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Kast, la “Doctrina Donroe” y el fierro caliente del cable submarino
Más temprano que tarde, la opinión pública, las fuerzas opositoras y más uno que otro empresario se preguntarán por qué Kast y la nueva Cancillería asumieron de manera tan decidida ponerse bajo las órdenes de Washington, actuando no como experimentados diplomáticos, sino como simples lobbistas.
Curiosamente, cuando José Antonio Kast y la Oficina del Presidente Electo (OPE) parecían controlar los ejes de la agenda política ad portas del cambio de mando, el fierro caliente en que se ha convertido el episodio del cable submarino, junto con el ataque militar de Estados Unidos e Israel en contra de Irán, terminaron por agitar las aguas del nuevo “Gobierno de emergencia”.
Conviene recordar que Kast, ya en calidad de Presidente electo, celebró de manera inmediata la agresión militar de Estados Unidos en contra de Venezuela, el pasado 3 de enero. La operación dejó decenas de militares cubanos y venezolanos muertos, además de algunos civiles, y culminó con el secuestro de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, desde su residencia fuertemente custodiada en Caracas.
La manifestación espontánea de miles de inmigrantes venezolanos que salieron a celebrar en las calles de Santiago y otras ciudades la captura de Maduro, sumada a la legitimación mediática que recibió el flagrante ataque imperialista, generaron un ambiente favorable para que Kast se alineara rápidamente con Trump tras la hollywoodense incursión de EE.UU.
Por esos días, la OPE se encontraba recién definiendo los nombres que asumirían en Cancillería. Kast comunicó con algo de retraso la elección de sus ministros el 20 de enero. En Relaciones Exteriores designó al ingeniero de la Universidad Católica y ejecutivo clave del Grupo Luksic, Francisco Pérez Mackenna, una designación similar a la realizada por Sebastián Piñera, quien había optado por el ejecutivo empresarial Alfredo Moreno en su primer mandato, y por el escritor converso Roberto Ampuero, en su segunda administración.
De hecho, Pérez Mackenna y Moreno no solo son cercanos: compartieron redes y formación en la Escuela de Chicago y participaron en el impulso de consultoras que crecieron al alero del mercado instalado por la dictadura durante los años 80. Por su parte, Ampuero –quien acompañó a Piñera en el fallido intento de derrocamiento de Maduro en Cúcuta, en febrero de 2019– fue designado nuevamente este 2026 por Kast, ahora como embajador de Chile ante la ONU.
Así, el equipo de Cancillería se completó a inicios de febrero con Paula Estévez en la Subsecretaría de Relaciones Económicas Internacionales y Raúl Sanhueza en la Subsecretaría de Relaciones Exteriores. Estévez, constructora civil de la Universidad Católica, también es cercana a Pérez Mackenna y proviene directamente del mundo empresarial: fue gerenta general de la Cámara Chilena Norteamericana de Comercio antes de aceptar la invitación. Sanhueza, por su parte, es el único diplomático de carrera del grupo. Cercano a Ampuero, ocupó el puesto de director general de Asuntos Consulares e Inmigración durante el segundo Gobierno de Piñera.
La primera pregunta que surgió al momento de conocer estos nombres –y que hoy ronda como un espectro en las vísperas del Gobierno de Kast– fue la que sigue: ¿está capacitado este equipo de orientación economicista para enfrentar el escenario geopolítico más complejo de las últimas décadas?
Una segunda pregunta que surgió, un poco más incómoda: ¿qué implica para el Estado chileno un diseño ministerial en que Cancillería opera más como consejo lobbista que como cuerpo diplomático? Y finalmente, ¿por qué este diseño se ha alineado de manera tan inmediata y preferente con la estrategia geopolítica de Estados Unidos en desmedro de China y otros competidores?
El fierro caliente del cable submarino
Precisamente, cuando el traspaso de funciones entre la administración saliente de Gabriel Boric y el Gobierno entrante de José Antonio Kast se daba sin mayores sobresaltos, la controversia generada por el proyecto de cable submarino negociado por la empresa estatal China Mobile y el Estado chileno, a través del Ministerio de Transportes y Telecomunicaciones, escaló a un nivel diplomático, implicando una intervención directa del Departamento de Estado.
China Mobile, la compañía más grande registrada en Hong-Kong y uno de los mayores operadores de telefonía móvil del mundo por cantidad de abonados, era además objeto de veto por parte de Estados Unidos.
El 20 de febrero, el jefe de ese departamento, Marco Rubio, difundió un comunicado en el que acusó al Gobierno de Gabriel Boric de “socavar la seguridad nacional”. Y lo hizo públicamente –a través de X–, dando una señal explícita del tipo de dominio que la llamada “Doctrina Donroe” pretende imponer en el “hemisferio”: de Canadá y Groenlandia, pasando por el Caribe, hasta alcanzar el Chile austral.
“La Administración Trump –posteó Rubio– continúa protegiendo la prosperidad económica de Estados Unidos al garantizar la paz y la seguridad en nuestro hemisferio. Hoy, el Departamento de Estado está tomando medidas para imponer restricciones de visa de EE.UU. a funcionarios del Gobierno chileno que están actuando en contra de nuestros intereses y perjudicando la seguridad y la protección regionales”.
La nota de protesta levantada ese mismo día por el canciller Alberto van Klaveren no fue impedimento para que el exagente de patrulla fronteriza recientemente designado embajador de Estados Unidos en Chile, Brandon Judd, persistiera con la crítica al Gobierno de Boric, amenazando al Ejecutivo con la permanencia de Chile en el programa Visa Waiver.
Las declaraciones de Rubio y Judd apuntaron a un objetivo central: frenar el avance de la cooperación entre los capitales chinos y el Estado chileno en un ámbito tan estratégico como las telecomunicaciones y la información digital. Con ello, el Departamento de Estado y la embajada en Santiago fijan una línea demarcatoria nítida, desafiando –esta vez en suelo chileno– a China, principal socio comercial de Chile y de otros países de la región.
En un primer momento, la controversia parecía representar una ganancia para Kast y el Gobierno entrante, especialmente cuando quedaron en evidencia los enredos y desaciertos comunicacionales del Gobierno saliente y de su principal implicado, el ministro de la cartera de Transportes, Juan Carlos Muñoz. Tanto así que el impasse generó un colchón mediático favorable para que Kast no solo se animara a participar de la Cumbre “Escudo de las Américas” organizada por Trump para el próximo 7 de marzo en Miami, sino que también enviara una delegación de la OPE a Estados Unidos para exponer en la mismísima sede de la Cámara de Comercio de dicho país, en Washington D. C.
La delegación expuso el 24 de febrero en la Cámara de Comercio de Estados Unidos. El equipo estaba compuesto por el embajador chileno designado por Kast para aquel país, Andrés Ergas; el futuro jefe de asesores del Segundo Piso de La Moneda, Alejandro Irarrázaval; el principal asesor internacional de Kast, Eitan Bloch, y la futura subsecretaria de Relaciones Económicas Internacionales, Paula Estévez. Fue la presentación oficial de Ergas en Washington D. C., reconocido tanto en Chile como en el país que recibirá próximamente sus credenciales por su participación en negocios asociados a los rubros bancario, inmobiliario, retail y turístico.
Si se trata de salvaguardar los intereses de la soberanía nacional, no se entiende por qué Kast decidió enviar una delegación de Cancillería a la Cámara de Comercio de Estados Unidos cuando Chile se encontraba en medio de un grave impasse diplomático que implicaba, precisamente, una airada reclamación por parte del país del norte. ¿Por qué Kast y la OPE no invirtieron el orden de las preferencias tácticas y se allanaron primero a conocer los detalles de las autoridades chilenas implicadas, antes de cimentar sus vínculos económicos y estratégicos con Estados Unidos?
Cuando parecía todo más o menos controlado para la OPE, el ataque militar lanzado por Estados Unidos e Israel en contra de la República Islámica de Irán, el pasado 28 de febrero, vino a complejizar el proceso de instalación del Gobierno de Kast.
El nuevo equipo de Cancillería, liderado por Pérez Mackenna, no solo tendrá que lidiar con el fierro caliente en que se ha terminado convirtiendo el cable submarino, sino que también tendrá que hacer frente a la decisión de Kast de viajar a Miami el próximo 7 de marzo para sellar públicamente, junto a otros mandatarios de la región, su más completa subordinación y alineamiento con la “Doctrina Donroe”.
Más temprano que tarde, la opinión pública, las fuerzas opositoras y más uno que otro empresario se preguntarán por qué Kast y la nueva Cancillería asumieron de manera tan decidida y transparente ponerse bajo las órdenes de Washington, actuando no como experimentados diplomáticos, sino como simples lobbistas.
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