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Déficit fiscal alto y deuda estable: la ilusión del equilibrio fiscal Opinión

Déficit fiscal alto y deuda estable: la ilusión del equilibrio fiscal

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Francisco Castañeda
Por : Francisco Castañeda Economista de la Universidad Central de Chile Centro de Política Internacional - CEPI UCEN.
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La clave para entender esta “paradoja” radica en distinguir entre niveles absolutos y ratios relativos. La deuda pública puede aumentar en términos nominales, es decir, en pesos o en dólares, y aun así, mantenerse estable o incluso disminuir como porcentaje del PIB.


En el debate económico reciente ha surgido una aparente contradicción que ha capturado la atención de analistas, autoridades y medios de comunicación: ¿cómo es posible que, en un año con un déficit fiscal efectivo relevante (2,8% del PIB), la deuda pública como porcentaje del PIB (41,7% del PIB) prácticamente no haya aumentado respecto al año anterior? A primera vista, la lógica parece simple: si el Estado gasta más de lo que recauda, debe endeudarse, y por lo tanto la deuda debería crecer. Sin embargo, la contabilidad macroeconómica es más compleja que esta simple intuición. La clave para entender esta “paradoja” radica en distinguir entre niveles absolutos y ratios relativos. La deuda pública puede aumentar en términos nominales, es decir, en pesos o en dólares, y aun así, mantenerse estable o incluso disminuir como porcentaje del PIB. Esto ocurre porque el indicador deuda/PIB depende tanto del numerador (stock de deuda) como del denominador (PIB nominal). Si el PIB crece con fuerza en términos nominales, puede expandirse al mismo ritmo o más rápido que la deuda, neutralizando su impacto en el ratio. 

El PIB nominal, a diferencia del crecimiento real (PIB real), incorpora las variaciones de precios. No solo refleja mayor producción física, sino también cambios en los precios relativos de los bienes y servicios producidos internamente. En economías exportadoras de commodities, como Chile, este factor es especialmente relevante. Aumentos en los precios de exportación de cobre o litio pueden elevar significativamente el valor del PIB nominal sin que ello se traduzca en presiones equivalentes sobre el IPC. Así, el denominador crece (PIB), y la razón deuda/PIB se modera. De hecho, en el cuarto trimestre 2025 se corrigió al alza el PIB nominal en pesos debido al aumento del precio del cobre lo que juega a favor del gobierno en términos de no empeorar la razón deuda/PIB. Así se redujo en el cuarto trimestre la deuda publica (% del PIB) del 43% al 41,7%.

Otro elemento central es el tipo de cambio. Cuando una parte relevante de la deuda está denominada en moneda extranjera, una apreciación del peso reduce su valorización en moneda local. En términos contables, la deuda “cae” en pesos aun cuando el monto en dólares permanezca constante. Este efecto no implica una mejora estructural de la posición fiscal, pero sí altera la medición del stock y del ratio deuda/PIB. De hecho, un tercio de la deuda pública es deuda externa (soberana)y la caída en el tipo de cambio de los últimos meses ha jugado en favor de Hacienda para mostrar un crecimiento moderado de la deuda pública. 

Además, es necesario tener claro que el déficit fiscal (un concepto de flujo) no se traduce mecánicamente en un aumento equivalente del stock de deuda. Existen amortizaciones, refinanciamientos, variaciones de caja y ajustes de valorización que modifican la trayectoria final. Por ello, evaluar sostenibilidad fiscal exige mirar más allá de un solo indicador. La Dirección de Presupuesto (Dipres) en el Informe de Finanzas Pública del 4T informa estos movimientos financieros: En 2025, Dipres muestra que, a pesar de un aumento de deuda de 25,9 billones de pesos, se realizaron amortizaciones de deuda por 13,6 billones de pesos y correcciones cambiarias por 0,87 billones de pesos (por menor tipo de cambio), con lo cual el cambio neto en el stock de deuda fue de solo 11,4 billones de pesos. O sea, se puede tener déficit efectivo (flujo) y aun así un aumento moderado del stock de deuda, porque parte del financiamiento se va a refinanciar vencimientos, puede haber uso de caja y además hay ajustes cambiarios que en este caso valorizan en menor valor la deuda (por apreciación cambiaria de los últimos meses). También hacer comparaciones entre gobiernos de los niveles totales de deuda pública en pesos transformada a dólares, es un ejercicio muy aproximado y grueso, debido a que el tipo de cambio sufre oscilaciones, y a veces esto juega a “aumentar” o a “reducir” la deuda. Aquí no hay una gestión directa de la administración de la deuda pública por parte de Hacienda, y lo mismo con la corrección al alza del PIB nominal por mejores precios del cobre; estas son variables exógenas que no son de control de la autoridad. 

Pero la lección es clara: la estabilidad de la deuda como porcentaje del PIB no siempre refleja una reducción del endeudamiento (contrario a lo que manifiesta el gobierno de Boric), del mismo modo que un aumento en valores absolutos no necesariamente implica deterioro inmediato (contrario a lo que plantea parte de la oposición y Kast). 

Siendo la discusión anterior muy necesaria, los acentos deberían focalizarse en diseñar un marco ad-hoc para regular y hacer más transparentes las transferencias de Corfo al gobierno o central (en este caso por una errónea proyección de precios del litio), en generar los suficientes ahorros estructurales (debido al alto precio del cobre) para recomponer los escuálidos recursos del Fondo de Estabilización Económico y Social, y en disponer de mejores modelos de proyección de ingresos tributarios no-mineros para evitar sobreestimación de estos como ha ocurrido con el gobierno actual. También debe retomarse el informe que el ex – presidente Piñera encargó a Briones/Vergara respecto al forado fiscal que representan las exenciones tributarias, estimadas por ellos como piso en un 1% PIB. De acuerdo con el exministro de Hacienda (Ignacio Briones), su plan le permitiría al fisco obtener más de US$3 mil millones anuales. Ciertamente, el ciclo económico y el ciclo político actual es diferente que el de aquella época (ahora más pro-crecimiento, antes era pro-tributos focalizados), pero merece al menos una exploración para solventar las cuentas fiscales. También se debe analizar en profundidad si efectivamente el impuesto de primera categoría para los grandes contribuyentes está rindiendo menos, lo que pone una luz de alerta a las reducciones propuestas del impuesto de primera categoría (27%). Cualquier reducción de este impuesto, aunque sea gradual, debe ir aparejada con una reducción proporcional del gasto público para así no empeorar el actual ratio de deuda/PIB. 

Ahora se adiciona el ingrediente de entrada ordenado por el Ministro de Hacienda Quiroz de recorte parejo del gasto del 3% de todos los ministerios, con lo cual teóricamente reduciría el gasto fiscal en 2.500 millones de dólares. Un recorte horizontal de 3% en todos los ministerios puede sonar simple y ordenado, pero no es neutro, porque no todos los ministerios cumplen la misma función ni tienen la misma rigidez presupuestaria. Primero, el déficit fiscal es grande y persistente, por lo que efectivamente el próximo gobierno enfrentaría una restricción real y no podría ignorarla. Segundo, no todos los ministerios pesan lo mismo en el presupuesto ni tienen el mismo margen de ajuste. Un 3% en una cartera con alto componente administrativo no produce el mismo efecto que un 3% en salud, educación o seguridad. Tercero, el recorte parejo transmite una lógica de “planilla Excel”: parece equitativo en apariencia, pero puede generar daño desigual en la práctica. Dichas rebajas requieren en algunos casos negociación, ir al parlamento, discusiones con los gremios, y destrabar rigideces institucionales. 

Ahora con la guerra de Trump y Netanyahu en Irán, la situación en relación con el precio del crudo es bastante inestable. Se advierte que no podemos seguir erosionando la recaudación fiscal, ya que el mecanismo de estabilización de precios d ellos combustibles (MEPCO) opera reduciendo el impuesto específico a los combustibles y si los precios internacionales continúan al alza, puede transformarse además en un subsidio explícito del Estado. Esto empeora aun más la estrecha situación fiscal dejada por el gobierno de Boric y se agrava aun considerando que el costo del MEPCO asciende actualmente acerca de US$ 50 millones semanales.

Sin embargo, no hacer nada y traspasar íntegramente el alza internacional al mercado interno para no tener costo fiscal, tendría efectos negativos inmediatos: mayor inflación, menor crecimiento, aumento de costos para las empresas y una presión alcista sobre las tasas de interés. Más aún si el conflicto en Irán se transforma en un shock de mediano plazo. Pero la gradualidad en el traspaso de precios del mercado externo al mercado local es inevitable, para mitigar el costo fiscal del MEPCO.

Además, el precio del petróleo tiene un impacto sistémico: incide en la UF, el crédito, la inversión y la reactivación. Por ello, suavizar su alza, aunque tenga alto costo fiscal, resulta imprescindible. Por eso es necesario fortalece el MEPCO ahora, porque los impactos negativos sobre la economía serán instantáneos y se amplificarán a toda la economía.

Por tanto, la convergencia fiscal debe ser gradual y realista, reconociendo que el nuevo gobierno comienza con un flujo fiscal negativo de 2,8% del PIB; una tarea no menor.  

 

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  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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