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La rebelión de la humanidad contra las máquinas: ¿un futuro distópico? Opinión Archivo (imagen generada con IA)

La rebelión de la humanidad contra las máquinas: ¿un futuro distópico?

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Carlos Navarrete
Por : Carlos Navarrete Académico Facultad de Ingeniería Universidad de Concepción, Director de Inteligencia Artificial Streamdata, Investigador Núcleo Milenio MEPOP.
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El temor al reemplazo por la inteligencia artificial no es infundado; se percibe cotidianamente, especialmente en zonas alejadas del desarrollo tecnológico. La población observa que, en lugar de mejorar su calidad de vida, la IA reduce sus oportunidades laborales.


Los agentes de inteligencia artificial (IA) habían colonizado casi todos los rincones de la vida laboral, desde las cajas autoservicio de los supermercados hasta la elaboración de estrategias para juntas directivas. Esta automatización trajo consigo despidos masivos y una reducción dramática de oportunidades laborales para recién graduados. La IA incluso se infiltró en terrenos que creíamos exclusivamente humanos: el consuelo psicológico y la búsqueda del amor.

En este contexto surgieron Paul y Jeanne. No solo congregaron a las masas; canalizaron la rabia global. Construyeron la narrativa de que la IA no era progreso, sino la herramienta de una élite corrupta y desconectada, frente a un pueblo virtuoso que debía recuperar su dignidad y sus empleos. Su retórica y la continua reducción laboral debida a los agentes de IA fueron la tormenta perfecta que propició una rebelión transversal en contra de toda tecnología.

En poco tiempo, lograron lo impensable: la desconexión de gran parte de los servidores de las principales empresas como Google y Amazon y una cacería de brujas contra cualquiera que osara utilizar un algoritmo o un aparato tecnológico. Si bien algunos lograron mantener acceso a la IA y tecnología, esa no fue la realidad para la mayor parte de la humanidad.

El resultado fue el retorno forzoso a una era analógica para gran parte de la población. Sin internet y con el hardware convertido en chatarra acumulada en los vertederos, se tuvo que volver a practicar la redacción de informes a mano, a gestionar las finanzas sin Excel y a la tarea de coordinar encuentros sin mensajería instantánea.

Paradójicamente, este cambio no mejoró las condiciones de vida. Al contrario, hubo una reducción en las oportunidades de trabajo debido a la alta especialización de una gran parte de la población y un efecto negativo en indicadores sociales que antes se pensaban resueltos, como la desnutrición infantil y la esperanza de vida, producto de la falta de las tecnologías que permitieron la mejora en esos indicadores.

El régimen de Paul y Jeanne impuso un régimen del terror contra la tecnología. Hubo revueltas y purgas contra cualquier líder que sugiriera reactivar la industria digital y que buscara caminos para aprender a convivir entre la IA y la humanidad. Sin embargo, meses después, la verdad salió a la luz: los mismos líderes que predicaban la austeridad tecnológica redactaban sus discursos con la ayuda de Claude, la IA de Anthropic. Irónicamente, utilizaban los fondos recaudados de la rebelión para pagar la suscripción más avanzada de la misma corporación que juraron destruir.

¿Suena distópico? Quizás no tanto. La literatura científica ya advierte que la innovación tecnológica, a corto plazo, genera perdedores y resentimiento social. La IA cumple con todos los requisitos para convertirse en el enemigo perfecto de los nuevos populismos: es poderosa, invisible y tiene el potencial de aumentar inequidades.

El temor al reemplazo por la inteligencia artificial no es infundado; se percibe cotidianamente, especialmente en zonas alejadas del desarrollo tecnológico. La población observa que, en lugar de mejorar su calidad de vida, la IA reduce sus oportunidades laborales, incumpliendo las promesas originales y democratizadoras de la tecnología.

Si bien proyecciones como las de la consultora Gartner sugieren que para 2030 la IA hará de manera autónoma el 25% de las labores en tecnologías de información, declaraciones como la del CEO de Anthropic, Dario Amodei, afirman que la automatización total de la ingeniería de software está cerca y se proyecta que esta tecnología creará más empleos de los que destruirá a largo plazo.

Sin embargo, en línea con la teoría formulada en 1942 por Joseph Schumpeter,  la sociedad primero debe atravesar el valle de la destrucción creativa. Este periodo de incertidumbre es el terreno fértil para líderes como Paul y Jeanne, dispuestos a capitalizar el miedo al cambio, incluso mientras se benefician secretamente de él.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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