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Inclusión declarada, exclusión diseñada: la deuda digital del Estado con la discapacidad Opinión

Inclusión declarada, exclusión diseñada: la deuda digital del Estado con la discapacidad

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José Ignacio Cuadra Verdejo
Por : José Ignacio Cuadra Verdejo Director del Departamento de Diversidad e Inclusión en Charlas Motivacionales Latinoamérica - Promotor de la Inclusión Laboral
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¿Qué exige de verdad la inclusión?  La inclusión no se logra con discursos, anuncios retóricos o cuotas que se mantienen como parches permanentes.


La Ley N° 20.422 sobre Igualdad de Oportunidades e Inclusión Social de Personas con Discapacidad es clara en sus objetivos: asegurar la igualdad de oportunidades, garantizar el ejercicio de derechos y eliminar toda forma de discriminación por razón de discapacidad. En su artículo 3 establece principios fundamentales como vida independiente, accesibilidad universal y diseño universal, que deberían guiar cada política pública, cada servicio y cada plataforma digital.  Sin embargo, a la hora de transformar esa declaración en diseño real, el Estado chileno sigue fallando.

 La digitalización sin accesibilidad

 Sucede que hoy el ciclo completo de procedimientos administrativos del Estado está llamado a digitalizarse por ley, gracias a la Ley Nº 21.180 de Transformación Digital del Estado , que impulsa que trámites y servicios se ofrezcan en formato electrónico.  Pero digitalizar no es sinónimo de incluir.

Mi experiencia lo demuestra. En plataformas como el Servicio de Impuestos Internos, el Registro Civil o BancoEstado, la accesibilidad para personas que usamos lectores de pantalla es tan parcial que muchas funciones —como transferencias o emisión de boletas— se vuelven casi imposibles desde un computador, siendo necesario recurrir a un teléfono móvil para poder avanzar. 

En ChileCompra directamente no logro completar los pasos tras ingresar con Clave Única. La estructura saturada de tablas, botones sin etiquetar y enlaces sin sentido para tecnologías de asistencia convierte el uso en una barrera práctica. Insisto, el problema no es que sea tecnología que no sirve. Es tecnología que no fue diseñada para todas las personas . 

La vulneración sistemática 

Quienes trabajamos en diversidad e inclusión conocemos de sobra la figura del gestor laboral y lo compleja que ha sido su aplicación en la práctica. En ese contexto, cuando quise certificarme laboral a través de ChileValora, descubrí que la plataforma nunca contempló que profesionales con discapacidad visual pudieran querer optar a ese puesto. Ese mensaje implícito es brutal: no solo me ignora como usuario, sino como profesional capaz de contribuir plenamente al trabajo de una organización.

¿Qué exige de verdad la inclusión? 

La inclusión no se logra con discursos, anuncios retóricos o cuotas que se mantienen como parches permanentes. Se logra cuando la accesibilidad digital deja de ser un checkbox y se convierte en parte del diseño de todos los servicios públicos , lo que incluye:

  • Arquitectura de información pensada para tecnologías de ayuda.
  • Formulario y navegación usable con teclado y lector de pantalla.
  • Documentos descargables correctamente etiquetados.
  • Responsabilidades claras dentro de cada institución para asegurar cumplimiento.

Esto exige compromiso político, gobernanza interna y estándares vinculantes que vayan más allá de buenas intenciones. Cuando algo tan básico como obtener un certificado de antecedentes en el sitio web del Registro Civil se vuelve casi imposible usando un lector de pantalla, la brecha deja de ser teórica. Cuando las plataformas digitales no son navegables. Cuando los edificios públicos siguen teniendo barreras de entrada. Cuando la autonomía depende de que alguien más “te ayude”, la vida independiente se transforma en un eslogan y no en un derecho.

Entonces, dónde estamos realmente frente a los nuevos programas y anuncios. No basta con hablar de una nueva Ley de Apoyos y Cuidados si el entorno sigue siendo excluyente. No se trata solo de políticas sociales, sino de diseño de Estado. De cómo se construyen los servicios, las plataformas, las ciudades y los sistemas, pensando desde el inicio en todas las personas.

Ojalá la nueva administración entienda que la inclusión no se resuelve con discursos ni con cuotas permanentes como parche, sino eliminando las barreras que hacen que esas cuotas sigan siendo necesarias. Mientras tanto, yo sigo esperando que algún alma bondadosa me permita terminar de completar mi perfil en la plataforma de Mercado Público, tal como en su minuto alguien me permitió lograr certificarme como gestor.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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