Opinión
Cable chino: ¿una crisis de fácil despacho?
Lo que para Boric fue su crisis de cierre, para Kast podría convertirse en una crisis de bienvenida.
El proyecto de cable submarino que conectaría Chile con Hong Kong, con participación de la empresa China Mobile, desató la gran controversia del verano. Estados Unidos manifestó su incomodidad de forma categórica y con una sanción bastante explícita, por los riesgos estratégicos que podría implicar una infraestructura digital de esa envergadura en manos de China. Y el tema se instaló de lleno en los patios de La Moneda.
Para la administración Boric, el “cable chino” ha sido el gran tema que ha marcado los últimos días en el poder. No sólo porque ha empañado sus últimas semanas y el traspaso de mando —incluyendo, como guinda de la torta, el impasse entre Boric y Kast en una bilateral que terminó abruptamente— sino también porque dejó en evidencia el poder que ha tenido el PC en el gobierno actual. No es irrelevante que los subsecretarios de Telecomunicaciones y de Defensa sean comunistas. Es cosa de ver las gestiones que, desde ambas carteras, se han hecho para impulsar esta iniciativa, con tiempos y medidas que escapan a otros casos conocidos y recientes. ¿Habrán tenido la misma premura si el cable hubiera sido dirigido, por ejemplo, a Japón o Corea?
Para Kast, en cambio, no parece una crisis grave. No tiene compromiso alguno con el PC y, salvo algunas relaciones comerciales o protocolares con China —como el viaje de Ruth Hurtado a dicho país— todo indica que se cuadrará con la posición de Estados Unidos. De hecho, su último viaje antes de asumir como Presidente será precisamente a ese país, y más encima a una cumbre del trumpismo. La señal política es bastante clara.
Sin embargo, el asunto podría no ser de tan fácil despacho. La última encuesta Cadem señala que un 46% está por continuar con el proyecto, versus un 24% que habla de postergarlo y apenas un 17% que opina que es mejor cancelarlo. Además, cuando se pregunta si Chile debe elegir entre Estados Unidos y China, las posiciones están literalmente empatadas. No hay mayoría contundente para inclinar la balanza hacia un solo lado.
Y eso abre un flanco. Porque buena parte de la ciudadanía entiende que China es nuestro principal socio comercial y que los negocios pueden ir por un carril distinto al de la burocracia. Para muchos, la economía no debiera supeditarse automáticamente a la geopolítica. Ir contra la corriente puede generar un áspero revés contra la opinión pública.
Dicho de otro modo, lo que para Boric fue su crisis de cierre, para Kast podría convertirse en una crisis de bienvenida. Si la ciudadanía percibe que se sacrifica una oportunidad económica relevante en nombre de un alineamiento político, el debate dará mucho de qué hablar. Y entonces, el cable se mantendrá por varios meses como lo que realmente es: un cuento chino.
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