Opinión
¿Está Chile en peligro?
En la mayoría de los tratados de libre comercio que ha firmado Chile a lo largo de las últimas décadas se incluyen cláusulas o capítulos completos relativos a la inversión de un país en el otro.
Chile es el primer productor mundial de cobre y este mineral juega un rol absolutamente relevante al calor de las tecnologías civiles y militares del mundo moderno. Además, le vendemos a China una cantidad grande del cobre producido. Ni en las esferas civiles ni militares de los grandes actores de la pugna geopolítica actual se puede avanzar y estar seguros si no se dispone de un flujo de cobre permanente. Pero la lucha geopolítica contemporánea requiere – para cada uno de los poderosos – no solo tener acceso a la producción de cobre que requieran, sino también asegurarse que los adversarios no estén en la misma situación. Por todo ello, para bien o para mal, en la pugna geopolítica actual nosotros no gozamos de “la importancia de no ser importantes” por lo menos en lo que a cobre respecta.
¿Estamos por ello en peligro de sufrir los mismos dolores y sufrimientos que han sufrido otros países de dentro y de fuera de la región? La verdad verdadera es que todos los países están hoy en día en peligro, pues no hay derecho internacional alguno que pueda proteger a nadie, y los más fuertes se sienten autorizados a hacer lo que quieran. Pero hay circunstancias en cada país que hacen las cosas más fáciles o más difíciles para quien quiera intervenir en sus decisiones políticas y económicas. En el caso chileno, sin posibilidades ni pretensiones de analizar todas esas circunstancias, queremos en el presente artículo solo mencionar una de ellas.
En la mayoría de los tratados de libre comercio que ha firmado Chile a lo largo de las últimas décadas se incluyen cláusulas o capítulos completos relativos a la inversión de un país en el otro. En ese campo se incluyen lo que conoce genéricamente como las “normas de desempeño” que imponen que el gobierno del país receptor de la inversión extranjera no podrá imponer, a las empresas que son protagonistas de dicha inversión, nada respecto a los países de destino hacia donde debe canalizarse la producción correspondiente.
Eso significa, en concreto, que Chile no tiene potestad alguna para decir a quien le vende cobre y a quien no. Eso lo deciden las empresas productoras. Obviamente Chile y su gobierno puede decidir lo que hace Codelco en ese campo, pues es una empresa estatal que produce aproximadamente el 30 % del cobre que produce Chile. Pero el resto de las empresas productoras venden a quien quieran en el mercado internacional.
Por lo tanto, como el destino del cobre está en manos de una mayoría de empresas extranjeras, en su mayoría no estadounidenses, una posible injerencia o presión fuerte, con uso de la fuerza, de la economía y/o de la política, para decidir sobre los destinos del cobre no solo atentaría contra la soberanía de Chile, sino también contra los intereses de empresas australianas, británicas, suizas y canadienses, obviamente defendidas por sus respectivos Estados. Todo ello no solo implica cambiar las leyes internas del país agredido, sino que también cambiar tratados internacionales en los cuales son partes varios otros países, todo lo cual hace la operación un poco más complicada. Todas estas circunstancias pueden apuntar a generar hoy en día un poco menos de probabilidades – pero no una probabilidad igual a cero – de ser agredidos en nuestra soberanía económica y política.
La posibilidad baja de que se use contra nosotros la fuerza pura y dura, no quita que Chile pueda ser objeto de presiones fuertes de tipo financiero, militar, diplomático, comercial, comunicacional o de otras modalidades – por parte de Estados Unidos y/o de las otras fuerzas que son parte de la pugna geopolítica actual – para que cambie sus políticas sobre mil asuntos diferentes de su accionar interno o externo, incluido desde luego lo relativo al cobre.
Todo lo anterior nos obliga a actuar con pies de plomo y pensar en términos estratégicos – y no solo en términos coyunturales – todo lo necesario para defender la soberanía, el cobre y los recursos naturales de Chile. Eso, desde luego, siempre y cuando se desee defender la soberania.
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