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Litio y la ventana de oportunidad
La Estrategia Nacional del Litio reconfiguró la industria nacional de este mineral, dinamizando el mercado local frente al desafío de duplicar la producción en la próxima década y elevando, al mismo tiempo, los estándares socioambientales de la minería en nuestro país.
En un medio de circulación nacional el biministro de Minería y Economía, Daniel Mas, afirmó que Chile desaprovechó la ventana de precios históricos del litio por temas ideológicos, los cuales definió como “el desarrollo de la empresa privada con libertad en el mundo del litio”. Al respecto, vale la pena precisar algunos elementos.
El panorama de esta industria al inicio del Gobierno del Presidente Boric era muy distinto al que recibió la actual administración. En junio de 2022 la Corte Suprema anuló la adjudicación de los dos contratos licitados al final del segundo Gobierno del Presidente Piñera y, tal como ocurrió con la licitación fallida del 2012, realizada en su primera administración, el desarrollo del litio volvió a partir de cero.
Ese mismo año, en el Salar de Atacama —único salar en producción de Chile— se acercaba el término del contrato de SQM en 2030, y a esto se sumaba la acción de protección acogida por la Corte Suprema por falta de consulta indígena en la asignación de recursos a las comunidades indígenas de dicho contrato.
Este escenario de alta incertidumbre contrastaba con el precio que alcanzó el litio el 2022 y la presión por aprovechar la ventana de oportunidad. Lo que no se dice, con evidente desconocimiento o abierta mala intención, es que para aprovechar esa ventana los contratos debieron haberse firmado varios años antes. Según datos de S&P de 2025, un proyecto de litio puede demorar más de 10 años para transitar desde etapas de exploración hasta la puesta en marcha.
Chile llevaba más de 10 años intentando dinamizar la industria del litio e incorporar nuevos actores, sin resultados satisfactorios.
Frente a este contexto tomamos una decisión clara: el desarrollo del litio debía convertirse en un modelo de desarrollo productivo sostenible, capaz de aumentar la producción y elevar los estándares de la minería. Elevamos la apuesta, porque solo así podíamos pasar de las buenas intenciones a la consolidación de nuevos proyectos mineros.
Esta aspiración se plasmó en la Estrategia Nacional del Litio y, a casi tres años de su lanzamiento, los resultados son evidentes: equilibramos rapidez con efectividad, habilitación de proyectos con participación de los territorios, y desarrollo productivo con cuidado del medio ambiente.
Con la Estrategia Nacional del Litio entregamos certezas para continuar hasta 2060 la explotación del mayor yacimiento de litio del mundo, el Salar de Atacama, ahora con participación mayoritaria del Estado. La asociación entre Codelco y SQM se materializó en la empresa público-privada NovaAndino, que ya cuenta con todas las autorizaciones necesarias. El proyecto mantendrá una producción cercana a las 300.000 toneladas anuales de carbonato de litio equivalente (LCE), y el Estado podría recibir entre US$21.700 y US$48.900 millones en valor presente.
A ello se suman nuevos proyectos en los salares con mayor potencial después del Salar de Atacama: Salares Altoandinos, impulsado por Enami junto a Rio Tinto, con proyecciones de 75.000 toneladas anuales de LCE, y Salar de Maricunga, desarrollado por Codelco junto a la misma empresa, con proyecciones de 55.000 toneladas al año. Además, al término de nuestro mandato, el Ministerio de Minería había ingresado, para su toma de razón, 10 decretos con los requisitos y condiciones de los Contratos Especiales de Operación de Litio para proyectos liderados por empresas privadas.
Pero no solo avanzamos en mayor producción. Impulsamos la extracción directa de litio para reducir el impacto hídrico, creamos el Instituto Nacional de Litio y Salares para fortalecer el conocimiento geocientífico y tecnológico, cerramos 11 procesos de consulta indígena con más de 90 acuerdos y firmamos los primeros decretos para la creación de la Red de Salares Protegidos. Estos últimos, lamentablemente han sido retirados por el nuevo gobierno para su evaluación. Con ello establecimos un nuevo estándar para la minería: participación indígena efectiva, recursos que permanecen en los territorios —en coherencia con el royalty minero— y financiamiento para I+D+i, para desarrollar, también, otras vocaciones productivas.
La Estrategia Nacional del Litio reconfiguró la industria nacional de este mineral, dinamizando el mercado local frente al desafío de duplicar la producción en la próxima década y elevando, al mismo tiempo, los estándares socioambientales de la minería en nuestro país.
La minería es de largo plazo. Aprovechar las oportunidades exige un debate honesto que no desconozca el camino recorrido ni reduzca los avances a slogans.
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