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Boric deja una macroeconomía ordenada, pero sin cambios estructurales Opinión

Boric deja una macroeconomía ordenada, pero sin cambios estructurales

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Roberto Pizarro Hofer
Por : Roberto Pizarro Hofer Economista. exdecano de la Facultad de Economía Política de la Universidad de Chile.
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El presidente Boric deja una macroeconomía ordenada al próximo gobierno, aunque no pudo materializar las transformaciones estructurales que había propuesto.


A poco caminar, su gobierno tuvo serias limitaciones para cumplir con su programa de cambios ante una oposición implacable de la derecha, unida al gran empresariado y sus medios de comunicación.

Hubo también responsabilidades propias. La principal, el haber esperado confiadamente un resultado positivo del nuevo proyecto constitucional, nacido del estallido social, que serviría para respaldar sus reformas. Sin embargo, el proyecto fue rechazado en septiembre de 2022, con apenas 38% de los electores. 

Ese resultado y la condición minoritaria del Frente Amplio en el Congreso obligó al presidente a pactar con un renuente Socialismo Democrático que, disciplinado por el neoliberalismo, no era entusiasta de las transformaciones propuestas.

Así las cosas, los cambios estructurales que apuntaban a desafiar el neoliberalismo no culminaron exitosamente. 

En efecto, la reforma previsional no pudo eliminar el régimen de las AFP y, aunque logró aumentar beneficios a los pensionados, consolidó el régimen en curso, que alimenta con financiamiento generoso a las grandes empresas, en vez de servir como previsión justa a los jubilados.  Tampoco hubo reforma de la salud y el negocio de las ISAPRES permaneció intocado. Y, por cierto, el rechazo en el Congreso a la reforma impositiva cerró las puertas para mejorar la distribución del ingreso y contar con adicionales recursos para el Fisco.  

Por otra parte, el régimen productivo extractivista, base material del neoliberalismo, ha permanecido sin iniciativas sustantivas de industrialización y con olvido de la inversión en ciencia y tecnología.  Habrá que ver si las nuevas áreas productivas, de reciente emergencia, como el litio y el hidrógeno verde, avanzarán hacia procesos manufactureros de transformación o servirán sólo como recursos naturales de exportación, como han sido el cobre, la madera y la pesca. 

Hay que valorar, sin embargo, la Estrategia Nacional del Litio, la que desafía el rol subsidiario del Estado, aunque es de lamentar que, la mayor fuente de litio existente en el país, el salar de Atacama, haya sido entregada en concesión a SQM para su exportación en salmuera, sin condicionarlo a ningún compromiso de transformación que le agregue valor. 

También hay que reconocer que, en el plano social, el gobierno de Boric logró impulsar algunas políticas universales interesantes, que desafían la focalización neoliberal. En efecto, la universalidad está presente en el Sistema Nacional de Cuidados y en el Copago Cero en salud. Lo mismo con el proyecto de Financiamiento para la Educación Superior (FES) que, aunque no se encuentra aprobado en el Congreso, otorga financiamiento público a los estudiantes, reemplazando los créditos del CAE, y con la sala Cuna Universal, de gran beneficio para las madres y la economía, aunque también en discusión en el Congreso. 

A las dificultades propias y ajenas, que obstaculizaron la gestión gubernamental del gobierno, se agregaron nuevos y graves problemas que desplazaron a segundo plano las prioridades transformadoras como la crisis migratoria, una criminalidad inédita y la elevada inflación, heredada del gobierno de Piñera. 

Herencia macroeconómica

El gobierno del Frente Amplio se vio enfrentado a serios desequilibrios. Una economía con crecimiento moderado (2,6%), inflación de 7,2% a fines del 2021, con déficit fiscal de 7,6% del PIB y una deuda pública que se había elevado desde el 28,3% del PIB en el gobierno Bachelet al 36,4%, al finalizar el gobierno de Piñera.

El COVID de los años 2020 y 2021 obligó al país a un duro confinamiento, cierre de negocios y desempleo, y el gobierno de Piñera debió implementar ayudas financieras para mitigar la crisis; pero, paralelamente, el Congreso aprobó por ley retiros sustantivos de los ahorros en las AFP, para que la ciudadanía pudiese enfrentar la pandemia. La demanda se expandió considerablemente, lo que culminó en una elevada tasa de inflación en el 2021. 

El arrastre inflacionario del 2021 y luego la guerra ruso-ucraniana, que afectó las cadenas logísticas de suministros, elevaron aún más los precios, alcanzando más del 14% a fines del año 2022, el primer año de la nueva Administración 

Así las cosas, la política fiscal contractiva del ministro de Hacienda Marcel, junto a las elevadas tasas de interés impuestas por el Banco Central, se concertaron para bajar la inflación y cerrar la inmensa brecha fiscal heredada. Al final del actual gobierno, en enero 2026, la tasa de inflación interanual alcanzó 2,8% anual, ubicándose dentro del objetivo meta del Banco Central. 

En cuanto a la situación fiscal, el déficit efectivo se redujo desde 7,6% del PIB, heredado del gobierno Piñera a 2,8% a fines de 2025, cifra no tan preocupante, si se compara con los déficits sustancialmente mayores en EE. UU. y países, tanto europeos como latinoamericanos. Ahora, respecto de la escandalera por el déficit fiscal estructural del 3,5% del PIB que deja Boric, hay que decir que representa la tercera parte del mismo déficit recibido del gobierno Piñera: un 10,8% del PIB a fines del año 2021 (Consejo Fiscal Autónomo).

Adicionalmente el ajuste fiscal obligó a un aumento de la deuda pública, pero está lejos de ser una preocupación ya que alcanza sólo un tercio del promedio de los países de la OCDE:  hoy es de 43% del PIB, menor al aumento del gobierno de Piñera, cuando creció desde 28,3% al 36,4% del PIB. 

Finalmente, el actual gobierno culmina sus cuatro años con un crecimiento del PIB de 1,9%, superior el crecimiento económico de Bachelet II (1,7%) y menor al de Piñera II (2,6%). 

Las cifras de crecimiento del actual gobierno y de los dos anteriores son inferiores a la expansión económica que vivió el país, hasta el primer gobierno de Piñera. Pero, el agotamiento del crecimiento tiene un carácter estructural y no se arregla con la macroeconomía, sino exige medidas de transformación productiva, con nuevas actividades industriales que se incorporen a la economía y con inversiones sustantivas en ciencia, tecnología e innovación. 

Más allá de limitaciones estructurales, también la excesiva contracción monetaria del Banco Central le pasó la cuenta al crecimiento. Sin embargo, su aumento en 2,4% en el año 2025, la baja inflación, una cartera inversionistas cercana a los 60 mil millones y el récord de exportaciones de 107 mil millones de dólares le entregarán a Kast una economía con viento de cola para su administración.

La economía no se cayó a pedazos, pero tampoco el gobierno de Boric fue la tumba del neoliberalismo. Mientras la macroeconomía mantiene su preponderancia, las transformaciones estructurales están en deuda. 

Kast tiene suerte. Recibirá una macroeconomía saneada, a lo que se agrega una disminución de la pobreza en 3,2 puntos porcentuales, gracias al aumento de la Pensión Garantizada Universal (PGU) y el salario mínimo, durante el gobierno Boric. 

Sin embargo, la sociedad chilena no tendrá la misma suerte. La anunciada rebaja impositiva del programa Kast a las grandes empresas, y la eliminación de las contribuciones a la primera vivienda serán una merma significativa de recursos fiscales. Y, ello resulta complejo porque, paralelamente, se ha planteado una reducción de 6.000 millones de dólares en gastos de gobierno, y en el breve plazo de 18 meses. 

Esa reducción del gasto presupuestario, unido a la disminución impositiva, significará afectar áreas sociales y seguramente terminar o reducir a una mínima expresión los ministerios de la Mujer y Medioambiente. Es lo que se desprende del explícito alineamiento de Kast con la extrema derecha europea, dónde declaró su rechazo al feminismo y al medio ambientalismo (discurso en Bruselas ante parlamentarios de la derecha europea, 04.02.2026). 

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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