemos apresurado a hablar de un posible «vacío de poder».
Nada está más lejos de la realidad. En una amplia investigación recién publicada por United Against Nuclear Iran se desmonta esa lectura superficial. Kasra Aarabi, director de investigación sobre el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) y especialista en el aparato militar iraní, y Saeid Golkar, autor del libro Captive Society: The Basij Militia and Social Control in Post-revolutionary Iran (Columbia
University Press, 2015) y profesor en la Universidad de Tennessee en Chattanooga, publicaron el 24 de febrero de este año el reporte Unmasking the Bayt: Inside the Supreme Leader’s Office, the Hidden Nerve Center of the Islamic Republic.
Lo que revelan en el reporte resulta demoledor y esclarecedor a la vez: el verdadero centro de poder no es una persona, sino una institución paralela, secreta y «a prueba de golpes» llamada Bayt (la Oficina del Líder Supremo). El Bayt no es un simple despacho, es un gigante político con más de 4000 empleados en su sede central y más de 40.000 afiliados en todo el país. Sus miembros son los fanáticos ideológicos de máxima
confianza de Khamenei y actúan como una enorme y eficiente red de ojos y oídos del Líder, no solo en la sociedad civil, sino también, y esto es clave, dentro de todas las estructuras del régimen: ministerios, universidades, seminarios, fuerzas armadas y servicios de inteligencia.
Quienes operan el Bayt son los cuatro hijos de Khamenei: Mostafa, Mojtaba, Masoud y Meysam. Destaca el rol de Mojtaba, quien funciona como un «mini Líder Supremo» dentro del despacho de su padre y con un nivel de interferencia estatal del que pocos iraníes fuera de los círculos más cerrados del régimen son conscientes.
La gestión del Bayt es asfixiante y amplia. Su Oficina Militar, dirigida por el general de brigada Shirazi, ostenta la autoridad suprema sobre las fuerzas armadas. Cualquier oficial, incluidos los del CGRI, que aspire a ascender en su carrera necesita la aprobación expresa de esta oficina. Promociones, contrainteligencia, supervisión ideológica, todo pasa por el Bayt. Se trata de un aparato paralelo que ha burocratizado y vigila todas las instituciones estatales para garantizar una lealtad absoluta y reprimir cualquier presunción de disidencia.
Como bien sugieren Aarabi y Golkar, esta estructura transforma al Líder Supremo de un individuo en una institución ya que el Bayt puede funcionar perfectamente aunque Khamenei esté escondido en un búnker o incluso si muriera (otro tema sería la legitimidad de la sucesión). (Reporte disponible en https://www.unitedagainstnucleariran.com/unmasking-bayt-inside-supreme-
leaders-office-hidden-nerve-center-of-islamic-republic).
Es por esta razón que la ausencia pública del Khamenei desde la guerra con Israel no debe ser interpretada como un signo de debilidad o de vacío de poder, sino de una mayor consolidación del control a través de esta maquinaria oculta.
El régimen podría estar en uno de sus momentos más frágiles: protestas continuas, economía destrozada, aislamiento internacional y con un líder deslegitimado que no se atreve a aparecer en público pero, precisamente por eso, el Bayt se ha vuelto más indispensable que nunca en la historia de la teocracia. No es Khamenei como persona quien sostiene el sistema, sino el Bayt como institución quien asegura su permanencia.
Esta es la lección más dura para quienes sueñan con un cambio real en Irán: no bastará con eliminar al Líder Supremo, pues, mientras el Bayt permanezca intacto, el régimen logrará sobrevivir a pesar de la gran deslegitimación que experimenta. La lección que debemos extraer de la investigación de Aarabi y Golkar, (basada en fuentes que hasta ahora solo manejaban algunos servicios de inteligencia) es que hay que ir más allá de las apariencias al hablar de Irán y su futuro. El Bayt no solo es el nervio oculto del régimen, es también la garantía de su durabilidad. Entenderlo no es un mero ejercicio académico, es una condición indispensable para cualquier estrategia que aspire a apoyar al pueblo iraní en su legítima demanda de libertad. Para lograr una transformación profunda, un verdadero cambio de régimen, será necesario debilitar y, en última instancia, desmantelar significativamente esta extensa red paralela de control y esa es una labor muy compleja.
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