Opinión
Simce 2025 y las habilidades amplias
Estos datos debieran ser un llamado de atención en una sociedad que está experimentando un cambio tecnológico cada vez más acelerado, de la mano de la inteligencia artificial.
Los resultados del Simce 2025 muestran que, en términos generales, los aprendizajes en el sistema educativo chileno no muestran mayores novedades respecto de mediciones anteriores. Pero si hacemos zoom a la medición de la Agencia de la Calidad de la Educación, esta dejó señales preocupantes: más del 40% de los estudiantes de 8° básico y 2° medio alcanzan un desempeño insuficiente en matemáticas y, por otro lado, sólo el 15% de los escolares de 4° básico afirman tener interés y disposición a aprender.
Estos datos debieran ser un llamado de atención en una sociedad que está experimentando un cambio tecnológico cada vez más acelerado, de la mano de la inteligencia artificial. Un bajo desempeño en matemáticas y la baja motivación por aprender, significa que una proporción importante de los futuros ciudadanos tendrá dificultades para comprender y dominar las tecnologías y herramientas que marcarán su vida adulta, lo que implica que aumentarán las brechas de oportunidades.
En este escenario, en la discusión pública se tiende a plantear que los conocimientos que mide el Simce son una condición previa para el desarrollo de las llamadas “habilidades amplias” (o para el siglo XXI, para el futuro o educación integral, como también se las conoce) como la creatividad, el pensamiento crítico, la confianza o la proactividad, elementos clave para promover la motivación por aprender.
No obstante, ya lo indicaron los mismos resultados del Simce: aquellas escuelas que logran gestionar adecuadamente las habilidades amplias, como la motivación y el gusto por aprender, alcanzan resultados significativamente superiores que sus pares en ámbitos como lectura y matemática.
Como constatamos en el estudio “Habilidades amplias, de la política educativa a la sala de clases”, que realizamos desde Fundación Reimagina junto a Brookings Institution, que recogió la voz de expertos, servicios locales de educación pública, directivos, docentes y estudiantes, estas habilidades están presentes en forma dispersa y sin claridad en el currículum escolar, lo cual dificulta su incorporación en la práctica docente. Por otro lado, la presión por obtener buenos resultados en pruebas como el Simce lleva a las escuelas a enfocarse en las disciplinas evaluadas, como matemáticas y lenguaje, dejando en segundo plano el desarrollo de las habilidades.
Otro factor que los resultados del Simce nos muestran -y que puede orientar nuestra acción en la materia- es la relación docente-estudiante. El 80% de los niños y jóvenes que participaron en la medición reconocieron que tienen al menos un profesor o profesora que les permite reconocer sus habilidades y los motiva a aprender más.
Así, la pregunta que surge naturalmente es ¿cómo potenciamos la relación docente-estudiante pensando en los desafíos de hoy y mañana? En nuestro estudio identificamos algunas vías para avanzar. Por un lado, es clave insistir en la formación docente enfocada en los desafíos emergentes, al mismo tiempo que generar espacios y condiciones para identificar, apoyar y escalar experiencias innovadoras dentro del sistema escolar.
Abordar estas tareas con sentido de urgencia y colaboración, nos permitirá avanzar hacia una educación que contribuya a que los estudiantes de hoy y los ciudadanos del mañana puedan desplegar todo su potencial.
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