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Fotos: AgenciaUNO
Parisi inicia el divorcio político con la derecha más dura
Con 14 votos bajo el brazo, presiona por espacios de poder y avisa —con Jiles al frente— que sin ellos a Kast le faltarán números para reformas clave. La pelea por la testera de la Cámara dejó al PDG coqueteando con la centroizquierda. Exmilitantes advierten que ese juego les pasó la cuenta una vez.
El Partido de la Gente (PDG) comenzó a delinear una posición que incomoda tanto al futuro oficialismo, liderado por José Antonio Kast, como a la oposición entrante: divorciarse de la derecha sin formar una nueva familia con el resto de las fuerzas contrarias al Ejecutivo que asume el 11 de marzo.
“El PDG llegó para quedarse, está llegando a ocupar el lugar del centro. De verdad, nosotros no creemos que es bueno ser facho ni comunacho en Chile”, dijo esta semana el líder del partido, Franco Parisi, en CNN Chile, donde también quebró de lleno con la derecha dura, al advertir que “si quieren pasar alguna ley de amnistía a violaciones a los derechos humanos, no cuenten con nosotros”.
Hoy, quienes fueron parte de su fallida bancada anterior, le advierten. “Caminar por el angosto camino del centro es muy peligroso. Te pueden atropellar por la izquierda o por la derecha… y el PDG podría quebrarse nuevamente si no maneja bien a sus diputados”, comentó a El Mostrador el diputado —actual radical— Rubén Oyarzo, exmiembro de la bancada del PDG.
Y es que, con 14 diputados que asumirán en marzo, la colectividad de Parisi se instala como actor clave en la disputa por la conducción administrativa de la Cámara y en la viabilidad de mayorías legislativas.
En el PDG lo tienen más que claro. Pamela Jiles, diputada electa y aspirante a presidir la Cámara, dijo en Radio 13C que su partido no estará para acuerdos tibios: “Kast no va a poder hacer nada, en la Cámara al menos, pinchando dos votos. Necesita una serie de reformas que van a requerir quórum más importante y no va a poder hacer nada sin el PDG”. De paso, propuso un nuevo retiro previsional enfocado en damnificados por los incendios, idea apoyada a coro por su nueva bancada y rechazada de inmediato por el futuro ministro de la Secretaría General de la Presidencia (Segpres), José García Ruminot (RN).
Cabe mencionar que el quiebre del PDG con la derecha se gatilló cuando la negociación por la presidencia de la Cámara dejó de ser conversación y pasó a ser pulso. El PDG empujó sin disimulo la carta de Pamela Jiles para encabezar la testera, mientras en la UDI y en sectores republicanos comenzaron a cerrar filas para frenar esa opción.
Desde ahí, las tratativas se enfriaron rápido: en el partido de Parisi acusaron soberbia y portazos y en la derecha replicaron que no estaban dispuestos a entregar la conducción de la Corporación a cambio de votos inciertos. Resultado: el PDG empezó a mirar sin complejos hacia la centroizquierda para un pacto administrativo y a instalar la idea de una oposición “sin gustitos ideológicos”, marcando distancia de Kast justo cuando el oficialismo entrante más necesita sumar apoyos.
¿Bisagra o chantaje?
El diputado Roberto Arroyo, el único exmilitante del PDG que logró la reelección, hoy en el Partido Social Cristiano —colectividad que respaldará al Gobierno de Kast—, lanzó un mensaje directo al partido de Franco Parisi. “Hoy el PDG y Franco Parisi tienen que decidir si van a ser un aporte real a la gobernabilidad o si van a usar la presidencia de la Cámara como una herramienta de presión política permanente”, dijo a El Mostrador.
Arroyo fue más allá y advirtió que “Chile no está para juegos tácticos”, planteando que forzar a las instituciones con maniobras políticas solo debilita la democracia. El tono no fue casual: en la derecha entienden que el PDG puede transformarse en socio ocasional… o en dolor de cabeza crónico, porque mientras algunos sectores del Socialismo Democrático y la DC exploran fórmulas amplias para ordenar la Cámara —incluso conversando con la derecha tradicional—, el PDG juega otro partido: ser imprescindible, sin volverse oficialista.
Franco Parisi ya dio pistas de esa línea. En una serie de entrevistas esta semana marcó distancia de cualquier agenda que considere esos “gustitos ideológicos”, como los beneficios a los violadores de DD.HH., señales dirigidas a su electorado, pero también recordatorios al propio Kast.
El fantasma de los quiebres internos
El diputado José Carlos Meza (Partido Republicano) planteó la incógnita clave a la prensa: si el PDG quiere presidir la Cámara, ¿lo hará apoyándose en la derecha o en la izquierda, incluyendo al Partido Comunista y al Frente Amplio? “Yo me pregunto si diputados como Javier Olivares, abiertamente anticomunistas, van a votar junto al Partido Comunista… esa es la pregunta que tienen que responder”, señaló desde la Cámara.
A través de la prensa, la UDI intentó bajar la tensión. Su timonel, Guillermo Ramírez, afirmó que “con o sin el PDG, el futuro oficialismo será mayoría en la Cámara”. Sin embargo, el PDG replicó con contundencia: “La soberbia nunca ha sido buena consejera. Nuestro primer pacto es con los chilenos… y tenemos varias opciones abiertas”, dijo el presidente del PDG, Rodrigo Vattuone.
Lo cierto es que el divorcio está consumado. “Va a haber tormentas políticas”, sentenció Parisi, advirtiendo que la futura administración enfrentará múltiples crisis: seguridad, SLEP, financiamiento universitario. “Hay mucho fusible que puede estar en cualquier momento latente”.
¿Posibilidad de reconciliación? Según Jiles, sin un entendimiento administrativo con el PDG el gobierno de Kast no tendrá los votos suficientes en la Cámara para asegurar gobernabilidad ni sacar adelante reformas que requieren mayorías amplias.
Y según lo que ha transmitido públicamente y en conversaciones políticas el diputado electo y futuro jefe de bancada del PDG, Juan Marcelo Valenzuela, la futura bancada se concibe como un actor bisagra y pragmático, dispuesto a dialogar con todos los sectores para incidir en la gobernabilidad de la Cámara.
Valenzuela ha remarcado que no se mueven por ejes ideológicos rígidos, sino por acuerdos que —a su juicio— respondan a demandas de la clase media y la ciudadanía, y que ese peso numérico les permite inclinar mayorías tanto hacia la derecha como hacia la centroizquierda en la definición de la mesa y las comisiones.
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